Jueves 17 de Noviembre de 2022
Manuela Estella nació en Rosario hace 17 años, vivió en Funes y cuando cumplió 3 se fue a vivir a Concón, Chile. Su familia es un verdadero clásico rosarino. Su hermano mayor, su mamá y ella son canallas, mientras que su otro hermano y su papá son leprosos. Ama tanto el fútbol que decidió practicarlo y no solo sigue atentamente lo que pasa con su querido Central, sino con Lionel Messi. Y sufre si no lo ve feliz.
Su mamá confiesa que se convirtió en una verdadera "cabeza de termo" (así se les dice en Argentina a los que parece que no pueden hablar de otra cosas que no sea fútbol). "Manu" ama a Messi, pero también a Diego Maradona, a Ángel Di María y a Rodrigo De Paul.
"Sí o sí creo que Argentina va a pasar a semifinales porque la Scaloneta nunca estuvo tan bien armada como lo está ahora. Creo que Messi y Mbappé van a ser los mayores goleadores de este Mundial de Qatar", le dijo Manuela a Ovación desde el otro lado de la cordillera.
Manu está en Chile, cuya selección no clasificó al Mundial y los chilenos tendrán que seguirlo por la TV "hinchando" para algún otro equipo. Quizás no muchos elijan a la Argentina, pero sí Manuela por su corazón pintado de azul y amarillo y mezclado con los colores celeste y blanco.
Messi "está triste"
Pero el detalle de la rosarina es el sentimiento incondicional que tiene por Messi (algo poco común que declaren al menos públicamente los hinchas de Central porque la Pulga saliò de la cantera de Newell´s). Manuela por el contrario "sufre" cunado no lo ve pleno en PSG. De hecho, su mamá la filmó días atrás viendo un partido de la Pulga jugando con la camiseta de Barcelona en la remontada histórica frente a PSG, su actual club, en 2017.
"Ahí Messi era feliz. En PSG está triste. A él no le importa la plata, le importa la pasión", dijo la jovencita en un video contando cómo lo veía a su ídolo en Francia, algo que no sucede en la selección.
La sensación no es desatinada porque Messi nunca quiso irse de Barcelona. Y le costó adaptarse a París porque el club culé le dio todo para convertirse en el mejor jugador del mundo.
Hoy en la selección se lo ve pleno, disfrutando cada momento, siendo un líder indiscutido (algo que siempre se le reclamó) y mentalizado en conseguir el único título de los más importantes que le falta.