Miércoles 14 de Junio de 2023
A las 9 de la mañana del 14 de junio de 1982 fue enviado un mensaje a la guarnición argentina. El recado decía textualmente: “No vale la pena seguir combatiendo. El honor argentino ha sido comprobado. Es hora de frenar la lucha y evitar más bajas. Les ofrezco iniciar conversaciones de rendición. Tienen tiempo hasta las 13 horas”. La orden para iniciar el contacto fue encomendada al capitán Rod Bell, de los Royal Marines, que dominaba el español por haber vivido en Costa Rica.
A la misma hora, el presidente Galtieri hablaba con el general Menéndez, gobernador militar en Malvinas. “Hay que sacar a los soldados de los pozos. Hay que contraatacar”, le ordenó Galtieri. La respuesta de Menéndez dejaba notar escaso respeto por su superior. “Vea, yo creo que usted no me entiende. Yo ya le expliqué la situación al general Iglesias, señor. Ya no tenemos apoyos propios. Ni apoyo aéreo y naval. Ya todo el esfuerzo que se podía hacer se hizo”.
“Nosotros no podemos aceptar la 502”, replicó Galtieri, en referencia a la resolución de la ONU que había ordenado el cese de las hostilidades desde el 3 de abril. La discusión siguió sin rumbo por algún lapso hasta que Galtieri, contrariado, terminó por desdecirse. “Actúe según su criterio Menéndez”. A lo que el comandante de las fuerzas en Malvinas repuso: “Mi general, si no tiene nada más para mí, corto y fuera”.
¿Pero cómo se había llegado a esta situación de incapacidad de movimiento de las fuerzas argentinas? (*) Todo se había precipitado en contra desde un momento capital de la guerra: el desembarco de las fuerzas británicas. Desde entonces las tropas extranjeras avanzaron. No sin sufrir pérdidas materiales y en vidas humanas. Pero una vez que las brigadas hundieron la suela en la turba ya no retrocedieron.
El 9 de mayo, la flota británica había concretado un intenso bombardeo naval sobre la isla Soledad, con el objeto de facilitar el desembarco inglés en San Carlos, en la zona central. Los británicos habían obtenido información por medio de reconocimientos aéreos y de inteligencia de cómo estaba organizada la defensa argentina. Supieron lo esencial: los argentinos habían concentrado sus principales unidades de defensa en los alrededores de Puerto Argentino. Había hasta allí unos cien kilómetros con poca resistencia.
Algo que fue muy importante era saber que el estrecho de San Carlos no estaba minado. Los británicos, que tenían casi 150 años de haber ocupado las islas, conocían muy bien el área y así podían determinar el lugar de desembarco. En consecuencia, se decidieron por la zona de San Carlos.
Un grupo de comandos efectuaron reconocimientos para ello. Se encontraron con la importante noticia de que no había fuerzas argentinas en dicha zona. Mientras tanto, la fuerza británica había zarpado de la isla Ascensión en dos grupos: el primero constituido por cinco barcos de apoyo logístico y un barco de transporte con un Comando de la Brigada 45 de los Comandos reales, un buque de apoyo logístico y tres fragatas de escolta. Adicionalmente, embarcaron al Comando Logístico de los Royal Marines, el 59 Comando de Ingenieros Reales, el 29 Comando de Artillería Real, una Batería de 12/o Regimiento de Artillería y un escuadrón de “The Blues and Royals”.
El segundo grupo partió el 8 de mayo, constituido por dos buques de desembarco anfibio, el trasatlántico “Canberra” con los Comandos 40 y 42 disminuida, el Batallón 3 Paracaidista y tres buques de transporte: el Norland), el Europic Ferry y el Atlantic Conveyor.
Por información del Servicio Especial Aéreo (SAS), se sabía de la guarnición argentina de la isla Borbón contaba con una estación de radar, 150 infantes de marina, 9 aviones Pucará y un avión de transporte Skyvan. En la noche del 14 de mayo 45 comandos británicos desembarcaron y en un rápido ataque apoyados por los cañones del destructor HMS Glamorgan destruyeron todos los aviones e importantes equipos argentinos.
Esto abrió las puertas de la entrada norte del canal de San Carlos y fue la llave del éxito de los recién llegados. El 19 de mayo mientras se llevaban a cabo las acciones preliminares, ocurrió un accidente: un helicóptero Sea King chocó con un ave, un albatros, y cayó al mar. Murieron 23 británicos.
En tierra
Finalmente, llegó el 21 de mayo, día D para el desembarco. En la tarde del 20 de mayo, veinte buques británicos habían enfilado hacia su objetivo. Al mismo tiempo se efectuaron algunas operaciones distractivas para desorientar a los argentinos. Así, varias horas antes del desembarco principal hubo una acción contra el promontorio de Fanning Head, donde había una pequeña guarnición argentina de 2 secciones del Regimiento 12 de Infantería. Los argentinos no presentaron combate y se replegaron, pero se mantuvieron en observación.
El desembarco se llevó a cabo tal como estaba planificado. Dieciséis barcos avanzaron con personal y material apoyados por helicópteros Sea King. Una vez efectuado el desembarco, el Comando 40 se dirigió a las montañas verdes al noreste de San Carlos y el Batallón 2 de Paracaidistas se dirigió a los montes Sussex, a fin de impedir algún avance argentino procedente de Darwin.
El segundo grupo desembarcó en el puerto de San Carlos a fin de proteger el flanco norte de la cabeza de playa. En tanto que la reserva quedó constituida por el comando 42 a bordo del Canberra. A las 07.30, las fuerzas británicas se habían establecido en la cabeza de playa y de inmediato procedieron a desembarcar provisiones, material y vehículos.
Empezaba el final de la guerra. Pero el avance distó mucho de ser un paseo. Un helicóptero Gazelle británico fue abatido por fuego argentino, otro helicóptero del mismo tipo fue sorprendido y también fue derribado. Durante los días siguientes las fuerzas navales británicas tuvieron que enfrentarse a la acción demoledora de las eficaces fuerza aérea y fuerza aeronaval argentinas, reconocidas incluso por sus pares británicos.
El primer avión argentino en presentarse fue un Aermacchi, pilotado por el teniente de corbeta Guillermo Owen Crippa, quien atacó y dañó levemente a la fragata HMS Argonaut. A las 09 horas se produjo un nuevo ataque argentino con aviones Pucará, que no tuvo mayores consecuencias. Minutos más tarde hubo otro ataque de la aviación argentina procedente de bases en el continente. La fuerza aérea argentina continuó con sus ataques hasta el 25 de mayo, produciendo importantes pérdidas a los británicos, pero también a un elevado costo propio.
Como resultado de estos ataques la fragata HMS Ardent resultó hundida con un saldo de 24 muertos y 36 heridos. La fragata HMS Argonaut fue seriamente averiada. El destructor HMS Antrim y las fragatas HMS Brilliant y HMS Broadsword también fueron ligeramente averiadas. Sin embargo, los británicos continuaron asegurando la cabeza de playa. El transporte Canberra abandonó las aguas donde se encontraba para estar más seguro en otra zona. Para el día 21, los británicos habían logrado desembarcar 3 mil efectivos y mil toneladas de abastecimientos.
El día 22 fue aprovechado por los británicos debido a las malas condiciones meteorológicas que impidieron la actuación de la fuerza aérea argentina. El día 23, la aviación argentina volvió a atacar. La fragata HMS Antelope entró en el estrecho de San Carlos para sustituir a la HMS Ardent, pero también fue alcanzada ese día por la aviación argentina, gravemente averiada se hundió al día siguiente.
El 25 de mayo los británicos pensaron que por el día patrio argentino habría una ofensiva. Pero las defensas respondieron eficazmente a las oleadas de aviones argentinos, dos Mirages fueron abatidos por misiles Sea-Dart, desde el HMS Coventry, después fue derribada una segunda aeronave, el sistema Rapier dio cuenta de otro y el HMS Yarmouth de otro más.
Los argentinos volvieron a atacar, esta vez con más suerte, ya que hundieron al HMS Coventry: 19 hombres murieron y 283 lograron salvarse, entre ellos su capitán Hart-Dyke. Más tarde, los argentinos volvieron a atacar esta vez al Atlantic Conveyor, que fue averiado gravemente. Cuatro helicópteros Chinook de gran capacidad se perdieron en ese ataque.
A pesar de todo, las pérdidas argentinas fueron un problema casi definitivo: un tercio de la flota aérea nacional había sido destruido y se había perdido un importante número de pilotos. La cabeza de playa inglesa, de 10 kilómetros de profundidad y quince de frente, se había consolidado. Habían desembarcado 5.500 hombres y 5 mil toneladas de municiones y abastecimientos. Esta base se convirtió en un punto de partida formidable. Con ella se estableció una base aérea avanzada que empezó a ser operativa para los Harrier, Sea Harrier y helicópteros a partir del 5 de junio.
Los británicos ahora estaban en condiciones de marchar hacia Puerto Argentino, pero antes debían eliminar a las tropas argentinas acantonadas en Darwin y Goose Green, ya que dichos efectivos eran una amenaza al flanco del avance británico. La citada pérdida de helicópteros creaba un problema grande de movilidad, ya que las tropas británicas tenían que desplazarse por tierra, en un terreno muy difícil e inhóspito.
La batalla de Darwin y Goose Green fue encarnizada, cuerpo a cuerpo, heroica. Los efectivos argentinos allí eran una amenaza al flanco del avance británico. La pérdida de helicópteros Chinook creaba un problema grande de movilidad, ya que las tropas británicas tenían que desplazarse por tierra, en un terreno muy difícil e inhóspito.
Finalmente se ordenó la marcha hacia Goose Green: el 27 de mayo después de una marcha de aproximación nocturna el Batallón de Paracaidistas 2 alcanzó la posición de Camilla Creek. Poco más tarde, con el apoyo del fuego naval cayó Darwin. Después la fuerza se dirigió hacia Goose Green, pero encontró fuerte resistencia argentina. En el ataque murió el comandante británico del Batallón de Paracaidistas 2 teniente coronel Herbert Jones, quien fue sustituido por el mayor Chris Keeble. Al atardecer los paracaidistas capturaron el aeródromo y al caer la tarde pusieron cerco a Goose Green.
Esa misma noche, el mayor Keeble, por medio de dos prisioneros argentinos, estableció contacto con el comandante argentino. A las 09 del día 29 obtuvo su rendición. Los argentinos sumaban cerca de mil hombres. Había 17 bajas británicas y 250 argentinas. En esta ocasión se vio que la guarnición argentina estaba compuesta por conscriptos muy jóvenes, carentes de la necesaria instrucción y que se enfrentaban a soldados británicos profesionales.
El objetivo de esta batalla fue evitar la amenaza al flanco británico y constituyó un triunfo moral británico, ya que derrotaron a fuerzas muy superiores en número. El día 30, la Brigada 45 de los Royal Marines y el Batallón de Paracaidistas 3 alcanzaban Douglas, en una marcha agotadora debido a las condiciones del terreno, además de chubascos helados y fuertes vientos. Ese día el general Jeremy Moore se hizo cargo del mando de las fuerzas terrestres. El 1° de junio llegaron los Guardias galeses y escoceses y los Gurkhas de Nepal. El Batallón 3 se desplazó a Estancia House y ocupó las alturas del flanco oeste de la ruta de avance, la 42 Brigada ocupó el monte Challenger,
Así, consolidadas las posiciones clave del avance, el general británico ordenó avanzar con rapidez hacia Puerto Argentino. Llevaba un Regimiento de Artillería de 105 milímetros con mil granadas por pieza. El 3 de junio, los británicos ocuparon Fitz Roy, posición muy importante en el avance hacia Puerto Argentino. El 4 de junio, unidades del Batallón de Paracaidistas 2 y los Gurkhas avanzaron hacia Puerto Argentino. Las noches del 5 al 6 y del 6 al 7 de junio llegaron los Guardias Galeses y parte de los escoceses.
El fin
El 8 de junio hizo buen tiempo y los barcos HMS Sir Galahad y HMS Sir Tristan fueron atacados por los argentinos: ambas naves tuvieron que ser abandonadas, el HMS Sir Galahad se incendió y 50 hombres perdieron la vida. Pero ese mismo día una patrulla británica de Sea Harrier derribó cuatro Mirages argentinos.
El 10 de junio el general Thompson ordenó tomar los montes Dos Hermanas, Harriet, London y Goat Ridge. El Batallón 3 recibió instrucciones de ocupar el monte Longdon, apoyado por parte del 2/0 Batallón de Paracaidistas puesto que era la posición mejor defendida por los argentinos. Al sur la Brigada tomaría Dos Hermanas y la Brigada 42 atacaría Monte Harriet, con apoyo artillero considerable: se dispararon 3 mil granadas solo en la noche del 11 al 12 de junio. La noche del 11 al 12 de junio se ordenó un ataque nocturno con tres batallones.
En Monte Longdon estaba el Regimiento 7 argentino que opuso una eficaz resistencia. Le ocasionó 22 muertos y 43 heridos a los atacantes británicos. En contraste, en Dos Hermanas los británicos encontraron poca resistencia. El resto del Regimiento defendía Monte Harriet que cayó en manos ingleses con tan solo una baja. Durante esa noche hubo otras rendiciones argentinas.7 Hubo un ataque argentino desde la costa sobre el HMS “Glamorgan” que fue alcanzado por un Exocet disparado desde tierra, lo que le causó 13 muertes a la tripulación.
Al día siguiente se efectuaron tiros de la artillería inglesa, para finalmente el 14 junio a las 03 horas iniciar la ofensiva sobre Puerto Argentino. El ataque se llevó a cabo en forma simultánea por todas las tropas británicas disponibles, particularmente tropas de infantería apoyadas por artillería terrestre y cañones navales, incluso hubo lugares donde hubo asaltos con bayoneta
Los Gurkhas avanzaron por el norte y los galeses por el sur. Al amanecer los Gurkhas estaban en Monte William y el Batallón 2 de Paracaidistas en Wireless Ridge, desde donde podían observar la retirada de las tropas argentinas hacia Puerto Argentino bajo condiciones meteorológicas muy difíciles, con viento muy frío y nieve.
Hace dos meses el general Martín Balza le contó a La Capital en una entrevista sus recuerdos de esa última noche, la del 14 de junio de 1982. Era un teniente coronel a cargo de una unidad de algo más de 300 hombres en los alrededores de Puerto Argentino. “Estos soldados hicieron mucho más de lo que se les pidió. En total inferioridad dispararon hasta el mediodía del 14 de junio. Nunca me voy a olvidar del esfuerzo de ellos. Los fuerte sapucay a la noche de cientos de estos muchachos en la oscuridad de la batalla. Esas voces juveniles mientras respondían la superioridad de un fuego muy nutrido. Lo que le transmito me lo voy a llevar a la tumba".
>>Leer más: Balza: "Pensaba que, completamente superados, íbamos a combatir hasta el final"
“Combatimos hasta las 11 de la mañana”, le dijo Balza a este diario. Yo tenía posiciones de fuego al sur y al oeste de Puerto Argentino. Tenía tres baterías, con obuses de 105 milímetros, con alcance de diez kilómetros. Y tenía dos piezas de artillería pesada con alcance de 20 kilómetros. Como todo fue improvisado solo me llegaron dos piezas”. En esas condiciones llegó el alto el fuego.
Carlos Bloomer-Reeve, vicecomodoro argentino que participó en las negociaciones de capitulación, recordó cómo siguió la jornada en que Argentina finalizaba sus acciones ese 14 de junio. “A las 16 horas aterrizó un helicóptero en la cancha de fútbol ubicada entre el Hospital y la Casa del Gobernador. Los recibimos Hussey y Patrick Watts, director de la radio local. En el helicóptero venía el capitán Bell y el teniente coronel Mike Ross comandante del SAS. Al llegar a la secretaria general estaba el general Menéndez y Javier Miari, abogado experto en la Convención de Ginebra y en leyes tratados militares”.
Bloomer Reeve contó que se discutieron las condiciones de la rendición y se pidieron condiciones. Estas fueron que no hubiera un desfile de rendición. Mantener un helicóptero para evacuar los heridos a un barco hospital argentino. Que se conservan los fondos en pesos y documentos contables. Que se mantuviera el mando de las tropas hasta su embarque o rendición. Mantener comunicación con Argentina continental. Que los oficiales mantuvieran sus armas hasta el embarque o internación.
Por su parte los ingleses establecieron como condiciones: La evacuación de la ciudad por las tropas argentinas, la entrega de armamento. Y compromiso y seguridades de que la fuerza aérea argentina no atacaría.
El documento de rendición quedó finalizado. Firmaron el general Menéndez, quien tachó la frase “rendición incondicional” y lo sustituyó por “capitulación”. Esto significó el fin de 74 días de lucha, con 649 argentinos muertos y 255 bajas británicas. Más de 11.800 soldados hechos prisioneros fueron retornados a casa.
Después de la derrota, entre el 14 y el 15 de junio, en Buenos Aires el jefe del Estado Mayor del Ejército, general José Vaquero, se reunió con los generales de división para encontrar una salida. Posteriormente se trasladó a la casa de Galtieri quien aún dormía. Ahí le comunicaron que había dejado de ser presidente. El general Cristino Nicolaides fue nombrado nuevo comandante del ejército y ocupó su lugar en la Junta Militar. A finales de 1982, la Junta ordenó formar una Comisión de Análisis y Evaluación, presidida por el teniente general (RE) Benjamín Rattenbach, e integrada por el general Tomás Sánchez, el Almirante Pedro Varo, el Vicealmirante Jorge Boffi, y el Brigadier Mayor Francisco Cabrera.
Por último, la Comisión determinó la pena de muerte para Galtieri, basándose en el Código de Justicia Militar. La defensa apeló y la sentencia quedó sin efecto. Galtieri fue destituido y condenado a 12 años de prisión por su responsabilidad en la guerra de las Malvinas. Posteriormente el presidente Carlos Saúl Menem lo indultó en diciembre de 1990.
* (Con extracciones de diversos artículos del libro "A 40 años de la guerra de Malvinas: una mirada diferente")