Estrictamente social

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Nuestra salud depende del intestino y de las bacterias beneficiosas que lo habiten, como son los probióticos.

Jueves 08 de Octubre de 2020

Nuestra salud depende del intestino y de las bacterias beneficiosas que lo habiten, como son los probióticos. Pueden incorporarse a través de alimentos fermentados como el yogurt o el kéfir.

Por Magdalena Garbarini. Cocinera. Licenciada en Tecnología de Alimentos. Creadora de Gastrosofía.

Quizás escuchaste esta frase antes. Se le atribuye a Hipócrates, un médico griego del siglo V a.C.

Lo único que suele preocuparnos cuando vamos a consumir un alimento es “¿esto engorda?” Si nos hace bien o nos hace mal, pasa a un olvidado décimo plano. Así, por ejemplo, dejamos de consumir frutos secos porque “engordan” y nos llenamos la panza de gaseosas “light” con endulzantes químicos dudosos porque tienen “cero calorías”.

Por suerte, cada vez más vuelve a escucharse sobre esa relación estrecha entre lo que comemos y lo que nos enferma. La buena noticia es que nuestra alimentación no sólo puede enfermarnos, sino que también puede sanarnos. Y gran parte de esa sanación se le atribuye al intestino.

Si contamos todas las células que componen al cuerpo humano, un 90% son células de bacterias. O sea, somos 90% bacterias, 10% de células humanas. Y aquellas bacterias que se acumulan en el intestino son lo que llamamos ‘microbiota’ y juntas pesan más de 1 kg.

Así, nuestro intestino puede estar poblado de bacterias beneficiosas para el organismo o también puede estar poblado de otras bacterias no tan buenas. En gran parte depende de qué le demos de comer, o sea, de qué comamos nosotros.

Algunas bacterias están felices con dietas altas en azúcares y grasas y justamente son aquellas asociadas a respuestas inflamatorias, hipertensión, resistencia a la insulina, ansiedad, depresión y a enfermedades como el Parkinson y el Alzheimer. Sí, aparentemente las bacterias no están ahí sólo para comer lo que nosotros no digerimos.

Nuestra salud depende de la salud de nuestro intestino, y éste de la cantidad y variedad de bacterias que tenga. Estas bacterias beneficiosas para el intestino se llaman probióticos y es posible ingerirlas a través de alimentos fermentados que las contengan en forma activa, o sea, vivas.

La forma más conocida es el yogur, pero no siempre los que encontramos en el supermercado tienen aún las bacterias vivas y muchos de ellos vienen llenos de azúcar. Otras alternativas son la kombucha, el chucrut, el kimchi, los yogures caseros y el miso. Por suerte, hay cada vez más emprendimientos en Rosario que los ofrecen ya hechos y, sino, para hacer en casa, yo siempre recomiendo el kéfir de agua que es muy fácil y económico para hacer y consumir a diario.

¿Qué es el kéfir y cómo se prepara?

El kéfir de agua (porque también hay kéfir de leche) es una bebida probiótica hecha a partir de nódulos de kéfir. Los “nódulos” o “granos” consisten en una mezcla compleja de bacterias lácticas y levaduras conviviendo en simbiosis. Es fácil de hacer, rica y tiene una gran cantidad de probióticos.

Ingredientes

- 3 cucharadas de azúcar mascabo, blanca o rubia

- 3 cucharadas de nódulos de kéfir (se consiguen deshidratados en dietéticas o se regalan)

- 1 litro de agua declorada (puede ser agua filtrada, agua mineral ó agua hervida y después dejada enfriar a temperatura ambiente)

- 1 frasco de vidrio de al menos 1 litro de capacidad

Paso a paso:

1. Mezclar en el frasco el azúcar, los nódulos y el agua. Revolver bien y tapara con una tela o papel de cocina (tiene que poder entrar aire).

2. Dejalo reposar a temperatura ambiente (entre 20-30°C) por 48 hs.

3. Pasado ese tiempo, filtrar el kéfir de agua a través de un colador de plástico, tela o acero inoxidable.

4. Guardar el agua de kéfir obtenida en una botella de vidrio en la heladera por hasta 2 a 3 semanas. Se puede saborizar con hierbas frescas, especias, cítricos, etc.

5. Empezar tomando medio vaso de kéfir por día y, gradualmente, ir aumentando la cantidad.

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