Miércoles 23 de Noviembre de 2022
La calle 1º de Mayo corre al revés de la carrera de Messi: nace en el Monumento y termina en el barrio La Bajada, 46 cuadras al sur, donde remata en los pasajes La Bajada -el nombre del barrio- y Lavalleja, donde está la casa paterna de Leo. En esas callecitas sin tiempo, que serpentean y juegan a las escondidas con la ciudad del río marrón, nació hace 35 años el mejor jugador del mundo, el capitán del equipo que pasó ayer, como por arte de fútbol, del paraíso al infierno en apenas un par de remates árabes de otro partido.
Leo había pateado la primera al arco al minuto, cuando el arquero la sacó hacia el costado, y desatado el primer “uhhh...” de la patria futbolera. El partido en la lejana Doha siguió con el penalito que el árbitro esloveno y el VAR le cobraron al defensor que abrazó a Leandro Paredes en el área, quien cayó como los viejos personajes de Titanes en el Ring, cuando el relator gritaba “Lo tiene trabado...”.
Apenas habían jugado un puñado de minutos cuando el 10 se paró frente a ese penal que tenía el peso del que había fallado contra Islandia, cuando se lo atajó el arquero en el debut del Mundial de Rusia, más la responsabilidad propia de este partido inaugural, pese a lo cual corrió hasta la pelota, esperó que el golero se tirara y la tocó al otro palo, en el comienzo de un primer tiempo de fiesta.
Esta vez los rivales no golpearon a Messi como otros, pero en cambio cometieron sistemáticas faltas por planchas dignas de amonestación al resto de la selección, que el juez esloveno omitió aplicar, como hacen los numerosos jueces que protegen la violencia y castigan doblemente a los habilidosos.
Los defensores tiraban la posición adelantada en cada ataque y Messi participó en uno de los tres goles anulados. El 10 también participó en el comienzo de la jugada que desencadenaría la impensada tormenta del desierto, que se desató en apenas cinco minutos del comienzo del complemento, cuando la recibió de espaldas en el medio y la perdió ante la marca. El resto fue la tormenta perfecta: el Cuti Romero (que pareció que no estaba entero) cerró con la pierna izquierda sobre la derecha, en el primer golazo árabe. Y trascartón, Molina no atacó la pelota ante el rival ni puso el cuerpo cuando el 10 lo gambeteó antes de clavar en el ángulo el segundo gol de antología.
La calle Estado de Israel al 400, donde vivía Messi en la casa de sus abuelos maternos, se corta abruptamente en un callejón peatonal que dobla hacia la izquierda y desemboca en el pasaje Lavalleja, donde vivió luego. Así aparece ahora el paisaje de la selección en Qatar, tras la aciaga tarde de Doha, donde Messi arengó ayer a sus compañeros a unirse en las malas y a levantarse rápido. Como hacía en esas callecitas perdidas de La Bajada, donde jugaba de niño, que se cortan contra una pared pero que gambetean una casa, enganchan hacia la izquierda por un callejón peatonal de dos metros de ancho y florecen en un racimo de pasajes donde Leo sigue dibujando como antaño.