Política

"Las instituciones del país, desde hace dos años, funcionan mejor"

El politólogo Vicente Palermo tiene una mirada positiva sobre Macri, pero con objeciones clave.

Domingo 28 de Enero de 2018

Vicente Palermo es un reconocido polítólogo, que preside el Club Político Argentino, un colectivo de intelectuales que tiene una mirada positiva sobre el gobierno de Mauricio Macri, pero sin dejar de objetar cuestiones clave de la marcha del Ejecutivo.

    En una entrevista con La Capital, Palermo va por ese costado, dice que la gestión es positiva, pero agrega que tiene "luces y sombres". Agrega que "los argentinos contentos con la marcha de la economía son pocos, y son pocos por muy buenas razones". Sin embargo, no trepida en afirmar que "desde hace dos años, las instituciones funcionan mejor". En ese contexto, mensura que "la relación del Ejecutivo con los gobernadores tiene una calidad que era impensable en tiempos K".

—¿Qué evaluación hace de estos dos años de gobierno de Cambiemos?

   —Con luces y sombras. Globalmente considerada la gestión, mi impresión es positiva. El gobierno heredó del kirchnerismo una Argentina destruida, un cuadro económico potencialmente explosivo y una situación social muy mala, unas instituciones extremadamente deterioradas y un aislamiento internacional alarmante. Por razones que no hace al caso ventilar aquí, decidió no ser enfático en la explicación de esta situación a la opinión pública. Pero esta herencia envenenada era real. En gran medida consiguió neutralizarla, evitar un estallido en el que la potencia destructiva se pusiera en acto. Esto no es poco. Por otra parte, separaría el análisis de la gestión del gobierno en tres dimensiones: la modernización del capitalismo argentino, el fortalecimiento de las instituciones republicanas, y la recreación de un sistema de partidos competitivo. En las tres, el gobierno está remando en dulce de leche. Cada esfuerzo es muy costoso y sus resultados son inciertos, acierta pero también se equivoca en muchas cosas, y está bien pedir más y mejor, como lo hacemos por ejemplo desde el Club Político Argentino, pero es importante no perder de vista las restricciones que se presentan en cada dimensión.

   —Se sostiene que el gobierno no ganó las elecciones recientes por la marcha de la economía. Que la causa estuvo en el deseo de una mayoría de no volver al pasado. ¿Está de acuerdo?

   —Los argentinos contentos con la marcha de la economía son pocos, y son pocos por muy buenas razones. La economía ha vuelto a crecer apenas moderadamente, la inflación continúa fuerte y la creación de empleo es una asignatura pendiente. Al mismo tiempo, diría que el contingente electoral que votó a Cambiemos presenta dos motivaciones diferentes. Una de ellas es, en efecto, el "deseo de no volver al pasado". Esto me parece indiscutible. Pero la otra es alguna esperanza hacia el futuro. Alguna esperanza de que el gobierno no se limite a administrar la no vuelta al pasado, sino que impulse cambios significativos en relación al futuro. Cuando asumió Macri, dijo que tomaba tres compromisos: contra la pobreza, contra el narcotráfico y contra la división de los argentinos. Las hazañas de Hércules fueron menos complicadas de cumplir.

   —¿Cómo podría explicar las "costosas debilidades" en las que hizo hincapié el Club Político Argentino, que usted preside?

   —En estos dos años ha habido un gran avance, que esperamos resulte sostenible, que no se trate de cambio de una temporada. Las instituciones de la república funcionan mejor. La relación entre el Ejecutivo y el Legislativo ha mejorado perceptiblemente: hay negociación, no hay sometimiento ni intentos de hacerlo, hay política, el Ejecutivo ni se ha blindado o entornado, ni gobierna por decreto (que haya decretos no quiere decir que sea un gobierno que gobierne por decreto, es muy diferente), ni abusa de las "cadenas nacionales". Y tiene diálogo constante con los gobernadores, ni los ignora ni los somete. Al mismo tiempo, el Poder Judicial está lleno de lacras que vienen de lejos, pero actúa mucho más independientemente de los otros poderes que en gestiones gubernamentales anteriores. Hay mucho de oportunismo, qué duda cabe, en la actual ofensiva judicial contra funcionarios K y sindicalistas. Pero no está el Ejecutivo detrás de esto. Lo hacen porque quieren. Hay instituciones que funcionan mejor, como la Auditoría, el Consejo de la Magistratura, la Oficina Anticorrupción, los medios de prensa oficial, por no hablar del Indec. La relación del Ejecutivo con los gobernadores tiene una calidad que era impensable en tiempos K. La calidad de gobierno en un lugar centralísimo de la política argentina como la provincia de Buenos Aires se ha incrementado enormemente en estos dos años. A la vez hay, en efecto, "costosas debilidades". Que un ministro incurra en un craso nepotismo nada menos que en la intervención de un sindicato es una debilidad costosa; que el gobierno no se ponga las pilas para alterar reglas de juego que no son admisibles, como por ejemplo, en el campo sindical, la elección indefinida de los dirigentes, o en el campo institucional, que en la Oficina Anticorrupción los gobiernos puedan controlar a sus controladores, no está nada bien y hay que decirlo. Y el Club Político lo dice. Son temas, como muchos otros, que deben entrar de pleno derecho en la agenda política.

   —¿Está de acuerdo con la ofensiva sobre algunos sindicalistas?   

   —Muy de acuerdo. Si se hace bien, va a permitir separar la paja del trigo. Hoy día en la Argentina la sociedad cree que todos los sindicalistas son iguales a Barrionuevo, Moyano, los que están presos, etc. Pero no es así. Hay sindicalistas respetables. Y los habrá más cuando cambien ciertas reglas de juego, heredadas en gran parte, no del peronismo (que tiene por cierto su gran dosis de responsabilidad) sino de las dictaduras. ¿A quién debemos la ley de obras sociales, piedra de toque del enriquecimiento sindical? Al general Onganía. En suma, está bien meter alguna gente presa, pero es indispensable cambiar reglas del juego institucional sindical. Si no, dentro de unos años, va a suceder lo mismo, meteremos gente presa de otra generación.

    —¿Qué advertencias le haría a Cambiemos?

   —Yo advertencias no hago. Sugerencias, en cambio, tengo muchas. Pongo aquí solamente tres. 1) Que prepare en secreto un plan B en materia económica. Tan secreto que uno podría recordar la crueldad del Zar Iván el Terrible, que hizo cegar a los arquitectos de la Catedral de San Basilio, para que no pudieran hacer nada igual. Por suerte no vivimos aquí en tiempos de despotismo, pero nadie debería enterarse si el gobierno considerara un plan B. 2) que cuide la coalición Cambiemos, dando o manteniendo el realce de los componentes que no integran el PRO. Sería mejor que no se le ocurra fundir la coalición en una sola fuerza política ni nada de eso. 3) que se tome con calma lo que le resta de su primer gobierno nacional pensando seriamente en asegurar un segundo gobierno. Debe cuidar su contrato implícito con la opinión pública, que no tenga temor para avanzar una agenda de cambios, que concentre esfuerzos en aquellos campos donde su credibilidad puede afectarse más: mitigar la pobreza, sujetarse a los valores republicanos, garantizar el orden público ecuacionando el gobierno de la ley con el respeto a los derechos humanos, etc.

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