Eugenia Craviotto Carafa: la mujer que hechiza con su voz
Es la cantante de Mamita Peyote, una banda rosarina que trasciende las fronteras del país. Están grabando su tercer disco. Cómo logró imponer su estilo en el competitivo mundo de la música.

Martes 09 de Mayo de 2023

"Déjalo fluir, que pase lo que tenga que venir...no intentes resistir", canta Eugenia Craviotto Carafa, la voz de Mamita Peyote, la banda rosarina que tiene más de 12 años de vida y una enorme proyección internacional que ya dio sus primeros y jugosos frutos.

Y en esa frase de la canción, que forma parte de Runfla Calavera, el segundo disco, hay mucho de Eugenia, de su carrera, sus elecciones, de su forma de ver la vida.

Es que Eugenia además es compositora, y en esas letras está su sentir, todo lo que leyó, lo que escuchó, lo que calló tal vez, lo que quedó en su alma desde que era la niña que vivía en Firmat y sabía que un día iba a dejar la ciudad chica para asomarse, y recorrer el mundo.

En plena producción de su tercer disco (que aún no tiene nombre, aunque ya tienen tres en carpeta), Eugenia repasa parte de su historia personal y como música. Se mete en esos laberintos del recuerdo de los que sale casi siempre con una sonrisa enorme y, a veces, con los ojos húmedos.

Pero nada de nostalgias demoledoras ni rastros de tristeza, Eugenia es, ante todo, una persona alegre, y así vibra, en cada escenario, en esta charla, con sus perros, mientras se maquilla para las fotos.

Se apura por contar sobre el último trabajo de Mamita Peyote. Con ansiedad de la buena, Eugenia habla de esta nueva obra: "El tercer disco está producido por Los Auténticos Decadentes. Están Mariano Franceschelli que es el baterista y Martín Mosca Lorenzo, el percusionista. Ellos tienen su sello, y nos invitaron. Los conocimos en Chicago, cuando estábamos tocando en el Ruido Fest, un festival de música alternativa súper importante, y se coparon, nos invitaron a laburar y dijimos ¡por supuesto que sí!".

Los discos anteriores son Mamita Peyote (homónimo a la banda) y Runfla Calavera.

Rocksteady, Swing, Funk, Rumba, Ska Jazz, Reggae, son algunos de los géneros que explora la banda rosarina que fue nominada dos veces a los premios Gardel y tiene una larga lista de reconocimientos nacionales y en el exterior.

"El disco nuevo está bastante cocinadito, lo vamos a estar largando en un esquema de presentaciones por trimestre", y de inmediato aclara: "Nos ponemos como metas o ideas pero la verdad es que somos flexibles, por ahí aparecen otras cosas, viajes, y están las colaboraciones, porque por ejemplo, estamos por presentar un tema con Los Cali pero ellos están lanzando su disco, y bueno, nos acomodamos, que se yo...aguantamos la mecha".

A fin de año, de todos modos, será la gran presentación.

Amor, amor

Mamita Peyote la tiene a Eugenia como frontwoman y a Charly Bertolin, en guitarra. Párrafo enorme aparte para Charly que es su pareja desde hace 16 años.

"Si está nota fuera para una revista del corazón te preguntaría la fórmula de la continuidad", dice esta cronista, un poco en broma, un poco en serio: "¡Jaja! No guardarse nada, putearse lo que haga falta y mucha paciencia...ponele".

México

La banda rosarina pisa fuerte en México, y Eugenia reconoce que esa conexión (que fue inmediata cuando bajó por primera vez del avión y conoció esas tierras) estaba escrita.

Aterrizaron un día de octubre, mes en el que ella cumple años. En un tiempo de celebraciones muy importantes para los mexicanos. "Para mí fue un enamoramiento anunciado, de hecho así le puse de título a una crónica, en una materia de la facu (estudia Licenciatura en Gestión Cultural, el último año).

Porque todos los que nos escuchaban nos decían: ¡ustedes tienen que ir a México!".

"Toda la cuestión cultural es hermosa, a mí que me encanta indagar. ¡Y el primer show! ya pasó algo especial. Musicalmente íbamos súper ilusionados por esto de que parecía que les iba a gustar sí o sí pero te agarra un poco de ¿y si no? Pero pasó lo que tenía que venir, lo que tenía que pasar".

Tuvieron una aceptación enorme, se sumaron miles de fans en pocos días. Ya desde la primera presentación, cuando bajaron del escenario les pedían fotos, videitos. El hilo conductor (¿el hilo rojo?) iba por ahí.

De hecho, cuando recuerda sus primeras canciones se sorprende un poco por esas "sincronicidades locas del universo": hace poco, en la casa de sus padres, en una sobremesa, se pusieron a buscar viejos casettes. "Habré tenido 4 años, mi mamá grababa audios de todo, y se escucha que yo digo: dejame cantar mi canción, dejame cantar mi canción, ¿y sabés cuál era? Una de Pandora, una banda mexicana y yo dale que va (canta) Cómo te va mi amoooor, cómo te va mi amooor".

Desde siempre

Eugenia Craviotto Carafa dice que canta desde que se acuerda, que fue a coro, que su abuelo tocaba el acordeón (el que está tratando de rastrear y recuperar porque fue vendido). Lucía, su abuela materna, cantaba muy bonito. Ella ocupa un lugar central en la vida de Eugenia, que tiene un tatuaje hermoso y enorme con su nombre rodeado de flores de lino que su "abu" adoraba, y que solía recorrer con sus hermanos para ver salir las mariposas.

En Firmat, desde chica, se anotaba en cuanto curso había de percusión, de canto, de guitarra. Y en forma paralela hacía teatro con directores rosarinos que viajaban a menudo a la localidad.

Registros del cuerpo, sonidos, melodías, esa forma de alegría (envuelta en los estudios) que se gestó temprano, y sigue vital en esta bella mujer.

Lazos

Llegó a Rosario en 1989. Cuando se instaló acá sintió que en estos pagos había mucho por hacer y explorar. "Arrancó lo de la música a pleno. Había un bar cerca de casa donde se armaba una movida de jazz y empecé a ir seguido. Escuchaba cantar a otros y me moría de ganas de subir al escenario".

La herencia relacionada con el compromiso social y la comunicación estuvo siempre presente. Su madre, Silvia Carafa, es una periodista que "ya era un bicho raro en Firmat, en el sentido de que ella marcaba cierta vanguardia en lo que hacía profesionalmente, tenía un programa de radio donde pasaba ópera y también ponía Los Redondos, en fin, en su recorrido, en su mirada política y hasta en su postura de vegetariana. Ella se corría del promedio. Mi mamá, en Firmat, fue la primera que hizo un semanario a color cuando todo era blanco y negro".

Y mi papá "un tipo con mucha apertura y una cabeza enorme...de dejar hacer, de impulsar, yo veía como se comportaban otros padres, y no digo que los míos eran mejores pero sí que eran distintos".

"Capté mucho de eso", asegura Eugenia.

La cantante es además una militante de la música como oportunidad laboral, como profesión. Incluso, comparte las herramientas que fue cosechando en estos años en charlas que da en las cárceles, a veces con Charly o con la organización Canción Urgente, como tallerista.

Poner en palabras

Ya en Rosario decidió armar una banda. Estaba convencida. Empezó a rodearse de gente talentosa y arrancaron con los covers (eran de los pocos grupos que por entonces laburaban en eventos).

Allá por 2011 se formó Mamita Peyote. "Ya estaba en otra banda de covers, María y sus Zapatos, que era específicamente de rock stay, ska, y reggae. Me fui acercando, pero no escribía mis temas aún".

En esos tiempos conoció a Carlos, su compañero, "con el que nos fuimos a vivir juntos el primer año y hace 16 que estamos".

"Lo fui a escuchar, con su banda de entonces, y dije: ¡Pero que bueno que está el guitarrista, y acá estamos". Música y amor.

Las reuniones con nuevos amigos de ese palo le permitieron pensar en su nuevo proyecto y ahí surge Mamita Peyote, que tuvo distintas formaciones.

Fue entonces cuando Eugenia, dio ese paso que tenía bien guardado y salió, de la mejor manera: escribir sus canciones, esas que hoy se cantan con fuerza en los recitales, las que se ponen a todo volumen en una casa, o en reuniones y que provocan, de manera inevitable, cantar y bailar.

En julio seguramente tocarán en Rosario y en esos meses cercanos se vienen Buenos Aires, Mar del Plata. Están en vista presentaciones por Europa, además de volver a México en octubre en una gira larga.

Un 2023 movido, intenso y feliz. Bien Peyotero.