Miércoles 12 de Noviembre de 2008
"El Che fue poco más que un aventurero, un líder egocéntrico negado para la política que fue elevado a la categoría de mito impoluto tras su muerte", señaló el filósofo y ensayista Juan José Sebreli en su último libro "Comediantes y mártires", obra en la que analiza cómo cuatro destacadas personalidades argentinas del siglo XX han sido convertidas en mitos contemporáneos: Carlos Gardel, Eva Perón, Diego Maradona y el propio Ernesto Che Guevara.
El análisis más implacable se lo dedica al Che, al que califica de "idiota político", aunque añade que tal consideración "no pretende ser un insulto sino la descripción objetiva de un determinado comportamiento".
Revisando documentos históricos, entrevistas, conferencias y los propios diarios personales de Guevara, Sebreli traza una semblanza del Che muy alejada de la popular imagen legendaria.
"Puede decirse que Guevara fue, a la vez, un aventurero, un santo y un héroe, pero no un político", señaló Sebreli en el libro ganador del primer premio de ensayo Debate Casa de América, que presentó ayer en Madrid.
Sebreli señala como punto clave en la historia del Che su reunión con Fidel Castro en México el 8 de julio de 1955. "Si no lo hubiese conocido, probablemente se habría marchado con una beca a estudiar medicina a París, que es lo que quería hacer".
Luego llegaría la revolución y los crímenes. "Después del triunfo de la revolución cubana fue el encargado de los fusilamientos en masa, tras juicios sumarios celebrados sin el menor procedimiento legal por los tribunales revolucionarios instalados en la fortaleza La Cabaña", escribe Sebreli.
Según el autor, para la glorificación habría contribuido de manera decisiva la imagen tomada por el fotógrafo cubano Alberto Korda en La Habana el 2 de marzo de 1960: "El motivo de que los jóvenes lleven camisetas del Che sin saber quién es, denota una insatisfacción que tratan de llenar con estos falsos dioses encarnados".
En cuanto a Maradona, ahora técnico de la selección argentina, Sebreli escribió que es otro de los mitos "deleznables" que encarna "lo que no debe ser un deportista: drogado, desordenado, no disciplinado, quien transgrede sistemáticamente la máxima «mens sana in corpore sano»".