Política

Una campaña electoral marcada por la inestabilidad política y económica

Desde las Paso hubo cambios en Hacienda, cepo cambiario y una frágil tregua entre Macri y Fernández. La meta es llegar al 27 de octubre

Domingo 08 de Septiembre de 2019

La campaña electoral rumbo a las elecciones generales del 27 de octubre arrancó oficialmente ayer, 50 días antes de la fecha del comicio, tal como lo estipula el cronograma previsto por la Cámara Nacional Electoral. Esta formalidad, sin embargo, encontró a los principales candidatos a presidente sin actos proselitistas, con la excepción de la presentación de Cristina Fernández de Kirchner en Misiones, donde la exhibición pública de su libro "Sinceramente" oficia como tribuna política y propaganda electoral (ver página 20).

Desde las elecciones Paso del 11 de agosto, donde Alberto Fernández, con el Frente de Todos, se impuso holgadamente, las actividades de promoción política quedaron virtualmente suspendidas por el terremoto económico que sucedió el día después: dólar por las nubes, suba estrepitosa del riesgo país, derrumbe de la Bolsa y los bonos. Todo un combo que agravó aún más la delicada situación económica y social que venía enfrentando la Argentina.

Una elección primaria (que no definía candidatos al interior de los frentes políticos) terminó definiendo casi todo. Los más de 16 puntos de diferencia que sacó la fórmula Fernández-Fernández a la oficialista de Juntos por el Cambio, de Mauricio Macri-Miguel Angel Pichetto, dejó al peronismo y sus aliados muy cerca de volver al poder, y ganar en primera vuelta.

Luego de esa elección, el gobierno se vio obligado a moderar su ortodoxia económica y lanzó un plan de estímulo al consumo (eliminación del IVA a los alimentos y reducción en el impuesto a las ganancias) que lo terminó enfrentando con los gobernadores de provincias, que recurrieron a la Corte Suprema por entender que esas medidas se aplican a expensas de dejar de recibir fondos coparticipables.

Ese plan terminó de eyectar del sillón del Ministerio de Hacienda a Nicolás Dujovne. Asumió en su reemplazo Hernán Lacunza. Así, la derrota electoral se cobraba la primera víctima en las filas del oficialismo.

Entretanto, y para calmar el vendaval post Paso, Macri y Alberto Fernández comenzaron a ensayar una relación de buenos tratos: abrieron un canal de comunicación permanente, pero a la vez oscilante, para tratar de resolver un dilema que quedó certificado tras el resultado electoral: un presidente virtual y un presidente en ejercicio y en retirada.

Macri, en cuesta abajo, encontró una inyección de ánimo el sábado 24 de agosto, cuando miles de argentinos se movilizaron en su apoyo en varias ciudades del país. Es más, el presidente salió ese anochecer al balcón de la Casa Rosada para saludar a los manifestantes, se grabó emocionado y se distribuyó ese video como un punto de partida de una nueva campaña, esperanzados de que la elección se puede dar vuelta.

Esa mismo día arribó al país la misión del Fondo Monetario, que tiene pendiente un desembolso para este mes de unos 5.400 millones de dólares. El domingo se reunió con el ministro Lacunza y el lunes lo hizo con el equipo económico del Frente de Todos, con Alberto Fernández a la cabeza.

Tras la reunión, el Frente de Todos emitió un duro comunicado responsabilizando al gobierno y al FMI de llevar al país al actual descalabro económico. Un argumento que el propio Fernández propalaba en la campaña electoral rumbo a las Paso.

Pero el oficialismo, al igual que el lunes siguiente a la elección, culpó al kirchnerismo por la inestabilidad en los mercados: el dólar volvió a escaparse y el riesgo país alcanzaba niveles similares a la hecatombe del 2001. Seguía la sangría diaria de las reservas en el Banco Central y la corrida cambiaria alimentaba una corrida bancaria.

Frente a ese escenario sombrío, el gobierno volvió a dejar su ortodoxia de lado y reinstaló un cepo al dólar, imponiendo un control al mercado de capitales que el propio Macri se había ufanado de levantar apenas asumió el poder en diciembre de 2015.

Por lo pronto, con un clima social complicado, los estrategas de campaña de Juntos por el Cambio ya definieron que durante este mes Macri no hará actos de campaña. El presidente, al igual que el resto de sus ministros, se enfocarán en la tarea de gestión. La idea es "estabilizar" una economía que está a los tumbos para tratar de llegar lo más pacíficamente al día de las elecciones.

Sin dar por perdida la batalla (por lo bajo, asumen que es imposible dar vuelta el resultado), el oficialismo pondrá todas sus fichas en potenciar a los candidatos con más chances, por un lado. Y por otro, tratar de colocar la mayor cantidad de legisladores nacionales posibles en un Congreso que se avizora dominado, a partir del 10 de diciembre, por el PJ y sus aliados.

En el Frente de Todos, en lo electoral, va con viento a favor. El resultado de las Paso (orilló casi el 50 por ciento de los votos) le alfombra el camino para una victoria en primera vuelta, salvo que ocurra un imponderable que la metáfora política asocia con el nombre de un "cisne negro".

En síntesis, ayer comenzó una campaña electoral muy atípica, con una situación social y económica de inestabilidad permanente. Faltan 50 días para una elección histórica. Podría tratarse de una formalidad en situaciones normales, pero en esta coyuntura podría ser una eternidad.

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