Chiqui González: "Me vengué de mi infancia"
La Chiqui habla sobre sus miedos de la niñez, lo que son las infancias, su posibilidad de llevar el arte al Estado, la historia de las mujeres del siglo XX y del vínculo entre los chicos y consumo y las pantallas

Jueves 14 de Julio de 2022

Lo juró desde pequeña y lo logró. María de los Ángeles González, ahorrándole todo trabajo al periodista, declara: “Empiezo con un titular: Yo juré que me iba a vengar de mi infancia. Y durante toda mi vida todo lo que he hecho, teatro, clases en la universidad, talleres, conferencias, lo público, ha tenido que ver con los niños y los jóvenes. Porque para mí son el centro de mi vida, porque sé que la cultura la transforman los que tienen entre cero y 25 años”. Quienes la conocen a Chiqui González saben que es extraordinaria en el sentido literal de la palabra. Una artista que se sale de la norma, de lo ordinario y relata su vida con un realismo mágico que transporta a cualquier oyente a imaginar sus historias cinematográficamente. Siempre poética, cada pregunta la responde hilando con detenimiento las palabras, adjetivos, buscando la mejor estética de cada frase.

¿Por qué juró venganza? La Chiqui nació en barrio Saladillo, en una comunidad que la contenía, con sus idas al arroyo junto a su hermana Marilina, con los carnavales populares, con madres que hacían cientos de pastelitos o bizcochuelos de vainilla para todos los niños del barrio, pero fue una niña atravesada por los miedos. Los miedos de la niñez, profundos y no tan fáciles de ponerles a esa edad, palabras. Su padre la contenía en las noches de llanto tras las pesadillas repetidas de unas temibles gallinas rojas, la llevaba al patio de tierra a jugar con las estrellas mientras su madre le curaba la tos convulsa. Esa parte de la niñez la recuerda con nitidez y quizás fue el inicio de su gran obra, con esta venganza les permitió a muchos niños y niñas de Rosario, y luego de la provincia de Santa Fe, a ser contenidos en espacios creativos pensados para toda niñez.

“Toda mi vida creí que el juego era la sanación, de la tos convulsa, del miedo, de la angustia y no un juego tonto, un juego fuerte que involucrara a la subjetividad, que debía ser filosófico, hablara del amor, de la vida y que involucrara a la poesía que yo amaba, tan es así que a los diez años me leí todo Shakespeare en lenguaje antiguo” define acerca de los juegos que luego inventó y recuerda “en mi infancia en Saladillo yo era parte de un grupo donde los vecinos te cuidaban, iban los más grandes llevándote al arroyo de la mano, hacíamos bibliotecas populares en cajones de manzana que llevábamos casa por casa. Aprendí que la infancia eran juegos colaborativos y participativos en el territorio. Eso lo aprendí claramente, que si el barrio es bueno te contiene”.

Las mujeres del siglo XX

Para comprender los miedos de los que habla Chiqui habría que irnos a la historia de muchas mujeres del siglo XX, niñas que fueron casadas con hombres a los 12 años, niñas hablando y viviendo la muerte cercana a muy temprana edad, jóvenes con madres muy duras capaces de decir “yo no te quiero”. Entonces, cuando habla de las infancias, sabe que ese territorio no es sólo el de la belleza, sino que hay horrores que a tan temprana edad se escuchan, se presumen.

Algunos miedos de la infancia quizás han cambiado hoy y más con el contexto que se ha vivido desde el 2020 hasta hoy. En este sentido, Chiqui piensa que los niños están invisibilizados completamente y se pregunta: “En este último tiempo ¿cuándo le preguntaste a un niño qué opinaba de la pandemia, cuándo le dijiste a ellos lo que estaba sucediendo, cuándo lo dejaste hablar de sus miedos y cuándo le curaste el miedo de que se murieran sus abuelos?”.

El arte, siempre arte

La obra de Chiqui González se reconoce, tiene su sello. En las marquesinas que cuelgan de la Isla de los Inventos, o en cualquiera de los dispositivos que armó junto a sus equipos creativos, se encuentra su pluma poética, ya que desde pequeña siempre estuvo ligada a la invención, al arte. “Empecé como artista, soy profesora de teatro, directora, actriz, fui dramaturga de muchas obras, tuve escuelas de teatro propias, hice guiones televisivos, enseñé 26 años cine en la UBA. Ahí estaba metida adentro mismo del arte de las imágenes, de cómo representar el mundo, como desplazarlo a la sociedad, a la enseñanza, a la política y a las realizaciones. Y luego llevé el arte al Estado”, relata sin enumerar que además es abogada especializada en Derecho de Familia.

En lo público, si bien venía del peronismo de izquierda, fue convocada por el socialista Hermes Binner en la época de su intendencia. Estuvo primero a cargo del CEC, luego fue secretaria de Cultura de Rosario, más tarde y por muchos años, fue ministra de Innovación y Cultura de Santa Fe, desde 2007 a 2019.Sus obras fundamentales sonel Tríptico de la Infancia en Rosario y el Tríptico de la Imaginación en la capital santafesina. Quien los haya recorrido habrá tenido la oportunidad de sumergirse en un mundo que no es sólo para la niñez. “Las políticas de infancia son energías colectivas que están en la sociedad, y no lo que se le ocurre a los gobiernos. No hay una cultura para chicos, déjenme de payasitos y funciones para niños, sino que es con los niños y para el adulto. Sino ¿a quién le haces la muestra sobre la felicidad? ¿A un niño de tres años queno entiende eso? El tríptico tiene el éxito que tiene porque está hecho con el absurdo de los niños, con el tiempo presente de los niños, con el pensamiento poético de los niños, nos hemos roto el alma para convertirlo en dispositivo, el niño se siente en su propio mundo creativo, no tiene porqué entender los conceptos. Y el adulto se queda pasmado ante todo eso”.

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Escoceses que entendieron todo

Era el año 2015 y la Chiqui fue convocada a una reunión en Buenos Aires. Venían expertos de la Universidad de Aberdeen, Escocia, que estaban haciendo en ese país nórdico una revolución educativa. Explica un dato curioso, que los escoceses tienen por encima del Ministerio de Educación y Cultura, el Ministerio de la Creatividad. En esos días, los funcionarios de la ciudad autónoma los llevaron a conocer espacios culturales de Buenos Aires, pero en un momento alguien les dijo que lo que buscaban no estaba en esa ciudad, sino en otra. Y viajaron a Rosario.

“Estaban buscando el cruce perfecto de la creatividad en el Estado entre educación y cultura”, dice Chiqui y lo encontraron en el Tríptico de la Infancia. Un tiempo después de esa visita, le llegó una carta invitándola a un formal acto medieval para ser declarada Doctor Honoris Causa. “Es la segunda universidad más antigua de Europa, del 1.400. Maravillosa, con togas, pelucas, la biblioteca más revolucionaria, la forma de dar clases más apasionante y a la vez con la forma más antigua. Me tocan con el sombrero auténtico del Rey Arturo, el de las cruzadas, y me dice el rector que han dado 160 Honoris Causa en 600 años, muy pocos. Que se lo han dado a gente extraordinaria y que debo dar mi saber al mundo y a las sociedades, no privatizar el conocimiento”, momento inolvidable para ella. La homenajearon por su aporte a los derechos humanos y por la creatividad en el Estado, la unión entre educación y cultura. “Ellos entendieron lo que no entendió nadie, que la Isla de los Inventos era educación también”, agrega.

La infancia, el consumo, las pantallas

Aprovechando esa mirada diferente de la entrevistada, bueno es conocer su opinión sobre el consumo en la infancia, con niños y niñas en una demanda insistente por nuevos juguetes. Para ella la clave es lograr que el niño realmente juegue y cree con ese nuevo objeto y que incluso no sea completo: “Lo que se compra, se compra fugazmente, y se tira para comprar otro. Es el acto de comprar el que engancha, no el de jugar. Es que el juguete viene sin darle lugar al niño para hacer nada, viene terminado, por lo tanto esto implica una tarea extra, fundamental de los padres, en crear una alternativa en los sistemas de consumo. Se le puede decir, te voy a comprar esto pero además lapiceras de todos los colores, papeles de todos loscolores para creary hacer de cualquier cosa un juego, pero el adulto debe comprometerse a mirarlo”.

Y por último, otro de los debates actuales es el gran consumo de entretenimiento con pantallas. Chiqui reflexiona que, por ejemplo, en los dispositivos que crearon no “no pusimos computadoras, podría haber, pero no hay y nunca hubo problema con eso, porque hay lugares muy interesantes para investigar”. Por lo tanto la aventura del adulto será poder construirlesa sus niños en la propia cotidianeidad pequeños espacios de investigación, de creación, de invención.