Domingo 08 de Agosto de 2010
Juan Bautista Tata Yofre ha construido un pilar fundamental para la interpretación histórica del
último Juan Domingo Perón, el mismo al que la historia escrita había dejado pasar. “El
escarmiento”, título del libro que está a la cabeza de todos los listados de best seller,
bucea en la infalibilidad de los archivos —y adjetiva poco— para sacar a la superficie
al Perón que regresó al país para poner “orden”, una palabra linkeada casi siempre con
políticas de derechas, pero a la que Yofre le quita esa connotación.
Con la publicación de “El escarmiento”, el periodista,
escritor y ex funcionario completa una jugosa saga que escarba en los míticos años 70 (“Nadie
fue”, “Fuimos todos” y “Volver a matar”, son sus otros títulos).
—¿A qué atribuye el éxito del libro?
—Hay un Perón desconocido, que es el que figura en el libro. Es un
Perón que durante mucho tiempo estuvo escondido. No me pida una explicación de por qué otros
historiadores no se han ocupado de este Perón, pero hubo intención de esconderlo. Es un Perón de
orden, lo cual no quiere decir que sea de derecha: es de orden; que viene a reconciliarse con el
país y con sus viejos adversarios. Es un Perón que durante su estadía en la Argentina y hasta su
muerte va a esclarecer el alma del peronista, se va a jugar por la ortodoxia, va a tener
definiciones muy claras sobre lo que él rechazaba, que era el socialismo nacional.
—¿De ese Perón se ocupan pocos porque es refractario al discurso
que baja desde el gobierno?
— No es solamente responsable el peronismo en el poder. Es un
Perón escondido desde hace muchos años, es anterior al kirchnerismo. Sí es cierto que al
kirchnerismo este Perón no le gusta.
—Hay quienes sostienen, desde una veta autodenominada progresista,
que el Perón que regresó no era el verdadero. Eso habla de los múltiples Perón que se construye en
el imaginario de cada uno.
—Sí, los que dicen eso hablan es un Perón que sólo existe en la
imaginación de ellos. El Perón que baja es un militar, y él siempre se reconoció así. Una de sus
grandes ambiciones es volver a vestir el uniforme militar. Parte de Madrid sosteniendo que cometió
errores en el pasado que intenta no volver a cometer. Vuelve y a los 5 días se entrevista con el
jefe de la oposición, Ricardo Balbín, a quien le cuenta del disgusto que estaba viviendo por lo que
era el gobierno de Cámpora. El mismo Perón que antes de partir habla con su médico y le manifiesta
su desagrado por lo que había sido el 25 de mayo del 73; por la liberación de los presos, por la
amnistía indiscriminada. Es ese Perón.
—Es muy gráfica la reproducción del diálogo entre el comisario
Villar y Perón. ¿Perón le da vía libre a Villar?
—Ese Perón que se entrevista con Villar es el decidido a terminar
con la violencia en la Argentina. Es más, lo llama a Villar después del ataque a Azul. Y llama a
uno de los hombres que más conocía de lucha antisubversiva, y no le dio rienda suelta. Es el mismo
Perón que firma en junio del 74 la creación de la Secretaría de Seguridad, nombrando al frente al
general Alberto Cáceres, jefe de Gendarmería que estaba en situación de disponibilidad. Y Cáceres
había actuado en gran parte de su vida dentro de la Policía Federal, fue jefe de Coordinación y
jefe de policía de Lanusse. Es el Perón que toma lo mejor que encuentra dentro del Estado para
terminar con la violencia. Y llama a dos entendidos: Villar y Cáceres. Pero siempre habló de
manejarse con la ley en la mano.
—Usted dice que Perón no creó la Triple A.
—Me baso en las palabras de Cafiero: “Perón conocía todo lo
que se hacía”. Lo que me resulta difícil imaginar es que Perón se haya dedicado a crear una
estructura represiva al margen de la ley. Había también mucha banda ancha, mucha gente armada en la
sociedad, de un lado y de otro. Era una etapa de violencia. Como dijeron los mismos jefes
montoneros en abril del 89: fueron a una escribanía y sostuvieron que había llegado el tiempo de la
paz y de la reconciliación. Hicieron una propuesta un mes antes de la asunción de Menem, ahí hablan
de una guerra civil intermitente que reinaba desde la década del 70. La guerra popular prolongada
era una frase del ERP, de las FAR, de Firmenich. El propio Firmenich dijo que el poder político de
Montoneros pasaba por la boca de los fusiles, entonces, frente a esas consignas, el peronismo
ortodoxo también tenía que defenderse.
—Obeid y Gullo visitan a Perón y éste les dice que si algunos
muchachos eran socialistas tenían cinco partidos de esa extracción para militar.
—Sí, es un prefacio también de lo que les va a decir poco después
a los diputados de la JP que se niegan a aceptar la reforma del Código Penal que estaba exigiendo
el Ejecutivo. Que era una reforma al Código que había sido alterado en el Congreso la noche del 27
de mayo del 73. En esas horas, la sociedad se quedó sin Justicia, los jueces ya tenían miedo de
aplicar la ley, tenían temor, algunos fueron asesinados, otros tuvieron atentados, se disolvió la
Cámara Federal Penal de la Nación, lo que se llamaba el Camarón. En el libro están plasmados hechos
como cuando Firmenich es tomado preso, y se lo encuentra con armas de guerra. La JP rodea la
comisaría y al final lo liberan. Lo mismo pasó con Quieto en Rosario. Frente a eso, los jueces
tenían miedo de aplicar la Justicia. Perón volvió para imponer el orden, el orden en el sistema
representativo, republicano y federal. No vino a aplicar el orden para establecer la patria
socialista.
—Hoy, desde ciertos ámbitos, se vincula la palabra orden a un
concepto de derechas, represivo.
—Establecer una similitud de la palabra orden con la derecha es
falsear la historia. El orden es primordial en todo sistema, sea capitalista o socialista. Es el
mismo orden que estableció Stalin en los años 30, Hitler en el 34 con La Noche de los Cuchillos
Largos. El mismo orden que tratará de imponer Roosevelt cuando le ordena a Mc Arthur que termine
con las manifestaciones que rodeaban a la Casa Blanca en el 32. El orden no tiene ideología, la
ideología está en el sistema. Cuando los muchachos decían que había que cambiar el sistema, Perón
les contesta que no, que lo que se debían cambiar eran las estructuras, y que esas estructuras se
cambian con el sistema parlamentario, con nuevas leyes.
—Que el libro sea el más vendido, ¿tiene que ver con cierta
saturación del discurso oficial?
—Cada uno cree lo que es conveniente, con su visión del pasado.
Con una gran honestidad he escrito la historia del golpe del 76. Con la misma honestidad escribí
otro muy crítico del Proceso, otro que es “Volver a matar”, sobre lo que fue la
Justicia entre el 71 y el 73. Y con la misma honestidad planteo a este Perón. Es el que surge de
los documentos. No hay otro. Es el discurso de la lucha contra la subversión, contra el modelo
cubano. Perón, y ese es el gran aporte que le hace a la Argentina antes de morir, le baja línea a
la sociedad y le quita el agua a la pecera. Montoneros decía que tenían que moverse como pez en el
agua. Y Perón se la sacó. Con la ley en la mano.
—¿La muerte dejó inconcluso a ese último Perón?
—Claro que sí. Perón pensaba que Balbín lo podía suceder. Y eso no
ocurrió porque no estaba en la ley de acefalía. Perón pensaba mucho más allá que nosotros.