Política

Macri sumó de todos lados para ganar Santa Fe

Los desplazamientos que pintaron de amarillo la provincia no se explican en forma unívoca. Se dieron desde todos los partidos políticos.

Miércoles 30 de Octubre de 2019

¿Qué pasó en Santa Fe para que Mauricio Macri produjera la inesperada remontada que le dio el triunfo en la provincia? En apenas dos meses, Juntos por el Cambio trepó los diez puntos que le había sacado Alberto Fernández en las elecciones primarias y añadió uno más para terminar arriba. Los desplazamientos que pintaron de amarillo el mapa provincial no se explican con unos pocos movimientos. Son traslados que ocurrieron en todos los espacios y que obedecen a identidades ideológicas tanto o más que a escenarios económicos.

Si algo no puede hacerse de las elecciones provinciales de junio a las del domingo es buscar continuidades firmes al interior de los partidos. Las adhesiones no son rígidas y se redibujan según el candidato que cada espacio lleve o las opciones de cada coyuntura.

Omar Perotti ganó en Santa Fe las elecciones a gobernador hace cuatro meses con el 40 por ciento de los votos, lo que significó el apoyo de 740 mil electores. Para su victoria fue fundamental la concurrencia de todos los sectores del peronismo. Dirigentes que estuvieron en veredas opuestas durante el kirchnerismo pero que reconocen una común pertenencia al justicialismo superaron distancias y sellaron una unidad que se tradujo en el triunfo.

Pero aunque las dirigencias se presenten juntas lo que hoy están fuertemente fragmentadas son las bases que en cada ocasión sustentan a los partidos. Detrás del voto a Perotti hubo electores que antes lo fueron de sectores más conectados con tradiciones más liberales u ortodoxas del peronismo, como las que en los 90 respaldaron a Carlos Reutemann. Para estas franjas el macrismo, como lo fue para el propio Lole, es un espacio más amigable que el kirchnerismo.

Perotti manejó su exitosa campaña con total conciencia de ese matiz. Demoró lo más que pudo en definir su adhesión presidencial, no porque no la tuviera sino para no ahuyentar a esos votantes peronistas que lo podrían acompañar, pero que no se sentían cerca de Cristina Kirchner, en una provincia donde los postulantes más identificados con el kirchnerismo habían sido derrotados al disputar la gobernación: Rafael Bielsa en 2007 y Agustín Rossi en 2011.

Escenario

En el departamento Castellanos, donde juega de local, Perotti sacó el 42 por ciento de los votos el 16 de junio. En ese mismo territorio Fernández obtuvo el 30 por ciento el domingo pasado mientras que Macri alcanzó el 61. Se trata de un distrito en los que, como otros de la provincia, tiene mucho peso la ruralidad que enfrentó en 2008 a Cristina a raíz del conflicto por las retenciones móviles, dividiendo aguas al interior del justicialismo.

Los dirigentes políticos son una cosa, sus electorados otra distinta. Los principales referentes socialistas se pronunciaron en contra de Macri. Pero para la recuperación del presidente en Santa Fe los votantes históricos del partido de la rosa o del Frente Progresista parecen haber hecho una notoria o decisiva contribución. De hecho en Rosario Macri ganó en todas las seccionales del área central donde en junio Pablo Javkin se aseguró la Intendencia. También fue significativo el declive del candidato elegido por el socialismo y el radicalismo no macrista. En el tránsito de las Paso a las generales Roberto Lavagna perdió casi cuatro puntos. En junio en Santa Fe el candidato del Frente Progresista, Antonio Bonfatti, conquistó 660 mil votos. Lavagna, elegido por el sector mayoritario del mismo espacio para presidente, ahora obtuvo 238 mil.

Al repunte de Macri también parece haber aportado en Santa Fe la caída de José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión. Pero para que Macri pase de 663 mil a 909 mil votos en la provincia en 70 días cada espacio contribuyó con su cuota. Tanto Javkin como Perotti ganaron, cierto que en proporciones distintas, con votantes que el domingo optaron por Macri. Los sellos o alianzas partidarias no dominan esa paleta de colores superpuestos que, con sus migraciones, forman sus insumisos adherentes. Sobre todo los ocasionales, que escogen su boleta según los contendientes en juego, y según el nivel que se vote.

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