Política

"Nuestros jueces son camaleones y la independencia judicial, una ficción insostenible"

El ministro de Justicia de Santa Fe, Ricardo Silberstein, señaló que la Justicia federal no puede dar respuestas ante delitos como el narcotráfico por su debilidad, y pidió más designaciones.

Domingo 29 de Octubre de 2017

La creciente judicialización de la política, la impunidad de los delitos de los poderosos, la selectividad penal, las roscas en los procesos de selección de jueces, las jergas incomprensibles de los fallos y los privilegios de sus componentes son fenómenos que impregnan al Poder Judicial de un desprestigio que persiste en el tiempo y de una notoria lejanía para aquellos que están fuera de sus dominios. Para Lucas Arrimada, especialista en Derecho Constitucional y Sistemas Jurídicos, estos problemas tienen que ver con una estructura degenerada más que con personas. Pero la falta de reformas no hará sino acentuar esta tendencia que, como dice el sociólogo francés Pierre Rosanvallon en "La contrademocracia", no cesa de erosionar la confianza pública en una institución fundamental.

   Días atrás, el ministro de Justicia de Santa Fe, Ricardo Silberstein, señaló que la Justicia federal no puede dar respuestas ante delitos como el narcotráfico por su debilidad, y pidió más designaciones. De esta esfera, la federal es en la que Arrimada centra su crítica. "No tiene gran sentido pensar que con más cargos las cosas van a mejorar. Si no cambiamos la estructura no habrá resultados. La Justicia federal se destaca por rasgos consolidados. Poca transparencia, discrecionalidad, mucho clasismo, mucha misoginia, mucha influencia de los sectores que reproducen sus sesgos e intereses, autonomía del poder político en términos de casta, con una selección no democrática ni representativa. Muchos jueces dejan su vida en la administración judicial y son reales demócratas. Pero tienen beneficios impositivos, jubilatorios y de descanso como nadie en la esfera pública. Los poderes judiciales de las provincias tienen procesos muy discrecionales, con nepotismo y familiares contratando familiares. Esto hay que reformar para igualar".

   Clarín publicó recientemente que la Justicia tiene una imagen negativa del 75%. "Ese descrédito tiene que ver con algo positivo de la sociedad, que es más activa, más democrática y con menos miedo que hace 34 años", dice Arrimada. "Los jueces hablan un lenguaje encriptado, opaco y distante; una barrera para que la gente lo entienda. Entonces la gente les pide explicaciones a jueces que ganan salarios extraordinarios y dicen cosas como la del desplazado juez del caso Santiago Maldonado, que adelanta opinión de su hipótesis".

   También hay erosión de la confianza hacia los jueces por su juego político. Macri llega procesado al poder y lo desvinculan. A Cristina la empiezan a procesar cuando se va. "Lo significativo es que el destino de esos expedientes es ser devorados, ellos y sus protagonistas, por el paso del tiempo y las ratas del archivo. De todo eso nos olvidamos. De los casos de Menem, de lo de De la Rúa; de Juan José Galeano, el juez del caso Amia de 1994, que es juzgado hoy por obstruir el expediente que tenía que construir, ¡a 23 años! Ahí hay corporativismo y política. Pero también la selectividad sobre sectores pobres genera un sistema de impunidad con la criminalidad más compleja"

   ¿Y cual es la relación de los jueces con la política? "El ex ministro de la Corte Enrique Petracchi decía que los jueces hacen política y no lo saben, como el cangrejo no sabe que es crustáceo. Más que cangrejos, nuestros jueces son camaleones, actores políticos", dice Arrimada, para quien la independencia judicial es una ficción insostenible. "Muchos jueces salieron de riñones políticos (el PJ, la UCR), lo que no obsta para que sean independientes. Imparcial no es nadie. Desde su selección como candidatos a jueces hasta sus decisiones están mediadas por lo político, por estrategias y alianzas".

   El proceso de selección —"un proceso de rosca privada secreta y oculta que viola un trámite republicano"— conspira contra la independencia. "El juez le debe el puesto al poder político que lo pone. Esto es algo descriptivo y no valorativo. El Consejo de la Magistratura fue un adelanto en la selección. Pero la elección interna ya no lo es porque el Ejecutivo, si no elige a uno de la terna, puede dormir a un candidato 15 años. "Los candidatos entonces hacen cosas ridículas. «Conozco un primo de este tipo que me puede llevar al círculo rojo, donde van a dar mi nombre». Esa arbitrariedad existe: "Voy a tratar de que el Papa, o el Gran Rabino, o Zanini, o Marcos Peña, intercedan para nombrarme». Si queremos jueces independientes tiene que haber audiencias públicas".

   Para Arrimada, una auténtica reforma debería generar más participación de la sociedad en procesos orales y públicos e implementar juicios por jurados. "El carácter vitalicio de los jueces es difícil de discutir en términos constitucionales pero debe ser debatido. Jueces para siempre es algo para revisar. Se tienen que acabar los secretarios que escriben las sentencias. Defiendo la existencia de muchos jueces. Pero hay que neutralizar que se use la investigación para judicializar la política. En el largo plazo, de modo estadístico, vemos que casos hipermediáticos tipo Alderete o Galeano o Amia todo va al archivo. La tendencia de los expedientes de alto impacto en casos de corrupción es la impunidad".

   Aunque la Constitución establece cuidados para limitar el abuso de los poderes públicos sobre las personas, hoy las leyes buscan limitarlos. "Creo que hay una situación que es regional que es parte de lo que podríamos llamar demagogia punitiva donde ciertos sectores, sabiendo que es muy peligroso echar nafta al fuego, avanzan por ahí. Me preocupa que se permite un Estado de policía. El fin del gobierno de Cristina con la intervención de Sergio Berni y la Gendarmería en barrios carenciados fue una práctica recurrente que generaba un Estado de policía. Pasó en Rosario, en el conurbano, en otras ciudades. Lo que veo es un cambio de época en estos años que atrae un peligro de Estado policial por el uso mediático de los casos de inseguridad que nuclea a actores políticos en una agenda superficial. La reforma del Poder Judicial debe incorporar a las fuerzas de seguridad. A nivel regional, con aumento de la pobreza y precarización de empleo, con altos niveles de seguridad, con efecto de una mayor inseguridad, porque la policía es parte del problema, dado que la criminalidad profesional está ligada a la policía. Santa Fe ha ido a la vanguardia de los problemas políticos y quizás debería pensar a diez o quince años en una cláusula constitucional cómo se regulan agencias públicas y privadas de seguridad como las policías. Para establecer frenos o diques".

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