Política

"Ya sin el poder, el kirchnerismo se va a ir diluyendo con el tiempo"

El politólogo rosarino Hugo Quiroga cree que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner va a intentar seguir en el centro de la escena política, procurando ser jefa de la oposición.

Lunes 14 de Diciembre de 2015

El politólogo rosarino Hugo Quiroga cree que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner va a intentar seguir en el centro de la escena política, procurando ser la jefa de la oposición, pero que ese poder, al igual que el kirchnerismo en su conjunto, se irá diluyendo con el correr del tiempo. Estima que en la reconfiguración del peronismo, ahora afuera del poder, la ex mandataria perderá gravitación frente a otras figuras del PJ que buscarán un rol más institucionalizado.

El profesor de Teoría Política de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) evaluó que en los doce años que se mantuvo en el vértice del poder, el kirchnerismo tiene luces y sombras. Augura que el presidente Mauricio Macri tendrá una luna de miel más corta con la sociedad a raíz de la complejidad económica que le deja el gobierno saliente, pero le pone una cuota de optimismo al futuro por considerar que el líder del PRO ha conformado un buen gabinete, privilegiando la capacidad de gestión antes que la identidad partidaria de sus integrantes.

—¿Que evaluación hace de los doce años del kirchnerismo en el poder?

—Hay luces y sombras. Deja algunas cuestiones que son positivas, como la defensa de los derechos humanos, la asignación universal por hijo, las jubilaciones. Hubo en una primera época un crecimiento económico con inclusión social. Hubo además una buena inversión en ciencia y en las Universidades. También está el matrimonio igualitario, son bienes inmateriales pero que hacen al bienestar de buena parte de la sociedad. Lo negativo es que hubo una forma de ejercer el poder no republicano. Un poder concentrado, arbitrario, verticalista.

—¿Ese proceso fue constante o hay matices?

—Hay que distinguir dos etapas. La primera es lo que llamaría el primer kirchnerismo, que va de 2003, en el momento en que asume Néstor Kirchner, hasta su muerte, en octubre de 2010. Esta etapa es la de la inclusión social más clara, el superávit fiscal, que tiene un sistema de alianzas transversal que pretende construir un complejo de centroizquierda, que finalmente fracasa, pero mantiene alianzas con sectores tradicionales del PJ, como Hugo Moyano. El segundo kirchnerismo comienza a fines del 2010 hasta el 2015. Hay un realineamiento en la coalición de gobierno, se separa de Moyano, y comienza un acercamiento a los sectores juveniles, como La Cámpora. Cristina se va alejando del peronismo más tradicional y sus alianzas las va depositando en lo que se denominó el cristinismo, el camporismo, que estuvieron a su lado hasta el último momento.

—¿Como se imagina el rol de Cristina en el llano, ya sin poder?

—Va a seguir crispada. Si le ha costado entregarle los atributos del poder a aquel que le ganó legítimamente en las elecciones, me imagino a una Cristina en resistencia. Pero creo que su poder se va a reducir porque el peronismo se va a reconfigurar. Hay un sector del PJ que no acuerda con Cristina, que incluso no fue kirchnerista, y van a tratar de rearmarse en un rol más institucionalizado. Hay figuras muy representativas de eso, como Urtubey, Randazzo, Massa, De la Sota, incluso Perotti. Estas son la figuras que van a intentar recomponer un peronismo hoy muy fragmentado.

—Hasta que termine de rearmarse, ¿cómo imagina al peronismo en la oposición a Macri?

—Si Cristina liderara al peronismo en su conjunto, sería un PJ muy duro en la oposición, incluso transgrediendo algunas reglas. Pero no está claro que logre eso e incluso va a tener que hacer mucho esfuerzo para retener a su propio sector.

—Ese peronismo fragmentado favorece, al menos en el inicio, al gobierno de Macri...

—Por supuesto. Es más, está consiguiendo figuras del peronismo para gobernar. En el Indec puso a Todesca, un peronista no kirchnerista que estuvo con Duhalde. El coordinador de la campaña de Scioli, Telerman, pasó a ser funcionario de la ciudad de Buenos Aires.

—Si uno piensa en los procesos políticos largos y duraderos, el menemismo se diluyó enseguida luego de abandonar el poder. ¿Cree que puede pasar lo mismo con el kirchnerismo?

—Estimo que el kirchnerismo se va a diluir ya sin el poder. Creo que la figura de Cristina va a perder gravitación. Por un lado va a tener serios problemas en Tribunales porque hay denuncias muy fuertes y ya no tiene fueros. La Justicia se va a sentir más independiente con un gobierno que sea más respetuoso con el Poder Judicial. Además el poder seduce, atrae mucho, da mucha vitalidad, pero cuando no se lo tiene más, ese vacío se siente.

—¿Va a tener Macri ese período de gracia que se le da a todo presidente, la famosa luna de miel de los 100 días?

—Macri asume en un momento muy complejo de la Argentina y probablemente esa luna de miel sea más corta. Tiene una situación compleja porque la transición fue muy corta y traumática. Además hay un déficit fiscal enorme, casi no hay reservas en el Banco Central, con provincias que no tienen dinero para pagar salarios y aguinaldo. Macri tiene muy poco tiempo para poder recomponer la macroeconomía y lograr reconstituir un fondo de reservas que le permitan gobernar con un margen de tranquilidad. Pero la ventaja es que ha sabido rodearse de dirigentes que vienen de la gestión empresarial, gente muy competente. La canciller que ha colocado (Susana Malcorra) era postulante a ser secretaria general de la ONU. Un ministro de Economía competente, como Prat Gay. Lleva a Nueva York a Lousteau, otro economista, para que pueda negociar con los fondos buitre y busque inversiones.

—¿Qué papel va a ocupar la UCR dentro del gobierno de Macri?

—Un rol de cooperación. Tiene, por lo menos, tres ministerios, varias secretarías. La impresión que yo tengo, y Macri lo ha dicho en varias declaraciones, es que esto no es una coalición de gobierno. Por lo tanto, hay una figura presidencial, un jefe, un conductor que está distribuyendo los lugares de poder no en base a la alianza electoral sino a lo que él entiende por capacidad de gestión.

—Hay un giro en la orientación ideológica del gobierno, más ligado a la centroderecha liberal. ¿Cree que va a haber gradualidad en las medidas de gobierno?

—El gobierno de Macri es una coalición de centro, democrática. Pero no estoy convencido de que el kirchnerismo, al menos en su segunda etapa, haya sido un gobierno de centroizquierda. Porque una gestión de centroizquierda no deja los niveles de pobreza e indigencia similares a los de los años 90. La igualdad social es lo que define básicamente a un gobierno progresista. Por otro lado, si hay algo que entendió Néstor Kirchner fue el equilibrio fiscal, que no es un problema ni de izquierda ni derecha. Cómo se redistribuye socialmente si la economía es deficitaria, no crece y no hay inversiones. Lo único que puede hacer uno es subsidiar, pero eso tiene un límite. Un gobierno de centroizquierda también custodia la democracia, que es la división de poderes, y esto no se ha respetado en el segundo kirchnerismo. Un gobierno de centroizquierda estaría permitiendo un traspaso del poder y celebrando la democracia, la alternancia de un gobierno civil de un signo político a otro de signo político diferente.

—¿Cuál es su lectura de la ausencia de Cristina en la ceremonia de traspaso?

—Una puede ser en clave psicológica, emotiva. No puedo entrar ahí porque no soy especialista. La lectura política es que Cristina no estaba dispuesta a salir en una foto entregándole el poder a alguien a quien siempre subestimó. No quiere esa foto entregando los símbolos del poder. Por eso tampoco hubo una foto del primer encuentro entre ellos en la Casa Rosada

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