Cumbre del G20

No hubo acuerdo en la esperada cena entre Xi Xinping y Trump

Las delegaciones se reunieron más de dos horas sin lograr un resultado. No hubo comunicado oficial ni declaraciones finales

Domingo 02 de Diciembre de 2018

Los presidentes de Estados Unidos y China, Donald Trump y Xi Jiping, mantuvieron una cena de trabajo de más de dos horas de duración anoche en Buenos Aires, en la que trataron de solucionar meses de guerra comercial. No hubo resultados oficiales, pero aunque se vieron caras serias, ambos jefes de Estado se mostraron optimistas antes de la reunión. Pese a que todo el planeta esperaba el resultado del encuentro, en el que participaron numerosos funcionarios de cada país, la cena terminó sin declaraciones ni anuncios. El diario The Wall Street Journal reveló que ambos gobiernos están trabajando en un acuerdo para que Washington se abstenga de imponer nuevos aranceles, al mismo tiempo que Pekín aceptaría el fin de las restricciones a la compra de productos agrícolas y energéticos estadounidenses. Un comercio bilateral de más de 600 mil millones de dólares está en juego, así como las enormes repercusiones que tiene la guerra comercial entre las dos mayores economías del mundo sobre terceros países.

Pese a que no hubo ningún anuncio oficial, el encuentro en sí mismo representó un primer paso necesario: por primera vez desde el inicio de la guerra comercial en marzo pasado los dos mandatarios hablaron cara a cara. Los dos se esforzaron en mostrarse optimistas al inicio del encuentro. "Las relaciones con Xi Jinping son excelentes. Discutiremos sobre comercio y creo que llegado un punto traeremos a casa algo importante para China y Estados Unidos", afirmó Trump antes de comenzar la cena. Xi también coincidió en el planteo. "Ha pasado cierto tiempo desde nuestro encuentro anterior, muchas cosas han pasado en el mundo. Sólo con la cooperación entre nosotros podemos garantizar los intereses mutuos de paz y prosperidad", sostuvo ante la prensa y destacó la "amistad personal" que mantiene con su par estadounidense. Pero no hubo un resultado oficial de las más de dos horas de reunión bilateral, con una decena de funcionarios por lado acompañando a cada presidente. Los dos mandatarios se juntaron en uno de los salones privados del Palacio Duhau Park Hyatt, el lujoso cinco estrellas de Recoleta donde se hospedó el estadounidense.

Trump había presentado el encuentro como una oportunidad única para que Xi acepte sus exigencias de reforma de las prácticas comerciales chinas o, de lo contrario, sufra nuevos aranceles a productos chinos. El mandatario estadounidense, quien ya impuso aranceles de 10 por ciento a importaciones de productos chinos por 250.000 millones de dólares, ha desechado la tradición librecambista de su país desde su triunfo electoral de 2016, con la promesa de proteger a los trabajadores industriales y poner a "Estados Unidos Primero", según su eslogan de campaña de 2016.

Xi, en cambio, se presenta como el defensor del libre comercio, algo que no cuadra del todo con el jefe de un Estado nominalmente comunista cuyo ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC), hace dos años, desató polémica y aún es resistido por Washington.

El 22 de marzo pasado Trump inició su guerra comercial con China. Ese día le impuso aranceles a productos que EEUU le compra por entre 50.000 y 60.000 millones de dólares. Además, Trump exigió que el déficit comercial de Washington con Pekín se reduzca un 25 por ciento. El pasado 17 de septiembre, Trump ordenó otra tanda de aranceles del 10 por ciento pero esta vez por valor de 200.000 millones de dólares a productos chinos.

Trump acusa a China de robar tecnología estadounidense y le exige abrir más su mercado y poner fin a su exigencia de que las compañías extranjeras se asocien con compañías chinas para operar en su país. El presidente republicano tiene en la mira el enorme déficit comercial de su país con China, que el año pasado llegó a los 336.000 millones de dólares, y reclama que Pekín deje flotar su moneda para permitir una esperable apreciación del yuan. Ante la negativa de China, quien con un yuan artificialmente devaluado obtiene grandes ventajas competitivas respecto a Estados Unidos, Trump le impuso aranceles, acusando a Pekín de robo de propiedad intelectual en violación de las normas de la OMC.

En septiembre, en un clima de continuas tensiones comerciales con la segunda economía del mundo, Trump hizo saber con claridad que "no está satisfecho con las discusiones con China. Mi impresión es que los anuncios podrían venir pronto", había dicho el asesor económico de la Casa Blanca Larry Kudlow a la cadena CNBC. Pekín impuso medidas de represalia, ya que la segunda ronda de aranceles de Trump afectó a cerca de la mitad de las importaciones de Estados Unidos de China. En aquel momento, y mediante sus famosos tuits, Trump había defendido su combativa política comercial y dijo que la industria del acero, que comenzó a ser protegida por la Casa Blanca, es ahora un tema del que todo mundo habla. "Los aranceles colocaron a Estados Unidos en una posición de negociación muy fuerte, con miles de millones de dólares y trabajo fluyendo a nuestro país. Y aún así, el aumento de costos ha sido casi imperceptible", dijo Trump. Más aún, Trump amenazó con aplicar tarifas punitivas a todo país que no "juegue limpio" en el comercio con EEUU. En este tono se llegó a la cumbre de Buenos Aires.

Los aranceles aplicados por Trump a China, de 10 por ciento, subirán al 25 por ciento el 1º de enero. Xi buscó en Buenos Aires y presumiblemente en la cumbre bilateral de ayer que esto se aplace mientras se sigue negociando un acuerdo. China, por su parte, respondió a la ofensiva de Trump con tarifas a importaciones de productos estadounidenses. China importa de EEUU por 110.000 millones de dólares. Trump abandonó el país después de la cena, mientras que Xi se quedará hasta hoy para otra esperada reunión bilateral, la que mantendrá con el presidente Mauricio Macri.

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