Política

Luces amarillas en el tablero del gobierno por la curva descendente de la imagen de Alberto Fernández

La profundización de la crisis y el estilo de liderazgo, las principales causas de la caída del presidente, coinciden investigadores de opinión pública.

Domingo 11 de Octubre de 2020

Después de alcanzar el pico de aprobación al comienzo de la cuarentena, con la profundización de las crisis y el regreso a un clima agrietado la imagen de Alberto Fernández y de su gestión comenzaron un sostenido trayecto descendente. Antes de las causas, los números. En el último estudio de la consultora Zuban-Córdoba el nivel de aprobación del gobierno coincide con la imagen personal de Fernández: ambas se ubican entre el 50 y 52 por ciento.

“Estamos observando que el gobierno está perdiendo adhesión a un ritmo de entre 5 y 8 puntos mensuales, y no hemos verificado que este fenómeno se haya interrumpido, desacelerado o aumentado de velocidad”, señaló a La Capital uno de los directores de la consultora, Gustavo Córdoba.

En su opinión, más allá de la imagen personal o la aprobación de gestión la pregunta crítica del cuestionario es sobre el rumbo del país. Los números son negativos para el gobierno: un 50 por ciento cree que la Argentina va en la dirección incorrecta y sólo el 39 por ciento considera lo contrario.

Los datos recogidos por Synopsis son todavía más negativos para el oficialismo. “De acuerdo a nuestro último registro, que corresponde a la segunda semana de septiembre, Alberto Fernández tiene una imagen negativa de 48,7 por ciento, positiva de 37,8 por ciento y 11 neutra; si abrimos ese punto medio la imagen negativa de 56,1 por ciento, y la positiva 41,4 por ciento —indicó su director, Lucas Romero—. En relación a la evaluación de gobierno, los números son más bajos: 36,5 por ciento positiva, 47,9 negativa y 14,3 regular”.

Por su lado, la consultora Innova aporta una foto sobre Rosario y la región. Aquí la imagen personal y la evaluación positiva de gestión supera el 60 por ciento, frente al 35 por ciento de reprobación. “Es un porcentaje considerable de aprobación, pero que muestra una caída constante desde marzo —alertaron sus titulares, Martín Ostolaza y Guillermo Variego—. En figuras de tanta exposición como es un presidente, la imagen de su gobierno como su imagen personal suelen ser coincidentes. Como referencias podemos señalar que Omar Perotti gira alrededor del 55% de aprobación, y Pablo Javkin alrededor del 70%”.

Ahora sí, los por qué. Los consultores plantean diversos factores. Para Celia Kleiman, directora de Polldata, el descenso de Fernández empezó cuando la agenda del Ejecutivo viró hacia temas que no coinciden con la agenda de una porción significativa de la sociedad, como la expropiación de Vicentin, o la reforma judicial, junto con la prolongación de la cuarentena, que causa irritación en un segmento minoritario.

A estos elementos, la consultora agregó otros dos: un cambio en el tono del discurso del presidente, que lo alejan en su opinión de la figura de líder racional que había construido al comienzo de la pandemia, y el desarrollo que acciones —como el caso del conflicto por los jueces trasladados— que son decodificadas por un sector como fruto de la influencia de Cristina Kirchner.

En la misma línea, Romero identifica tres factores. “El primero es económico: Fernández recogió como principal mandato electoral poner en marcha la economía y ya el 55 por ciento lo responsabiliza por lo que está sucediendo en este terreno más allá de la pandemia —remarcó el consultor—. El segundo es sanitario: los niveles de aprobación sobre el manejo de la crisis cayeron del 77,8 por ciento a fines de marzo al 35 por ciento en la segunda semana de septiembre, probablemente por el manejo de la cuarentena como principal crítica. El tercero es político: el Albero Fernández que ganó las elecciones se presentaba ante el electorado como una figura distinta y en este proceso se ha mimetizado con Cristina”.

Agendas y liderazgos

En este marco, el interrogante es de qué puede aferrarse para torcer el rumbo, en un contexto endiablado y plagado de restricciones económicas, sociales y políticas.

Córdoba sugirió al gobierno enfocarse de manera urgente en la agenda económica. “Es el único parámetro que le va a permitir sortear con algún grado de éxito lo que resta del año y, sobre todo, encarar el año próximo y las elecciones intermedias”, sostuvo.

En el mismo sentido, Kleiman planteó que Fernández “debería lograr reconfigurar ese combo de liderazgo empático racional que tan buen resultado le generó en un comienzo y alinear su agenda con las demandas mayoritarias de la sociedad”, que hoy pasan por la economía.

Ostolaza y Variego destacaron el factor comunicacional. Como decía el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso: gobernar es explicar. “El gobierno debe, no sólo centrarse en las medidas que la coyuntura requiere, sino que debe hacer grandes esfuerzos comunicacionales para enmarcar sus justificaciones, más aún por cómo está configurado el ecosistema mediático nacional. Irse hacia otras agendas lo alejan de esas demandas mayoritarias y urgentes, a la vez que lo llevan a zonas de pasión en las cuales inevitablemente se agrieta y pierde”, alertaron los especialistas.

La polémica por el voto de Argentina en la ONU sobre la situación en Venezuela es un ejemplo de esta incursión en agendas pantanosas.

Pragmatismo

Ostolaza y Variego consideraron que el tema Venezuela es una batalla interpretativa perdida para el peronismo. “El gobierno necesita pragmatismo, gestos y decisiones técnicamente acertadas en el día a día para recuperar confianza y autoestima. Esta decisión, como todas, genera riesgo pero en este caso puntual, son mayores los dividendos”, dijeron los investigadores.

Pero además, el episodio puso en cuestión al menos otras dos cuestiones: las divergencias y la dinámica interna de la coalición en el gobierno, y el tipo de liderazgo de Fernández.

“La elección del año pasado nos dejó un bicoalicionismo de tinte electoral más que programático, no hay unanimidad de criterio respecto de la orientación de la política en términos generales, lo que es más relevante en el caso del oficialismo que en el de la oposición”, dijo Romero.

 Y agregó: “El otro aspecto es que Alberto ejerce un liderazgo poco centralizado respecto al proceso de toma de decisiones. Pareciera que ejerce la presidencia en modo de jefe de Gabinete, se preocupa más por buscar los consensos internos a la hora de definir las políticas que por imponer una decisión con autoridad. En el medida en que se complique el panorama económico, social y sanitario va a requerir de un proceso de centralización del ejercicio del poder, que hoy no se está viendo”.

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