Viernes 30 de Junio de 2023
Tomás Quintín Palma es un joven multifacético de raíces bien rosarinas que emerge con aplomo en la escena porteña. Se define como creador de contenidos que vuelca en la actuación, la radio y las redes sociales.
Una buena descripción de Tomás Quintín Palma en internet dice que estudió cinco carreras y no terminó ninguna y si bien eso no pareciera tener ningún mérito a priori, sintetiza la personalidad de un joven que nunca paró de hacer cosas y cuya inquietud lo llevó a trascender por fuera de las fronteras locales. Hoy, con 34 años, podría decirse que cumplió el objetivo de triunfar en Capital Federal y, sin embargo, lleva sus raíces rosarinas a todas las charlas y espacios de trabajo donde se desempeña.
En charla con Revista Sociedad, Tomás eligió definirse como “creador de contenido”, pero admitió que es solo la combinación de las mejores palabras que encontró para encuadrar una multiplicidad de saberes y experiencias laborales que lo llevaron a incursionar en áreas como la actuación, el humor y el periodismo. “Soy nombrado por una coyuntura”, afirmó entre risas, aunque tras varias horas de diván, junto a su piscólogo arribaron a la palabra “narrador”, con la que se siente más identificado a la hora de hablar de lo que hace.
“Me queda una materia de periodista en el terciario de Rosario, TEA, y creo que es porque me pone nervioso ser una cosa puntual, el título formal, siempre me gustó la confusión, entonces era un poco DJ en boliches, un poco locutor en radios, un poco guionista. Viéndolo desde el lado del capitalismo, soy una víctima más del sistema que hace un montón de changas para sobrevivir y, a la vez, mi propio jefe, lo que implica que estoy 24 horas trabajando”, señaló el rosarino.
En este variado e intenso trayecto recorrido entre Rosario y Buenos Aires, destacan varios hitos en su carrera que hicieron que muchos eligieran nombrarlo como influencer, algo que se evidencia por sus más de 100 mil seguidores en Instagram. Algunos de estos fueron entrevistar a personalidades que van, desde el presidente de la Nación, Alberto Fernández, al actor norteamericano, Jack White. También la realización de su serie en Youtube, “Hasta hacernos Pelota” y la secuela en película “Hasta hacernos Fama”, producciones que concretó junto a su hermano, el actor Nicolás Palma.
Hoy divide el tiempo entre las radios Futurock, El Destape y Urbana Play, graba el podcast “220”, con el periodista Nicolás Gutman, trabaja como creativo para una agencia de publicidad los martes y miércoles y publica un video en Instagram todas las semanas con el objetivo de mantener entretenidos a sus seguidores y alimentar el algoritmo de las redes sociales. Y falta nombrar la obra de teatro “La Violencia de la Ternura”, que lo lleva a viajar mensualmente a una ciudad nueva del país y en la que actúa rindiendo homenaje a su legado familiar.
A la pesca de algo grande
Tomás Quintín Palma nació en una familia de payasos. Su padre, Marcelo Palma y madre, Susana Kreig, acompañaban en el escenario al célebre payaso rosarino Piripincho Rigattuzzo, interpretado por el actor Héctor Ansaldi, que se cansó de llenar funciones para chicos en los ochentas, noventas y principios del 2000. Esto hizo que se criara entre disfraces, pelucas y maquillaje y en un hogar con un ambiente muy descontracturado donde se propiciaba el juego y la risa como modelo pedagógico y como forma de vincularse.
“Ellos tenías un grupo de teatro que se llamaba "Chemiguitos" y eran elenco de Piripincho. Yo tengo fotos y videos de esa época que recuperé y ahora una obra de teatro con mi hermano. Se llama ‘La Violencia de la Ternura’ y la hacemos una vez al mes para ser felices. En junio vamos a Tucumán, en julio a Lomas de Zamora y en agosto a Córdoba”, contó Palma sobre la gran apuesta a los escenarios.
Antes de esto, cuando era un joven adolescente que cursaba el secundario en el Colegio La Salle y volvía a su casa familiar, ubicada en el Pasaje Cajaraville del Barrio Martin en Rosario, la mirada de Tomás estaba puesta en Buenos Aires. La idea de mudarse a la gran ciudad y de hacerse famoso fue algo que lo seducía, aunque tuvo que pasar por ciertas experiencias para definir su perfil profesional, siempre con una firme convicción: “No quería seguir los mismos pasos que mis viejos”, aseguró.
Tuvo un paso fugaz por varias carreras: Comunicación Social, Cine y Periodismo fueron algunas de ellas. No terminó nada, pero se llevó un poco de cada una. “Iba a la facultad de Cine y el 'Nene Molina' me hablaba de mi papá, en Comunicación una docente me hizo un cumplido y luego elogió a mi familia, me pasaba mucho eso de que era ‘el hijo de..’. Recién cuando voy a Buenos Aires empiezo a hacer talleres y nadie me conocía y me sentí más libre, como un pueblerino que se va de sus orígenes”, confía.
Por ese entonces, los viajes a Capital Federal se sucedían mientras grababa junto a Nicolás la serie de Youtube “Hasta hacernos Pelota”, que combinaba las vivencias del mundo del fútbol con un formato y humor absurdo al mejor estilo “Peter Capusotto y sus Videos” o “Sin Codificar”. También rescata momentos de los Palma reunidos alrededor del televisor para mirar su programa favorito en los 90’, “Todo por dos Pesos”, que Capusotto realizaba con el humorista Fabio Alberti. Comenzaron en el 2012 y la producción fue escalando, en parte porque los hermanos decidieron invitar a personas famosas a los episodios, generando repercusión en el mundillo audiovisual rosarino.
“Mi hermano es actor de formación y yo me encontré actuando sin saber nada del tema. Filmábamos sketches con el fútbol y los subíamos a Youtube y era como romántico, escribíamos guiones, íbamos de acá para allá y aprovechando Buenos Aires arrancamos a filmar con algunos famosos y volvía a Rosario y me miraban como que era un capo por estar haciendo lo que hacíamos”, reflexionó Tomás sobre esos años en los que recorría los casi 300 km que separan la dos ciudades semanas a semana.
Con “Hasta hacernos Fama”, llegaría el cierre de un proceso de años de incursión en el mundo audiovisual amateur para dar paso a la consagración como humorista digital, etapa que Palma aprovechó para sacarle jugo a las redes con videos y contenidos de entretenimiento. A su vez le permitió quedar en los radares porteños, siendo convocado para participar de distintas propuestas y medios de comunicación, desde tele, hasta radios, podcast y revistas.
Al alcance de todos
Incluso cuando Tomás no tenía bien definido qué quería hacer, la radio como ámbito ya le resultaba interesante y la veía como un espacio que valía la pena ocupar. Por recomendación de un amigo cayó en la FM Rock & Pop de Rosario, donde buscaban a un periodista deportivo y pese a los nervios de esa primera audición, el músico Coki Debernardi vio algo en él y decidió que quedara para el puesto. Esta fue su primera experiencia formal al frente de un micrófono.
“Ya en el secundario con unos amigos pagábamos veinte pesos para hacer un programa en Radio Zeta y yo escuchaba a Bilardo, a Dolina a Guillermo Nimo, hablábamos de fútbol haciendo chistes, decíamos boludeces y ese estilo me quedó. Entonces después iba a la Rock & Pop rosarina pensando en la radio de Buenos Aires y soñando con trabajar ahí y eran periodistas deportivos, serios y yo llevaba chistes, poesía, me permitía jugar como siempre se jugó en mi casa”, señaló el humorista.
Esta experiencia, como bien admitió, lo llevó a “agrandarse” entre sus compañeros del colegio, aunque fue el puntapié para aprender un popurrí de cosas ligadas a la labor periodística. Sin pensarlo mucho, se encontraba editando, operando y escribiendo para el programa y, de algún modo, llegó a la carrera con conocimientos que no provenían de instituciones oficiales, sino de ejercer el oficio en el día a día. “De a poco, las personas que escuchaba, el estudio de Mario Pergolini que me imaginaba, empiezan a hacerse realidad, a compartir con las personas que admiraba, quedándome más Buenos Aires y rompiendo la relación laboral con Rosario”, sostuvo.
Con el correr de los años, tuvo la oportunidad de mezclar algo de su constante curiosidad y verborragia, con su inquietud por moverse en todos lados y el humor que le contagiaron desde chico. Este último aspecto no fue tema sencillo de digerir para el rosarino que de pibe soñaba con tener una “familia común”, padres de profesiones tradicionales y un ambiente más tranquilo. Por suerte para él, ese espacio lúdico que fue durante años su hogar le dio la vitalidad y las ganas de emprender en lugares nuevos y lo hacen recordar su infancia como una etapa llena de alegrías.
“Una vez en su juventud mi viejo vino a hacer una obra en San Telmo y había más gente en el escenario que viéndolo y lo justificó diciendo que era porque Charly García tocaba en Ferro y me gusta mucho recordar ese episodio. La obra ‘La Violencia de la Ternura’ con mi hermano vestido de clown con la ropa que usaba él, es la forma de transmitirle artísticamente algo referido a esa vez que no lo fue a ver nadie, como sanar ese dolor que tuvo. También me permitió a mí hablar de lo que me lastimó y decirles a mis padres cosas que no podría habérselas dicho nunca tomando un café. Es eso”, aseguró Tomás.