Miércoles 28 de Junio de 2023
¿Les pasa que mientras están trabajando, estudiando o cuando apenas se levantan chequean una notificación de Instagram y quedan ahí enganchados durante 10 minutos o más sin habérselo propuesto? Seguro que no se quedan viendo algo fundamental que vaya a cambiar el rumbo de sus vidas, pero la tentación es tan fuerte que es prácticamente imposible no prestarle atención.
Si la economía es el estudio de cómo la sociedad utiliza los recursos escasos, podemos pensar que la atención es un recurso escaso, ya que está enmarcado en el tiempo que pasemos despiertos cada día. A esto se lo conoce como “economía de la atención”. La expresión “economía de la atención” se puso en circulación por el psicólogo, economista y premio Nobel Herbert Simon en 1971. Simon vio la atención como el ¨cuello de botella del pensamiento humano¨ y que ¨la riqueza de información crea una pobreza de atención¨. En la actualidad todas las empresas de tecnología compiten por nuestra atención. Cuanto mayor sea el tiempo que permanezcamos en sus plataformas, mayor será la probabilidad de que consumamos los productos y servicios que están publicitando. Para ellos atención es igual a ganar dinero. Esta es la razón por la que la mayoría de las apps tienen la dinámica del “scroll” eterno, en el que podemos seguir viendo fotos y contenidos sin fin.
Un diseño adictivo
Por ejemplo, las redes sociales, debido a su diseño perfectamente pensado, buscan dejarnos enganchados ofreciéndonos gratificaciones instantáneas. La estrategia está muy estudiada y se explota muy bien. Hay un sinnúmero de estudios que atienden al color, forma y formato de las apps y que generan en el cerebro del usuario el deseo de consumir más y más información para que se produzca más dopamina. Un “like” genera dopamina. La foto de un lugar al que querés ir de vacaciones genera dopamina. La foto de la persona que te gusta genera dopamina. Sean Parker, cofundador de Facebook, declaró sin tapujos que la manera en la que se construyeron algunas aplicaciones estuvo basada en fundamentos psicológicos para que los consumidores se vuelvan ¨adictos a la información¨. Y lo han logrado: en promedio desbloqueamos el celular más de 200 veces al día, es decir, más o menos cada 4,3 minutos.
El tema a reflexionar es que la mayoría de las personas están consumiendo información de forma desenfocada, generando altos niveles de improductividad. Si nuestra atención es valiosa (literalmente) propongo entonces que tenga sentido a quién o qué se la damos, ya que las empresas van a competir por ella. Luchemos para que la información que permitimos ingresar a nuestro cerebro sea significativa. Pero atención: esto último es posible, solo en la medida en que nos convirtamos en usuarios conscientes al decidir dónde, cuándo, para qué, por qué y a quién le damos nuestro tiempo. No hay nada más valioso.