Política

Lilita Carrió: "Soy una jugadora que quiere reunir a todo el no peronismo"

Elisa Carrió sigue adelante con su candidatura presidencial, insiste en que el Frente Amplio Unen (FAU) tiene que ampliarse, advierte sobre un escenario próximo de crisis.

Lunes 29 de Septiembre de 2014

Elisa Carrió sigue adelante con su candidatura presidencial, insiste en que el Frente Amplio Unen (FAU) tiene que ampliarse, advierte sobre un escenario próximo de crisis que obligará a posiciones de "unidad nacional" y lanza una definición contundente: "Hay un jugador que trabaja para la unión de todo el peronismo: Eduardo Duhalde. Yo soy la jugadora que quiere reunir a todo el no peronismo".

En una entrevista con LaCapital, luego de participar del Congreso de Economía de la Fundación Libertad, Lilita asegura que el carterazo contra Pino Solanas fue un "gesto político que ordenó a Unen" y respaldó las chances de la candidatura a intendente de Rosario de Pablo Javkin: "Puede ser un gran intendente, pero si hace las alianzas correctas con todo el arco no peronista".

—¿No es un bumerán para el FAU tener tantos precandidatos a presidente?

—Depende. En la ciudad de Buenos, en 2013, presentamos 5 listas y ganamos las Paso. Depende de la voluntad de los otros. La construcción tiene que ampliarse, tiene que haber unidad nacional si la situación se vuelve muy difícil para la Argentina, que es algo posible.

—¿El carterazo contra Pino Solanas sirvió para ordenar la interna?

—No fue un carterazo, era un sobre muy pequeñito y muy chic. Fue un gesto político para que no me moleste. Yo respeto profundamente la decisión de los otros, las decisiones se tomarán en asambleas partidarias, pero está todo bien. Creo que Pino regresó del plantazo de una mujer.

—¿Observa un escenario de polarización entre el peronismo y el no peronismo?

—Sí. Hay un jugador atrás de todo eso, que es Duhalde, aunque no opere en la superficie. El quiere juntar al peronismo. Y yo soy otra jugadora, pero que quiere reunir a todo el no peronismo, de allí que mis esfuerzos a veces no se entiendan. La idea es gobernar el país desde la república, los principios y cambiar la raíz del narcotráfico. Hay que ir a una alianza más amplia. Para eso hay que plantear que los delitos de ahora y de antes sean imprescriptibles, y para eso hay que tener inteligencia estratégica y generosidad política. Está en la mano la victoria del no peronismo en 2015, pero depende de la estrategia y de la generosidad. Muchas cosas no se hacen por razones de cargos, de mezquindad. Alfonsín, en el 83, superó a la mezquindad de su propio partido y forjó una alianza social y política muy amplia para llegar al poder.

—Es un fin de ciclo extraño: el gobierno gana todas las elecciones en el Parlamento y la presidenta, lejos de ponerse a la defensiva, terminó la semana atacando a EEUU, Alemania e Israel.

—Algunos se van para adelante y otros para atrás. Siempre se dijo que, a diferencia de De la Rúa, el peronismo no se toma el helicóptero.

—¿Lo tira encima?

—(Se ríe) Tal cual, lo tira encima, pero es humo. Es una dictadura de la mayoría, pero ya sin sustento, es el final del populismo. Es como la ley de unificación de los códigos, es absolutamente inconstitucional por el proceso de formación y sanción de las leyes. Y también estamos en un esquema delirante desde el punto de vista político: decirle al Papa que la está por matar un grupo islámico demuestra que hay cierto delirio. Hay una magnificencia de sentirse importante cuando la importancia la dio L'Osservatore Romano al darle un pequeño espacio al final de todas las reuniones del Papa. La Argentina está muy difícil, muy aislada del mundo y tiene una presidenta, vista desde afuera, que lo único que produce es mayor escozor mundial. Y esto es en todos lados.

—Usted tuvo una muy buena relación con Francisco cuando era Bergoglio.

—Y sigo teniéndola, con Jorge Bergoglio. Pero no me saco fotos con el Papa, porque no usa la religión.

—¿Y cómo lee las recurrentes reuniones de la presidenta con el Papa y el ya mítico "cuiden a Cristina"?

—La verdad es que a la sociedad no le gusta verlo al Papa con algunos corruptos, es cierto, pero los objetivos de él son importantes: trabajar por la paz en el mundo y abogar por una transición democrática en Argentina. En eso tiene que hacer concesiones, porque de lo contrario Cristina lo va a poner como enemigo. Cristina si ve que un perro cruza mal la calle lo pone de enemigo. Por eso no votamos en contra de los holdouts, nos retiramos. Seguí el tema de la deuda día por día y vi cómo ella rompía todas las posibilidades de acuerdo. Esta apuesta too much de ella es irse rompiendo cada una de las instituciones. Intentó romper la Justicia, y ahora el Congreso. Yo sigo notificando cada acto institucional a la OEA, donde ya hay una carpeta enorme, para que ella al final no invente que es víctima de un complot. Cristina es víctima de su propia torpeza y de chiquillos gobernando.

—¿Le da crédito a esta teoría de que Cristina lo quiere a Macri como sucesor?

—Eso forma parte del microclima político. Nosotros tenemos que ganar la Nación.

—Muchos ven al FAU y recuerdan la Alianza.

—Pero el peronismo fue mucho peor y la gente lo sigue votando. El problema de la Alianza —de la cual yo fui disidente y voté en contra— fue no animarse a romper la convertibilidad por un pedido masivo de la sociedad, pero la convertibilidad la heredó del menemismo. Y no estoy dispuesta a pagar los errores del kirchnerismo como sí pagó la Alianza los errores del menemismo. El desastre en la Argentina siempre vino por el PJ. Empiezan muy bien, pero saquean el país y terminan muy mal, como todos los populismos dictatoriales. La gran diferencia con peronismos anteriores es la mediocridad, lo burdo, lo barroso del kirchnerismo. Se han caído culturalmente todas las instituciones políticas de la Argentina.

—¿Le sorprenden los niveles de inseguridad que hay en Rosario?

—Hace muchos años que lo vengo diciendo. Rosario está dividida. Cuando sucedió la tragedia de calle Salta fui al cementerio La Piedad, y ahí vi el lugar donde estaban los más pobres. Ahí vi a las dos Rosario. Acá hubo una descartelización política que produjo este tipo de bandas que son como presas que se dedican al delito.

—¿No es débil el discurso progresista respecto de la inseguridad? El procurador de la Corte santafesina dijo que el progresismo tiene una "tara" con la seguridad.

—No sé que es progresismo. Progresistas en la Argentina fueron los que fundaron las provincias. No se es progresista por el matrimonio gay o por cuestiones feministas, ser progresistas es desarrollar social y culturalmente a la sociedad. Por algo mi libro se llama "Humanismo y libertad", es la única opción. Hay que regresar al escenario de la ley, pero la ley es para todos y se aplica a todos. Solucionar el problema de la injusticia y la pobreza es otra cosa, hay que poner las mejores escuelas y no un casino. Ahora a la ley la tienen que cumplir todos. La tiene que cumplir el presidente de la República y el último pobre. De lo contrario siempre hay excusas, o porque sos poderoso y tenés que hacer negocios, que necesitás plata para la política o que no podés comer. No hay excusas para el delito, puede haber atenuantes. La gente está presa en sus casas.

—¿Cómo es eso?

—La sensación es de vivir en prisión en las propias casas por culpa de la inseguridad. Lo vi días atrás cuando entré a una casa, en Lanús Oeste, de dos abogados amigos: sentí que estábamos en prisión. La calle está tomada por la policía y el delito, que son cómplices, como en Santa Fe. Esto viene desde hace 50 años. Mire, cuando yo era chiquita, lo que más se me grabó fue la primera coima en el puesto de la comisaría de Esperanza, adonde pasábamos con mi familia para ir a Córdoba. Lo que empezó por el juego, hoy es trata y narco.

—¿Javkin será candidato a intendente del Frente Progresista?

—Seguramente, y será un gran intendente si hace las alianzas correctas con todo el arco no peronista. Pero yo no me meto, él es el presidente del partido.

—¿Incluso con el PRO?

—En las provincias las distinciones son mentirosas. Hay que distinguir entre la buena gente y la mala gente, y de eso hay en todos lados. Hay que volver a la tradición cultural del humanismo.

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