Política

"Yo no quiero, pero ustedes vean", expresó Cristina sobre su re-reelección

Algunos miembros muy cercanos al poder que escuchan la voz de la presidenta aseguran que esas fueron sus exactas palabras. La frase no resuelve el enigma pero tampoco obtura a quienes lo fogonean.

Lunes 03 de Septiembre de 2012

Algunos miembros muy cercanos al poder que escuchan la voz de la jefa máxima, Cristina Fernández, aseguran que sus exactas palabras son: "Yo no quiero, pero ustedes vean". Por supuesto, la frase no resuelve el enigma de la re-reelección, no lo promueve, a la vez que tampoco obtura a quienes se han lanzado a fogonearlo.

La operación, en algún sentido, es de manual: los que más impulsan la re-re son personajes más bien lejanos al núcleo principal del poder. El suburbano kirchnerista, que siempre es bueno que tenga un motivo para hacer algo antes que permanecer inactivo. Por caso, un Luis D'Elía, o sectores cercanos al Frente Grande.

Por ejemplo, nadie de La Campora salió ni saldrá a hablar de re-reeleción.

La operación es de manual porque, en el mientras tanto, extermina a cualquier entusiasta que empiece a mostrarse como posible sucesor. Eso se terminó (después de fallido intento de Daniel Scioli) hasta que los votos de las elección de 2013 estén contados.

A la vez, la oposición ya tiene eje de campaña para esa elección: "no le dé voto a la re-re".

La discusión sobre si una presunta voluntad popular —de un nuevo período de CFK— está por encima de la letra de Constitución (y por eso habría que cambiarla), es una discusión filosófica.

La otra versión, la del constitucionalismo más liberal, dice que nada hay por encima de la letra de la Constitución, ni siquiera el enamoramiento extendido de una mayoría por determinado líder político.

Sin desesperarse, no parece un debate que no deba darse en la Argentina.

Otra cosa es que el oficialismo necesite de Cristina como única opción de continuidad. Si así fuera, el proyecto actual estaría en problemas.

No parece razonable que un proceso político realmente transformador de la Argentina pueda abortarse a manos de sus exactos detractores. Y todo porque los doce millones de votantes de CFK no la encuentren en el cuarto oscuro, en la próxima elección.

Si el proceso fuera genuino ¿quién sería el que tendría la imposibilidad de entender que el nuevo garante del proceso es tal o cual dirigente, previamente bendecido por la jefa?

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