Pandemia

"Las marchas anti cuarentena son una burla a la comunidad"

Daniel Feierstein, sociólogo y doctor en Sociología. Investigador del Conicet y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

Lunes 17 de Agosto de 2020

El sociólogo Daniel Feierstein plantea una mirada crítica de la estrategia sanitaria del gobierno nacional: asegura que los éxitos iniciales en el manejo de la pandemia conspiran contra la posibilidad de manejar la situación actual, en la que algunos distritos se deslizan hacia el temido colapso del sistema de salud, y que "nunca se tomó en cuenta las características de la sociedad argentina".

El autor de libros como "El genocidio como práctica social" y "La construcción del enano fascista" pintó ante La Capital un cuadro social inquietante, signado por el deterioro de las condiciones de vida de los sectores populares, el individualismo de las clases medias y el avance de "corrientes fascistas".

—¿Cuál es su balance de cómo enfrentaron las autoridades y la sociedad la pandemia?

—Esto es algo muy nuevo y es imposible que se hubiera hecho todo bien. Desde esa mirada, me parece que hubo aciertos y problemas. Algunos éxitos iniciales están conspirando ahora con la posibilidad de manejar la situación en este momento. Hubo algunos aciertos fuertes, sobre todo esa cuarentena temprana que logró prorrogar mucho la posibilidad de aumento de los casos, logró preparar el sistema de salud, incluso conocer otros tratamientos. Una cuestión que me preocupa mucho es que nunca se tomó en cuenta el aspecto más social, de comprender las características de la sociedad argentina en general, y la porteña en particular, y cómo eso afecta las distintas medidas.

—¿Cuáles características?

—Varias: inicialmente, el nivel de hacinamiento y de pobreza de las sociedades latinoamericanas que no existían en las sociedades de China y Europa con las que nos comparábamos al principio. Además, creo que la intervención de la IFE se hizo tarde y mal. Si bien es una buena estrategia, implicó muy poco dinero, muy espaciado en el tiempo y para nada suficiente para sostener a la población más necesitada al menos en sus barrios, si no fuera posible en sus casas. Otro problema fue no encarar una política muy temprana de trazabilidad, que tomaran en cuenta comportamientos sociales que eran esperables. En abril planteé pensar la cuarentena como lógica intermitente: alternar aperturas y cierres fuertes de entre dos y tres semanas, que es el ciclo del virus. Se insistió con la misma estrategia que está generando muchos problemas, esta cosa de hacer como que sigue una cuarentena que ya no existe. Lo dijo con mucha claridad el presidente (Alberto Fernández). No estamos en cuarentena, pero también es cierto que no se puede hacer todo. Así se genera un mensaje muy confuso, que ha generado mucho relajamiento en las medidas de protección y de cuidado.

—En redes sociales usted planteó su preocupación sobre la naturalización de la suba de casos y de las muertes. ¿Qué debería hacerse para revertir eso?

—En realidad, planteo que tenemos que revertir esta sensación de pospandemia, porque estamos en el peor momento. Esta idea de que lo peor ya pasó y se puede ir abriendo es un gravísimo error y es la representación que se va construyendo, sobre todo desde los anuncios oficiales. Los medios de comunicación, las organizaciones sociales, los políticos de oposición y toda una cantidad de actores tienen una enorme responsabilidad en no avalar esa lógica. Me llama mucho la atención que haya desaparecido de los medios el testimonio de quienes están en la primera línea, quienes trabajan en el área de salud con toda la fuerza, pero estamos muy cerca del colapso del sistema sanitario en varias jurisdicciones.

—¿Qué expresan a su entender las marchas anti cuarentena?

—Expresan la falta de existencia, o incluso la burla, respecto de lo que implica un lazo social, una comunidad. La decisión de salir a plantear un desacuerdo con cualquier medida de cuidado colectivo va más allá del alineamiento político y expresa una derrota enorme de nuestra sociedad, del campo popular, en el sentido de que haya tanta gente a la cual le sea totalmente irrelevante lo que nos pase como comunidad, la situación de los hospitales, la muerte. Sería muy útil tener la voz de los políticos de la oposición con responsabilidad de gestión, porque esas manifestaciones tendrán un efecto sanitario tremendo y tendrán un costo político para esos gobernantes.

—Desde la restauración democrática la sociedad argentina ha demostrado tener anticuerpos con el autoritarismo. ¿Pueden debilitarse esas defensas si se profundiza la crisis?

—Da la sensación de que sí. Es una situación preocupante. En la historia argentina las corrientes fascistas han sido siempre marginales. Eso explica que hemos tenido dictaduras, incluso una de ellas genocida, pero que sólo pudieron imponer esa dominación a través de la fuerza, no a través del consenso. Me preocupa que ahora estén avanzando con mucha fuerza y que empiecen a interpelar a mucha gente. Todavía no es una mayoría, pero es mucho más de lo que fue en otros momentos de la historia argentina. Tenemos que reaccionar con mucha fuerza para ver que el verdadero enemigo tiene que ver con esas corrientes fascistas, que ni siquiera son un partido en específico.

—¿Qué huellas cree que dejará la pandemia en la sociedad y la política argentina?

—Me cuesta pensarlo, porque está muy abierto. Dependerá mucho de nosotros: podemos aprovechar la pandemia para intentar recomponer los lazos de solidaridad, pero no me parece que esté apareciendo tanto. En ese sentido, llama la atención la ausencia de la voz de la izquierda: sería un momento para salir a confrontar con mucha fuerza el discurso neoliberal. Sin embargo, así como esto puede movilizarnos positivamente, también puede generar un aumento del sálvese quien pueda. La resolución dependerá de lo que cada uno de nosotros sea capaz de hacer.

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