Política

Una apuesta a la madurez política y a la responsabilidad ciudadana

Las restricciones impuestas a los habitantes de la capital provincial son una apuesta a la tolerancia social, en un contexto que impone aprender a convivir con el virus

Sábado 12 de Septiembre de 2020

Si se las analiza al margen de la coyuntura, puede pensarse que las restricciones dispuestas a los habitantes de la capital santafesina que rigen desde este fin de semana abrieron un capítulo novedoso en el marco de la extenuante lucha contra una pandemia que vino a modificar la vida y las conciencias a escala global.

Sucede que nunca, en el semestre que se cumplirá este lunes del primer caso de Coronavirus registrado oficialmente en territorio de la bota, se había generado tal clima de debate. Político, pero también ciudadano. Y que giró en torno a la batería de medidas que desde la noche del martes (cuatro días antes de su entrada en vigencia) se sabía serían reinstauradas, luego de cuatro meses de aperturas progresivas, en el conglomerado urbano del departamento La Capital que conforman la ciudad de Santa Fe y su vecina Santo Tomé.

Desde el mismo momento en que trascendió que la ciudad de Garay tomaría el mismo rumbo que el Gran Rosario y otros departamentos del sur provincial, se generó un clima de deliberación respecto del alcance de las medidas que limitarían la circulación de personas y actividades laborales y productivas. En el seno mismo del poder, pero también en todos los ámbitos ciudadanos que hoy alimentan de modo exponencial las redes sociales.

Esa situación obligó a las autoridades, tanto provinciales como municipales, a aplicar sintonía fina en cada una de las restricciones que se adoptarían. Quizá conscientes de que no resultaba "digerible" para la población capitalina replicar el modelo de cierre estricto que se había aplicado apenas siete días antes en la principal ciudad de la provincia. Y que en Rosario ya fue flexibilizado a una semana de haberse decretado.

La dramática apelación que le hizo cara a cara al gobernador Omar Perotti una remisera ante la escasez de trabajo, frente a las cámaras de televisión luego de un acto oficial y a pocas horas del anuncio formulado la noche del viernes, resume en forma elocuente aquel cuadro de situación.

Y en ese marco no faltaron cruces de opiniones y una subterránea pulseada política entre la Casa Gris y el Palacio de la Calle Salta, como se conoce a la intendencia capitalina por su imponente edificio piramidal. La primera se inclinaba por un cierre más parecido al "modelo rosarino", siguiendo el consejo de los epidemiólogos plasmado en el paper que la ministra de Salud le llevó el martes al intendente Emilio Jatón. Y la posición del municipio santafesino, impelido por las fuerzas productivas de la ciudad, prefería una versión más moderada en el retroceso de fase.

El punto de equilibrio entre ambas posiciones, que debieron ceder como en cualquier negociación política, tal vez puede resumirse en un párrafo del discurso del mandatario provincial donde explícitamente reconoció que esto va a ser largo y debemos aprender a convivir con el virus.

La lección que dejan estas agitadas jornadas radica en que quizá haya llegado el momento en que la dirigencia política deba actuar con la mayor inteligencia, creatividad y sensatez. Y a esta altura de los acontecimientos apostar a que la responsabilidad ciudadana, con el imprescindible concurso del Estado, puede llegar a ser el mejor antídoto contra la propagación del virus.

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