Política

Prisión perpetua para Astiz, el Tigre Acosta y otros diez represores en la causa Esma

El Tribunal federal dictó las sentencias contra los 18 acusados por los crímenes cometidos en la Esma durante la dictadura militar. Las condenas fueron saludadas con una ovación de los sobrevivientes, familiares y representante de los organismos de derechos humanos dentro de la sala de audiencias y en el exterior.

Miércoles 26 de Octubre de 2011

Buenos Aires.- Los marinos Alfredo Astiz, Jorge El Tigre Acosta y otros diez represores fueron condenados hoy a prisión perpetua por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma), en lo que fue el primer juicio por violaciones a los derechos humanos en el centro de detención ilegal más grande que funcionó durante la última dictadura militar.

Las condenas fueron dictadas por el Tribunal Oral Federal 5 por el secuestro, desaparición y robo de bienes del periodista Rodolfo Walsh y los crímenes de las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Domon, y las tres fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, además de otros 81 casos.

El tribunal también condenó a 25 años de prisión al policía Juan Carlos Fortea y al marino Manuel García Tallada; a veinte años al marino Carlos Capdevilla y a 18 años al prefecto Juan Antonio Azic por los delitos de privación ilegal de la libertad agravada y aplicación de tormentos agravados.

En tanto, fueron absueltos los marinos Juan Carlos Rolón y Pablo García Velasco, pero seguirán presos porque están procesados en otras causas también vinculadas a la Esma.

Junto a Astiz y Acosta fueron condenados a perpetua los marinos Ricardo Cavallo, Antonia Pernías, Adolfo Donda Tígel —tío de la diputada nacida en la Esma Victoria Donda—, Alberto González, Raúl Scheller, Oscar Montes y Jorge Radice; el mayor del Ejército Julio Coronel, el capitán Néstor Savio y el policía Ernesto Weber.

Cuando Astiz escuchó la condena se puso una escarapela argentina en la solapa izquierda de su saco y sonrió socarronamente.

El capitán de navío tuvo otras actitudes provocativas durante el juicio, ya que en su inicio se presentó al tribunal con el libro “Volver a matar”, de Bautista Yofre, y en los alegatos le dio una Constitución Nacional a los jueces para que se la envíen al presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti.

La Corte había negado la extradición a Francia de Astiz para que allí cumpla la condena por el juicio en ausencia que le hicieron por los crímenes de las monjas de ese país, pero el máximo tribunal sostuvo que el represor debía ser juzgados en Argentina.

Las condenas a perpetua fueron dictadas por el secuestro y homicidio de Walsh, ocurrido el 25 de marzo de 1977, un día después del primer aniversario del golpe en la que el periodista escribió la “Carta Abierta a las Juntas”, donde denunció los crímenes de la dictadura.

El Grupo de Tareas 3.3.2 de la Esma lo secuestró en las avenidas San Juan y Entre Ríos, y fue llevado -se cree malherido- a ese centro de detención.

La patota también robó pertenencias, como parte de su obra inédita, de su casa del Tigre, donde vivía con su mujer Lilia Ferreira, quien estuvo presente en la lectura del veredicto.

También fueron condenados por el secuestro en diciembre de 1977 de 12 personas que integraban el grupo de la Iglesia de la Santa Cruz, ubicada en San Cristóbal, donde se reunía familiares de desaparecidos para en conjunto buscar información sobre ellos.

Astiz se infiltró en ese grupo con el nombre de Gustavo Niño, haciendo pasar por el hermano de un secuestrado, y “marcó” a las 12 personas que había que secuestrar, entre ellas las monjas y las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, María Eugenia Ponce de Bianco, Azucena Villaflor de De Vincenti y Esther Ballestrino de Careaga.

Las condenas fueron festejadas por familiares de víctimas y representantes de organismos de derechos humanos, que aplaudieron, insultaron a los represores y cantaron su consiga habitual “como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar”.

El veredicto fue dictado por los jueces Daniel Obligado, Germán Castelli y Ricardo Farías, este último votando en disidencia en la mayoría de las condenas, y se demoró dos horas, ya que estaba previsto para las 18, por “dificultades en la deliberación”, explicó el primero de ellos.

Los magistrados también ordenaron que se abra una causa para investigar los abusos sexuales y violaciones cometidas en la ESMA y las denuncias de torturas a niños y niñas, hijos de los detenidos.

Los fundamentos del veredicto se darán a conocer el próximo 26 de diciembre, a las 20.

Además, declararon los hechos como “crímenes de lesa humanidad” y le pidieron a los poderes del Estado que soliciten a organismos internacionales considerar delito de genocidio la persecución política.

Entre el público se encontraban la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto; el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Duhalde; el secretario de Derechos Humanos de la CGT, Julio Piumato; el periodista y titular del Cels, Horacio Verbitsky; el ex jefe de Gobierno porteño y ex fiscal Aníbal Ibarra, y la sobrina de la monja Duquet, Genevieve Janngross, entre otros.

La bandeja de la Sala de Audiencias fue destinada a los familiares de los represores, que fueron encabezados por Cecilia Pando, ferviente defensora de la represión y esposa del mayor Mercado.

La Esma fue el centro clandestino de detención más grande de la dictadura, por el que se prevé pasaron más de cinco mil personas, que funcionó en un predio del barrio de Nuñez y donde había una maternidad clandestina.

El centro de torturas estaba ubicado en el Casino de Oficiales de la ESMA y en marzo de 2004 todo el predio se convirtió en el Museo de la Memoria, por decisión del ex presidente Néstor Kirchner, donde ahora los organismos de derechos humanos hacen actividades para recordar el terrorismo de Estado y se pueden hacer visitas guiadas. (DyN)

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