A 46 años del fallecimiento del último mandatario desarrollista, Carlos Sylvestre Begnis
06:30 hs - Domingo 20 de Septiembre de 2026
Carlos Sylvestre Begnis, dos veces gobernador de Santa Fe, es recordado por muchos como el paradigma del mandatario desarrollista. Prestigioso cirujano, fue además candidato a vicepresidente de la Nación, fundador de instituciones de bien público y autor de iniciativas de las que aún hoy la provincia se beneficia.
Sólo bastaría mencionar que junto al gobernador de Entre Ríos, Raúl L. Uranga, revolucionó la infraestructura del país al iniciar las obras del túnel subfluvial. A partir de 1958, desde la Gobernación de Santa Fe llevó adelante la ejecución dinámica de políticas públicas en frentes simultáneos, confiando en el ascenso de un muy juvenil cuadro dirigencial, político y técnico, que pudo doblarle el brazo a la burocracia tradicional.
Se saneó el presupuesto y se crearon polos industriales; se fundó el Instituto de Fomento Industrial y el Banco Santafesino de Desarrollo; se construyeron extensas rutas, caminos rurales, puentes, obras hídricas y estaciones de energía eléctrica. Se reactivó la vida de las comunas y las cooperativas, y se avanzó en la descentralización de los municipios con la sanción de la reforma constitucional de 1962.
Pronto la provincia, definida por el presidente Arturo Frondizi como el Estado donde el desarrollismo alcanzó su máxima expresión, se convirtió en el faro de un renovado federalismo. A ella se debió la firma de dos pactos federales interprovinciales de magnitud: el que creó el Consejo Federal de Inversiones y el que permitió la concreción del túnel subfluvial, venciendo las trabas puestas por el centralismo porteño.
Sylvestre Begnis confió la Intendencia de Rosario a Luis Cándido Carballo, que al igual que él había nacido en las filas de la Unión Cívica Radical, y éste no lo defraudó. Al punto de que Carballo fue consagrado su sucesor en la Gobernación de Santa Fe, algo que finalmente no se concretó por un golpe de Estado.
Puntos clave de su gestión
Toda esta monumental transformación no fue fruto del azar sino de una férrea concepción del Estado y del trabajo. Del análisis del manuscrito original del último discurso que pronunció ante la Legislatura, en abril de 1962, se desprende su convencimiento de que "la receta de gestión" por él aplicada había aportado "salud" a Santa Fe, y que por ende podría ser de utilidad para quienes lo sucedieran en el cargo. Ella puede resumirse en los siguientes cinco puntos:
1. Liderazgo por el ejemplo: el gobernante no debe ser un espectador pasivo sino un articulador activo orientado al bienestar común y a la toma de decisiones útiles y resolutivas.
2. Equipos con ideales comunes: creación de un ambiente de trabajo con colaboradores plenamente identificados con una misma visión de servicio y eficacia.
3. Laboriosidad y dedicación plena: exigencia de entrega absoluta más allá de los horarios, asumiendo riesgos de manera protagónica para acelerar soluciones.
4. Trabajo riguroso y manejo de tiempos: ante una provincia con severos problemas financieros, se evitó la improvisación con un plan orgánico, postergando obras hasta estabilizar las cuentas tras un año y medio de ajuste.
5. Confianza a través de los hechos: credibilidad lograda mediante la inquebrantable voluntad de trabajo, el respeto por todas las ideas y el cumplimiento paso a paso del programa.
Falleció el 22 de septiembre de 1980 en Rosario. Sus últimas palabras fueron: “Me faltó concretar rutas transversales”, mientras trazaba líneas con los dedos sobre la sábana.
No debe sorprender que quien ponderara a tal punto la laboriosidad aplicada a la gestión hubiera nacido de un pueblo de la pampa húmeda, y que, de empleado en el humilde almacén de ramos generales de su padre inmigrante, gracias a la generosidad de familiares y amigos pudiera radicarse en Rosario para graduarse en el Colegio Nacional y en la Facultad de Ciencias Médicas.
Luego de ejercer como médico rural, se incorporó a hospitales públicos, se desempeñó como docente e investigador y alcanzó renombre como cirujano oncológico. Si algo tenía muy en claro, es que poco se podía alcanzar sin esfuerzo y junto a otros.