Lunes 19 de Diciembre de 2022
El de Qatar 2022 fue un Mundial a toda velocidad, no solo porque alguien podía ver cada día los cuatro partidos de la fase de grupos por la cercanía de los estadios, sino por su fútbol cada vez más veloz y con menos posesión, la caída del famoso “tiki tiki”.
Como dijo Jorge Valdano: “España murió de mil pases” y lo muestran los porcentajes de posesión de los de Luis Enrique, 77%, Inglaterra 63% y Portugal 60%, los más altos, y los semifinalistas: Argentina 57%, Francia 52%, Croacia 54% y Marruecos 38%. Hasta llegar al penúltimo en tenencia Japón, que con una media de 35% venció a los campeones Alemania y España.
Además, pese a la cantidad de tantos anulados por el VAR, la de Qatar fue la Copa del Mundo con más goles desde que se juegan 64 partidos: 172 tantos, uno más que los anotados en Francia 1998 y Brasil 2014.
También fue un mundial sin defensores determinantes, no porque no los haya habido y de calidad como Otamendi, los zagueros marroquíes o la línea de tres neerlandesa, pero en perspectiva no fueron los caudillos o líderes saliendo de atrás, con gambetas o enganches, ni siendo goleadores con cabezazos, remates con balón parado o en movimiento como los Beckenbauer, Perfumo, Baresi, Maldini, Krol, Pasarella, Koeman, Chumpitaz o Elías Figueroa.
La excepción y la promesa, el croata Josko Gvardiol, el enmascarado de 20 años que bailó con el mejor del mundo pero tuvo un gran Mundial defendiendo y jugando, coronado con un golazo de palomita ante Marruecos para subir al podio.