Jueves 06 de Julio de 2023
"Mi papá era un árbol, que a veces había perdido sus hojas en algún temporal cuando yo esperaba descansar bajo su sombra, pero otras, que lo suponía seco, me sorprendía con flores que anticipaban la primavera”. Esto escribió y compartió en sus redes María Marull para el Día del Padre.
En ese texto en homenaje a Roque hay mucho de la historia y del presente de la actriz, dramaturga y directora de teatro multipremiada que de una manera u otra está siempre volviendo: a su niñez, a los días de paz y de risas, a los momentos difíciles, a los rincones de su memoria, a esos lugares íntimos y profundos. Quizá para reencontrarse, para saber algo más, para descansar, y sobre todo, para hacerse preguntas aunque no tengan respuestas.
María es rosarina. Nació en el Sanatorio Parque, en el centro de la ciudad, un 2 de abril de 1974. Algo particular ya ocurrió por entonces, porque no llegó al mundo sola. Paula, su hermana gemela, es su compañera, su refugio y su auxilio desde los comienzos. Parte fundamental de su universo.
Las mellizas Marull. Así se las conocía en esta ciudad cuando eran adolescentes y brillaban en las pasarelas como modelos. Así las reconocen muchos todavía, porque han transitado caminos muy parecidos en lo vocacional y en lo profesional. Porque siguen actuando juntas, escribiendo y dirigiendo a la par, en un montón de ocasiones.
Tan intensa es la unión que en más de un oportunidad, cuando está contando algo personal, María habla en plural y ni siquiera se da cuenta. “Siento que, genuinamente, nos gusta hacer cosas juntas”, dice, para explicar que el modo de transitar experiencias a la par es más una necesidad, casi visceral, que el producto de una imposición por ser gemelas.
Con dos obras propias en escena, este 2023 tiene a María Marull con la agenda al rojo vivo. Actuar, dirigir, ocuparse de los detalles de "La Pilarcita" y "Lo que el río hace" (que acaba de recibir 7 nominaciones a los premios María Guerrero) la obligan a ordenar su día a día para tener el tiempo necesario para dedicarle a sus dos hijas, a su pareja, a su casa, a lo social. Planificar para, además, seguir estudiando y aprendiendo, algo que disfruta plenamente.
“La verdad es que nunca fui muy organizada pero desde que soy mamá tuve que hacerlo. Tengo un montón de actividades personales, y por supuesto con mis hijas. Ellas están en la etapa en la que tengo que llevarlas y traerlas, acompañarlas en todo lo que hacen, que es muchísimo. Armar mi agenda requiere esfuerzo y energía porque si no, no me quedan espacios para poder trabajar”, admite.
-Sos una persona que se dedica en lo laboral a procesos creativos que a veces son más caóticos o que necesitan introspección ¿cómo equilibrás tantas cosas?
-Ante todo, me gusta mucho lo que hago y lo disfruto, siento que es un privilegio. Para lo creativo también se necesita organización, porque una tiene plazos, fechas con las que cumplir. Aunque la escritura tiene mucho de exploración, de habitar el pensamiento libremente, hay una estructura con la que tenés que amigarte para que salga bien. El hecho de tener hijas en verdad logró que aprovechara mejor el tiempo. Ellas me conectaron con un nuevo ritmo, porque son las que marcan ese ritmo, y yo valoro más o administro mejor lo que me queda para dedicarme a mi trabajo, en todas sus facetas.
-¿Cómo te llevás con la demanda de las nuevas tecnologías, con los mensajitos, la hiperconectividad?
-Siento que el tiempo se va dinamitando cada vez más. Eso de recibir mensajes y mensajes puede ser asfixiante. Y me genera algo de malestar. De repente, sentís que no das más, hay algo de hostigamiento y una termina haciendo malabares para responder a todo porque no alcanza el tiempo.
-El tiempo -el que pasó, el que se transita- es bastante central en tus obras...
-Sí, es cierto. Sin dudas, cuando escribo es sobre temas que me generan preguntas, aunque no logre responderme esas cuestiones. El tiempo me está atravesando... y si me pongo a pensar, ya antes de la pandemia, cuando escribimos con Paula "Lo que el río hace" estaba esto dando vueltas. Quizá por eso volvimos al ritmo del pueblo (la obra que se puede ver en el Teatro Astros, en Buenos Aires, transcurre en Esquina, Corrientes). Pero cuando hablo de volver no es al tiempo del reloj sino al mental, al del alma, ese que te permite conectar con vos misma. En mi caso, el teatro me provoca eso. Volver a lugares que no están más, a esos mundos imaginarios pero también al pasado real.
-Naciste y viviste en Rosario hasta que terminaste la secundaria... pero Esquina, donde estaba tu papá, fue un lugar fundamental en tu vida por lo que te he escuchado y por lo que se ve en "Lo que el río hace".
-Sí, nosotras nacimos en Rosario y vivimos casi siempre en el centro. Mi papá por un tiempo estuvo en Fisherton y luego se fue a vivir a Corrientes (los padres de María se separaron cuando eran pequeñas). Hicimos la primaria en el Integral y la secundaria en el Politécnico, donde la pasamos muy bien, aunque las materias no tenían ese costado humanístico que nos gustaba más. Y volviendo a Esquina, nuestros veranos, vacaciones, muchos fines de semana fueron allí, en ese lugar al que yo le sigo llamando pueblo aunque es una ciudad, pero tiene ese ritmo pueblerino.
-En Rosario eran modelos y luego empezaron a recorrer un camino bastante diferente, ¿cómo ocurrió?
-Terminamos el Politécnico y nos fuimos a Buenos Aires a estudiar Diseño Industrial pero no, no era lo nuestro (se ríe). De más chicas trabajamos varios años como modelos, ¡me acuerdo de los desfiles de Melocotón! Incluso acá (en Buenos Aires), cuando vinimos, trabajamos como modelos pero no teníamos claro que queríamos ser actrices. Al poco tiempo de estar en Diseño yo me pasé a Letras y comencé a estudiar actuación. Ahí sentí que ese era mi lugar, que no quería dejar de hacer eso. Y luego vino el estudiar Dirección y también Dramaturgia. Cuando leía esas obras, cuando ensayaba, cuando me relacionaba con gente con intereses tan parecidos a los míos me fascinó.
-Puede resultar curioso, aún siendo gemelas, que hayan hecho caminos tan similares en lo profesional.
-Sí, pero para nosotras es natural hacer cosas parecidas. Hay un acompañamiento que está desde siempre y fuimos descubriendo juntas los gustos. Siento, genuinamente, que nos gustan esas mismas cosas y hacer muchas de esas cosas juntas. De chicas escribíamos un diario, después otro, y otro, y terminaron siendo obras de teatro. Quizá haya algún misterio ahí que tiene que ver con ser gemelas, no lo sé. La mayoría de las personas nace de a una (reflexiona...) Nosotras somos súper unidas, compañeras. Nos miramos y nos entendemos incluso sin palabras.
-¿Había en la familia quienes se dedicaban al teatro, a la actuación?
-Nuestro papá trabajó como productor de cine. Nuestra abuela era una de las dueñas de La Comedia. Pero admito que yo me sentí actriz, o que encontré esa vocación, cuando comencé con las clases de teatro. No recuerdo exactamente cuál fue el primer papel que hice, porque fui actriz antes de eso. Sin embargo, hay un recuerdo en el que pienso ahora: "Vuelve", la primera obra que escribió Paula y en la que actué. Fue fuerte, y una grata sorpresa que nuestro universo llegara a la gente, al público.
-El hecho de "volver" está muy presente en vos, en tu relato, en tu trabajo...
-Puede que tenga una personalidad algo melancólica, pero desde esa necesidad de volver a una. No como algo triste ni trágico. Creo que estamos siempre volviendo a la infancia, a las cosas que pensábamos antes y cómo se relacionaron con lo que vino después. La infancia es ese territorio de los recuerdos que quedan impregnados para siempre y está vivo en muchas de nuestras obras.