Jueves 23 de Febrero de 2023
En medio de la disputa entre Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich por imponerse en la interna del PRO, María Eugenia Vidal busca posicionarse como una alternativa superadora. “Hay un falso dilema entre firmeza y diálogo”, sostiene la diputada nacional.
La ex gobernadora de la provincia de Buenos Aires recorre el país en modo presidenciable. En ese camino —donde recibió este miércoles el apoyo de Mauricio Macri, quien la visitó en el comando de campaña que abrió en el barrio porteño de Retiro— Vidal llegó al sur de Santa Fe para reunirse con productores agropecuarios y dirigentes de Juntos por el Cambio.
En este marco, Vidal mantuvo esta entrevista con La Capital, en la que dijo que no avala la pelea entre dirigentes, aseguró que no se presentará si Macri decide ser candidato y planteó una serie de medidas para enfrentar la violencia en Rosario.
—Hoy el PRO tiene tiene tres figuras presidenciables: Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich y usted, que viene haciendo su recorrido. ¿Qué la diferencia? ¿Qué activo tiene usted que ellos no?
—Yo siento que, primero con Mauricio en la ciudad y luego como gobernadora, tengo la experiencia de haber gobernado a veinte millones de argentinos, una parte muy importante de la Argentina. También tengo la experiencia de haber atravesado crisis profundas y de haber dado peleas muy difíciles contra las mafias. Siento que la etapa que viene es una etapa para dar peleas difíciles, para enfrentarse a poderes mafiosos que están en toda la Argentina. Rosario es una muestra de esto, lamentablemente. Respeto mucho tanto a Patricia como a Horacio, somos parte de un mismo equipo, pero creo que esa experiencia puede ser útil para ponerla al servicio de los argentinos.
—Hay un debate al interior del PRO sobre qué hacer a partir de diciembre, cómo encarar las transformaciones y reformas que se plantean. Rodríguez Larreta plantea un gran acuerdo y Bullrich un camino más de choque, ¿Cómo ve ese debate y cuál es su posición?
—Siento que hay un falso dilema entre firmeza y diálogo. Lo viví en la provincia de Buenos Aires: cuando tuve que ser firme, lo fui. Cuando me tuve que enfrentar a los narcos, lo hice. Cuando 2.500 barras bravas no podían entrar a las canchas, no entraron, y jugamos con público local y visitante sin tener ningún incidente durante cuatro años, Cuando me tuve que enfrentar al pata Medina, que era un sindicalista mafioso que bloqueaba las obras de construcción, lo hicimos y terminó preso. Cuando uno tiene que tener firmeza la tiene que tener, hay cosas que no se negocian. Sobre todo, las que involucran la ley y la vida de la gente, los valores y la convivencia social. Con delincuentes y el narcotráfico no se negocia. Y luego hay otras que requieren diálogo. Yo goberné en minoría durante cuatro años, con mayoría del peronismo y tuve presupuesto los cuatro años. Tuvimos el consenso para poner un límite a la reelección indefinida de los intendentes y de todos los cargos públicos, algo que era impensado en la provincia de Buenos Aires. Derogamos las jubilaciones de privilegio. Todo eso se hizo con diálogo. Uno tiene que ser firme cuando tiene que ser firme y dialogar cuando tiene que hacerlo.
Foto: Sebastián Suárez Meccia / La Capital
—La interna entre entre referentes del PRO está levantando mucha temperatura, ¿cree que esas tensiones pueden dejar heridas?
—No avalo eso y no voy a ser parte de eso. Me parece un error. Creo que a los argentinos les importa mucho más cómo vamos a mejorar sus vidas que cuál es el lugar que nos toca a cada uno de nosotros en una lista. No quieren ver atacándonos entre nosotros. No creo que la competencia esté mal, es bueno que haya competencia, mientras sea sana y con altura.
—Esta semana recibió un apoyo importante de Macri, que fue a la apertura de su comando de campaña. ¿Qué representa políticamente esa foto?
—Siempre me sentí muy apoyada por Mauricio. Siempre sentí que era mi padre de la política y lo dije públicamente. Él me ha acompañado en todas estas etapas de mi carrera y ayer (por el miércoles) fue un gesto más de él en este acompañamiento, más allá de que todavía tiene que tomar su decisión sobre si va a ser candidato o no. Por eso yo digo que no voy a competir si él decide ser candidato, porque creo que tiene un liderazgo sobre el PRO que nos ha ayudado mucho a todos a crecer; a Patricia, a Horacio y a mí. Siento que en la vida uno tiene que ser agradecido de esas cosas. Tenemos un vínculo que ya lleva más de veinte años, que es fluido y de respeto, y donde hay trabajo de mucho tiempo.
—Lo conoce hace mucho tiempo y habla mucho con él, ¿lo imagina de candidato?
—Sin duda, condiciones tiene. Lo que tiene que tener es una decisión personal, en la que ninguno de nosotros tiene que interferir. A su tiempo lo decidirá.
—¿Tiene definido en qué momento va a tomar la decisión de si ser candidata o no?
—Hoy me importa más escuchar y recorrer cada lugar del país. Ya llevo más de 50 mil kilómetros recorridos y no solamente en las grandes ciudades. Ahora, por ejemplo, vine a Rosario y voy a Rufino y Venado Tuerto pero también voy a estar en Sancti Spiritu, una ciudad pequeña. Me importa ir a los pueblos chicos, escuchar a los argentinos que generalmente no son escuchados por la política. A veces la política viene, visita las grandes ciudades y no recorre. Yo siento que recorrer tiene un valor: la situación del productor cercano a Rosario no es la misma que la del norte de Santa Fe. De hecho, esta vez voy a recorrer el sur, pero tengo previsto otro viaje a la provincia para recorrer el norte. Siento que esa escucha tiene que ser activa, y vale la pena hacerla para pensar un país federal en serio. Pero además de escuchar debemos proponer, movilizar. Los argentinos nos tenemos que movilizar, más allá del año electoral, para pedirle a este gobierno que fue elegido y que todavía no terminó su mandato, que resuelva muchas cuestiones. Hay algo que el gobernador Perotti puede hacer mañana. Acaba de cambiar su ministro de Seguridad, muy bien, mañana puede sacar un decreto obligando a la policía santafesina, como hice yo en la provincia, a presentar su declaración jurada pública de ingresos todos los años. No tiene que gastar plata, es un decreto, se escribe fácil, y es una señal de que no se va a tolerar la corrupción policial. Hay medidas que no llevan tiempo, que se pueden hacer desde el primer día, y que ayudan a llevar orden, paz social y tranquilidad. ¿Eso solo va a resolver el narcotráfico en Rosario? No, obviamente que no. Se requiere una transformación más profunda, pero hay que empezar en algún momento.
—Al observar la situación de Rosario y el accionar del gobierno provincial y nacional, ¿ve falta de gestión, complicidad?
—Creo que hay un temor al problema, a confrontarlo. Muchas veces en la política hay falta de decisión. En mi caso, puedo transmitir mi experiencia en la provincia, con errores y aciertos. Hubo cosas que no funcionaron y otras cosas que sí, pero al final del camino los homicidios se redujeron en más de un 30%. Para una ciudad como esta, que está duplicando sus homicidios, es importante que haya una política que evite que muchos rosarinos mueran en el próximo año. Se puede hacer, no es una medida sola, pero es una pelea que hay que estar dispuesto a dar. Yo me fui a vivir a una base militar con mis hijos. No fue gratis enfrentarme a la mafia, pero si uno no lo hace la situación sólo puede empeorar. El camino que Rosario viene transitando sólo va a detenerse cuando la política tenga de verdad la decisión de enfrentar el problema.
Foto: Sebastián Suárez Meccia / La Capital
—Si le tocara ser presidenta a partir de diciembre, ¿qué medidas tomaría para enfrentar la violencia en Rosario?
—Número uno: desembarco con, por lo menos, entre 4 mil y 5 mil efectivos de las fuerzas federales de seguridad. Número dos: modificación de la ley de defensa nacional para que las Fuerzas Armadas puedan intervenir, no en la ciudad, pero sí en el control de las fronteras, lo que incluye radarización y ley de derribo. Número tres: eliminar los celulares de las cárceles y la complicidad del sistema penitenciario, federal y provincial, con Los Monos y los Esteban Alvarado que siguen delinquiendo desde la cárcel mandando a sicarios a matar personas. Número cuatro: reforma de la policía urgente, para que quien no pueda explicar su patrimonio sea echado, y que los policías tengan el entrenamiento, la capacitación y el equipamiento que necesitan para enfrentar el delito. También respaldo: así como una fuerza no puede tener a nadie que manche el uniforme, cuando responde frente a un delincuente tienen que tener el respaldo político para actuar. Además, debemos cambiar la modalidad de ingreso, lo que estudia, el tiempo en que se preparan y se forman los policías; son cosas que no se ven pero que tienen mucho impacto. Igual que la tecnología: los centros de monitoreo, las cámaras. A eso se suman los cambios que se pueden hacer en las ciudades, como la iluminación, los medios de transporte. Sumemos la urbanización de los barrios: no alcanza que la policía entre en los barrios de la periferia para evitar el delito, detrás de la policía tienen que llegar la salud, la educación y el asfalto. Tiene que haber un Estado presente, porque sino el que está presente es el transa. Es el que termina comprando las zapatillas, el que termina pagando la fiesta de cumpleaños, el prestamista cuando nadie quiere nadie te quiere prestar, o el que termina dando trabajo dándote droga para que la guardes en tu casa. Si no hay una oficina del Estado en los barrios periféricos es muy difícil combatir que los chicos que terminen siendo carne de cañón y convirtiéndose en soldaditos. Finalmente, está el tratamiento, la asistencia. Yo estoy impulsando muy fuertemente en el Congreso un cambio en la ley de salud mental. Las madres están desesperadas porque no tienen lugar donde internar a sus hijos, y, además, porque cuando sus hijos no se quieren internar y su vida o la de otros está en riesgo,no pueden hacerlo. Estoy trabajando en todo el país con muchísimas organizaciones. Además, después de la pandemia, todos los problemas de salud mental en la Argentina se incrementaron. También las adicciones. Somos uno de los primeros países de América del Sur en consumo de cocaína. Tenemos que tratar a la adicción como una enfermedad. Hay muchas cosas para hacer para una ciudad como Rosario y para todo el país. Le quiero decir a los rosarinos que están con razón preocupados y angustiados y viven con una sensación de peligro permanente de que esto no es algo que tenemos que aceptar y llegó para quedarse, se puede modificar.