Política

"Pese a la decepción, la mayoría quiere que Macri tenga otro mandato"

El consultor Carlos Fara sostiene que ese factor es mezcla de ingenuidad y falta de realismo.

Domingo 01 de Julio de 2018

"Definitivamente, es el peor momento del gobierno desde que asumió. También es el momento de mayor pesimismo en la sociedad. Se instaló una mezcla de decepción y angustia por el porvenir. Acá desde ya incide la situación económica, pero no solo eso. El gobierno da la sensación de haber perdido el control de ciertas variables esenciales, fruto de cierta mezcla de ingenuidad, falta de realismo e improvisación", sostiene Carlos Fara, consultor político, con 131 campañas electorales en América latina.

   Sin embargo, y pese a un diagnóstico crítico sobre la realidad, Fara asegura que más allá de esta decepción "la mayoría quiere que Macri no solo termine el mandato sino que no lo termine en una crisis, de modo que tenga 8 años para ver si la Argentina consolida una alternativa al peronismo".

   —¿El gobierno creyó que haber triunfado más por "la grieta" que por la economía era una película inmodificable?

   —El gobierno creyó que triunfó por la grieta y porque entendió que el gradualismo era la estrategia correcta para el primer tiempo del partido. Más allá de la coyuntura que llevó a pedir ayuda al FMI, todos sabíamos que 2018 iba a ser el año del gran ajuste, para entrar con optimismo al año de la elección presidencial. Pero entre los problemas externos y los errores internos pasamos de un ajuste autodecidido a un ajuste obligado, y porque los mercados no confiaron en el país. Se podría decir que el gobierno no hizo una lectura incorrecta del resultado de 2017, el problema es que tiene una falla estructural en la mala praxis política, y eso, frente a un escenario global más complejo, lo llevó a una situación impensada el 1º de marzo, cuando Macri dio su discurso en el Congreso.

   —¿Qué deberían hacer Macri y el gobierno en lo inmediato para recuperar la iniciativa?

   —Ya hizo varias cosas, pero está claro que no están alcanzando. Está padeciendo un mal típico: el tironeo entre la sociedad y los mercados. El punto es que el presidente se plegó demasiado al mantra del equilibrio fiscal (como le sucedió en su momento a De la Rúa) y eso no genera ningún entusiasmo social, ninguna épica convocante. En ese punto le falta un relato de futuro. La política no existe sin horizonte. Macri tiene que mostrar que es efectivamente un pragmático y no un dogmático. Tiene que mostrar que sabe pegar volantazos, modificaciones del rumbo previsible cuando hace falta (como lo hicieron en su momento Alfonsín, Menem o los Kirchner).

   —¿Comienza a haber fisuras entre Macri, Vidal, Larreta y Peña por la marcha del plan económico?

   —Sin duda. Es típico de cuando el equipo va perdiendo el partido. Pero no solo por la marcha del plan económico. También empiezan a aflorar diferencias conceptuales entre los que se juegan su futuro político en los votos de la gente y los que no. Vidal y Larreta le vienen haciendo una serie de planteos al presidente que contradicen algunos de sus fundamentos, como la organización del gabinete. Eso está provocando debates de fondo, no solo de forma. Podríamos decir que la mesa chica no está rota pero está rajada. Vidal tiene un carisma, un ángel especial, que no posee Macri. Ese carisma la puede proteger frente a una profundización de la crisis. De hecho, ya se sabe que para ciertos sectores del poder ella es el plan B. Por supuesto, no está exenta de problemas. Esa posibilidad de despegue de la figura del presidente es un motivo de conflicto.

   —¿Por qué dice que Dante Sica rompió la "endogamia" del PRO?

   —Porque es un personaje de un origen distinto al del resto del equipo económico de Cambiemos, desde todo punto de vista: social, ideológico, partidario, profesional. No es un ex integrante de JP Morgan ni un ex directivo de Socma ni alguien de la Fundación Pensar. Es un economista de origen peronista y consultor exitoso no ligado al mundo financiero.

   —¿La gran y única ventaja del oficialismo es que en la oposición no hay liderazgo?

   —No. Por supuesto que la oposición fragmentada, cuya principal figura tiene alto rechazo, es una ventaja envidiable. Sin embargo, hay otros factores. La sociedad está cansada de peronismo, sobre todo de la figura del bombero que viene para apagar incendios que hicieron otros y después se duerme en los laureles. Ese mismo cansancio hace que quizá la mayoría quiera que la Argentina termine con el ciclo "fracaso de un no peronista seguido del bombero peronista". Pese a la decepción producida, a mi juicio la mayoría quiere que Macri no solo termine el mandato, sino que no lo termine en una crisis, de modo que tenga 8 años para ver si la Argentina consolida una alternativa al peronismo. Agrego un cuarto elemento: comunicacionalmente hablando Cambiemos definitivamente es mucho mejor en campaña que en el gobierno, y eso en la política contemporánea es clave.

   —¿Cómo visualiza el futuro del peronismo?

   —Muy complicado. Por supuesto que hoy hay muchos más peronistas entusiasmados con 2019 que hace solo 90 días atrás. Sin embargo, en el peronismo, un poco atado por la necesidad de atender la coyuntura, no termina de consolidarse ningún espacio fuera del kirchnerismo, que aparece como el más compacto. CFK sigue siendo la principal figura y está desarrollando una estrategia astuta de bajo perfil ya que su público duro sigue pensando en ella como lo mejor que le pasó en la vida. El tema es que una parte importante de la propia dirigencia no quiere compartir nada con ella, ni una primaria presidencial. El sector Argentina Federal es hoy más un rejunte que una articulación atractiva, que además no tiene una figura destacable. Eso sucede porque los gobernadores están concentrados en cuidar sus propias quintas. Randazzo no proyecta, Urtubey no concita suficiente consenso interno y Massa tiene planes alternativos pero tampoco puede jugar con fuego porque en su propio bloque existen posturas diferentes sobre la estrategia a llevar.

   —¿Al peronismo le conviene una gran primaria con todos los sectores adentro?

   —Sí, pero hoy corre el riesgo de que la gane Cristina, y luego mostrar una imagen de desorden y profunda división interna que no los lleve a ninguna parte. El mejor negocio sería hacer una gran primaria y que Cristina pierda, para sepultarla. Pero eso parece poco probable.

   —¿Considera viable una opción de centroizquierda?

   —Hoy lo veo muy complicado. No hay figuras de nivel nacional que puedan entusiasmar a una parte de la población; es un espacio ideológico desdibujado.

   —¿Le sorprende la poca incidencia del radicalismo dentro del gobierno?

   —Es un gobierno del PRO, por decisión de Macri, y cuando estás en una coalición que viene de ganar una elección de medio término mucho ruido no podés hacer. Pero el gobierno no está en su mejor momento, y tuvo en estos 4 meses más rispideces con el radicalismo que en los 26 meses anteriores. El debate por tarifas, política económica, por las tasas, por la necesidad de un único ministro fuerte fueron todos temas en donde la UCR, en curiosa coincidencia con Carrió, logró que la Presidencia modificara algunas posturas. Todo con el telón de fondo del debate de las candidaturas en los distritos para 2019. En síntesis: creo que la incidencia del radicalismo ha ido de menor a mayor.

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