Política

Scioli y los K tuvieron una cena para "ensamblar" sus "familias"

Los amigos, el estilo, su improvisado protocolo, y la estética no son los mismos. Daniel Scioli es claramente otra cosa que el kirchnerismo.

Sábado 18 de Julio de 2015

Los amigos, el estilo, su improvisado protocolo, y la estética no son los mismos. Daniel Scioli es claramente otra cosa que el kirchnerismo.

   Al gobernador bonaerense le sale saludar primero, y agradecer, al Negro González Oro, luego al dúo Pimpinela, a Nacha Guevara — todos parte de la familia elegida, los amigos, los que se sientan a la mesa de los domingos con el ex motonauta—, y recién luego a Carlos Zannini, su compañero de fórmula. Los agradecimientos son parte del discurso político mismo de Scioli, que se insinúa, y que tardará en aparecer.

   Fue antenoche, en uno de los gigantescos salones del complejo Costa Salguero, sobre la costanera norte de Buenos Aires, ese particular sitio donde un centenar de veces por día los aviones, en pleno despegue, pasan sobre las cabezas buscando el cielo. Fue en la cena de la fórmula presidencial del FPV para juntar recursos buscando resolver la campaña: concurrieron empresarios —en su mayoría medianos y chicos de la provincia de Buenos Aires—, dirigentes políticos, artistas y deportistas, entre otros. Más de tres mil pagaron los 10 mil pesos de la tarjeta.

   Los caminos políticos de “Daniel” y del kirchnerismo, van ajustando una convergencia, pero sin ocultar las diferencias. “Somos distintos, pero en la diversidad está la virtud”, se ilusiona el Chino Zannini, que no deja ver, por ahora, ningún gesto hacia su compañero de fórmula que pudiera inscribirse en un comisariato político, presunta función que, según la oposición, habría sido encomendada por la presidenta.

   La oposición anti K, mientras tanto, incrementa su angustia a medida que se acerca el 9 de agosto y el 25 octubre; empieza a sospechar que sucederá lo mismo que sucedió en las últimas seis elecciones nacionales (2003 / 2011): volvería a perder, en este caso, ante el scioli-kirchnerismo.

   Las aproximaciones entre las dos familias, la sciolista y la kirchnerista, han comenzado a funcionar. Cuando suena Ricardo Montaner por los parlantes (“yo creo en ti, yo creo en Dios y en el amor” del hit “Yo creo”), Wado de Pedro y Aníbal Fernández (entre otros), que ocupan la mesa principal (junto a Scioli), se miran y confirman en silencio que preferirían escuchar a Iván Noble, a Silvio Rodríguez o a Los Redonditos de Ricota. Una oportuna copa de vino Luiggi Bosca tinto facilita las cosas.

   Sin embargo, Scioli sube al escenario, y dice que su principal campo de alianzas políticas y comerciales será el Mercosur y que priorizará “la relación comercial con Rusia y China”. En ese instante, De Pedro y Aníbal respiran aliviados. Montener se convierte en una anécdota menor.

   También es menor la anécdota de la actuación de Pimpinela acompañado por el Coro Kennedy para Antonio Caló. El sindicalista ocupó un lugar central y escuchó la mejor música para sus oídos (que no es la de Pimpinela), cuando Scioli aseguró que mantendrá durante su gobierno (en el caso de ganar) “las paritarias libres”.

   El encuentro entre las familias sciolista y la K también consiguió unificar los colores. Todo el naranja del bonaerense fue virando al azul y blanco clásico del FPV. Con un agregado impensado: la consigna del “círculo celeste y blanco”.

   En una jugada comunicativa de manual, los equipos del sciolismo tomaron e invirtieron el insólito error político de Mauricio Macri, quien se autoincriminó declarando sus vínculos con el “círculo rojo”. Difuso y conspirativo conglomerado de poder del que sin embargo no ofreció detalles.

   El “círculo celeste y blanco” remite al empresariado pequeño y mediano que acompañó a Scioli, y que en su gran mayoría tiene su suerte atada al consumo interno, y a la regulación estatal de la economía.

   Después, Scioli reiteró las palabras desarrollo, trabajo, equidad, intervención del Estado, consumo interno. Y en eso va en sintonía con Cristina. Un Scioli que no escatimó elogios a Néstor y a CFK, a la que le agradeció haber confiado en él, dando por descontado que fue quién lo ungió como único candidato.

   Pero, a la vez, un amplio repertorio del lenguaje del kirchnerismo puro no aparece ni a palos en la boca de Scioli. Por caso, “corporaciones”, “fondos buitre”, “Clarín”, entre muchas otras, resultan palabras desconocidas en el idioma sciolista. Los enigmas en el vínculo Scioli-Cristina seguirán abiertos. Y su resolución serán clave.

   Como en una fiesta de casamiento, en la cena las familias sciolista y kirchnerista pura se prodigaron afecto y convivencia. Todos miran esa alianza; se verá quién y cómo termina por colocar los ingredientes principales en esa comunión.

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