Política

Manes: "En la Argentina hay que discutir política y no diagnósticos médicos"

El neurocientífico que operó a la presidenta Cristina Kirchner decidió participar activamente en política en el Frente Amplio Unen y ya lo consideran candidato del radicalismo en Capital.

Domingo 25 de Mayo de 2014

Facundo Manes, prestigioso neurólogo y neurocientífico, vive por estos tiempos un súbito crecimiento de su exposición pública. Y no es para menos: el rector de la Universidad Favaloro tuvo a su cargo en 2013 la operación en el cráneo de la presidenta Cristina Kirchner y encabeza la lista de libros más vendidos con "Cómo usar el cerebro", un fascinante trabajo que ya logró, al menos, 70 mil lectores.

Por si algo le faltaba para terminar de hacer atractiva la biografía de Manes, decidió participar activamente en política en el Frente Amplio Unen y nos son pocos los que lo consideran como futuro candidato del radicalismo en la provincia de Buenos Aires.

—¿Por qué alguien tan exitoso en su vida profesional y privada, como es usted, decide involucrarse en la política activa?

—Siento que estuve siempre dispuesto a contribuir a mi país, desde que era presidente del centro de estudiantes en mi pueblo, Salto, cuando vino la democracia. Luego, al volver al país desde Estados Unidos e Inglaterra fundé dos institutos para generar ciencia y posicionar a la Argentina. Eso fue y es Ineco, un instituto destinado a generar posibilidades para los jóvenes que estudien neurociencias cognitivas. La política es una herramienta formidable de transformación social.

—¿Y por qué decidió involucrarse en la política real en este momento?

—No es una decisión biográfica, es política. Hoy un partido no representa un cambio como el que sugiero, hay muchos. Se necesita de un frente republicano, como es Unen. Y es una etapa de mi vida en la que puedo ayudar y puedo transmitir mi experiencia de vida. Yo soy producto de la educación pública. No es una estrategia personal ni electoral.

—Usted vendría a encarnar lo que en algún ámbito del periodismo político se llama "la noticia deseada": es el médico de la presidenta que se involucra en política después de una cirugía. Y, además, es radical.

—Le refutaré algunas cosas. Hay muchos médicos presidenciales, yo tuve el honor de dirigir el equipo que detectó su hematoma subdural, pero la presidenta está en manos de la Unidad Médica Presidencial. Yo hice política toda mi vida. De hecho, el senador Sanz hizo un acto en el 2013 en Parque Norte y yo fui uno de los oradores. Y vengo de familia radical, mi infancia es radical.

—El juramento hipocrático le impide hablar de la salud de Cristina, ¿pero le comunicó a ella su ingreso a la política?

—Mi compromiso con la política era previo a mi relación con la presidenta, no es que decidí sumarme luego del episodio que tuvo.

—¿Y qué cosas le objeta al gobierno nacional?

—Yo soy un científico, y como tal si el que estuvo adelante hizo algo bueno lo tomo, y si hizo algo malo no lo uso. Así trabaja la ciencia. Yo siempre digo que el científico debería ser una metáfora para la política. La Argentina tiene un problema serio: siempre está mirando la coyuntura. No hay política de Estado, nos concentramos en el pasado y tenemos miopía de futuro. La sociedad deberá planificar su futuro, pensar en el largo plazo. Del gobierno nacional me gustan algunas cosas y me disgustan otras. La presidenta es una persona con mucha experiencia y tenemos que aprender de ello como lo hacen otros países desarrollados.

—Hablemos de cuestiones políticas más terrenales. ¿Lo seduce más Cobos o Sanz?

—Tengo excelente relación con Sanz, quien generosamente me invitó al acto del cual le hablé. También tengo excelente relación con Cobos y, hace poco, estuve compartiendo un acto con Binner y Stolbizer. Además, Pablo Javkin, de la Coalición Cívica es mi amigo. Pero el futuro de la oposición depende de su paradigma, no sólo con criticar se mostrará atractiva con la sociedad. El paradigma superador es el conocimiento.

—Tendrá una ventaja comparativa cuando sea candidato: conoce usted como nadie el cerebro de los votantes.

—No evalué una candidatura, nunca dije que voy a ser candidato. Ahora soy rector de la Universidad Favaloro, de Ineco, y quiero contribuir al país desde Unen pero abierto a sembrar el paradigma del conocimiento. Las ideas están por encima de candidaturas y posicionamientos. A la Argentina le costó muy caro olvidarse del futuro.

—¿Hay una enfermedad del poder o eso es un reduccionismo poco científico?

—Se llama síndrome de Hubris. Pero eso le puede pasar al jefe del supermercado que está en la esquina del diario. Es una característica de la gente que tiene algún poder, no es una enfermedad, es una descripción de personas con poder. Son características que adquiere la gente con poder crónico, y se da en todos los niveles. En la política argentina hay que discutir ideas y no psiquiatría o diagnósticos médicos.

—En el libro suyo hay un capítulo en el que se comprueba que el ciudadano, muchas veces, vota por la emoción más que por la razón.

—Por la emoción y por la cara. No todos. Obviamente que hay un voto racional, ideológico, calculado. Pero una parte importante de la población, sobre todo la que no sabe nada de política y ve mucha televisión, decide por los rasgos faciales y por la emoción. El cerebro trabaja así. Si nosotros dos nos caímos bien en la primera impresión después lo justificamos: vos dirás que yo soy un buen tipo y yo haré lo mismo. Hay un experimento muy interesante de la Universidad de Princeton.

—¿Cómo es?

—Se trata de un colega y amigo, Alexander Todorov, quien fue a Nueva Zelanda y reunió a chicas de entre 19 y 20 años que no sabían de política americana. Les mostró pares de fotos de gente no muy atractiva y les pidió que decidan por el que más les gustaba, en todos los casos eran candidatos para el Congreso americano: el 77 por ciento coincidió con los que, al fin, ganaron las elecciones. Las caras con rasgos competentes, las de estar a cargo, tienen una atracción especial para el votante.

—¿Y cómo maneja usted el estrés de haber estado al lado de la presidenta en momentos tan delicados y no poder revelar ningún dato? Hasta en los asados con sus amigos, éstos les querrán preguntar cómo se encuentra Cristina.

—Lo hago respetando la ley: la salud de la presidenta es un secreto de Estado y todo se comunicó en los partes que sobrevinieron al proceso de intervención en la Fundación Favaloro. A esos partes los escribí sin injerencia de la política, y se comunicó bastante bien a la sociedad.

—¿Y qué reflexión le merece que cuando la presidenta estaba en el posoperatorio se dijese que los motivos de salud le impedirían seguir ejerciendo el poder y que ahora ya se hable, en cambio, de su continuidad en un cargo legislativo para el Mercosur?

— Yo no leía mucho los diarios porque estaba concentrado en mi trabajo con la presidenta y no quería distraerme, pero algunos me comentaban lo que salía en los medios y evidentemente había una distorsión entre eso y la realidad.

—En eso le da la razón a Cristina.

—En ese aspecto sí.

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