Política

“Las encuestadoras han perdido credibilidad y legitimidad”, afirmó Novaro

En una entrevista con LaCapital, el politólogo percibe que el escenario político está en movimiento y ya no se puede afirmar que existe un triple empate entre Scioli, Macri y Massa.

Domingo 29 de Marzo de 2015

Las últimas encuestas publicadas por distintos medios otorgan, llamativamente, un resultado dispar entre los principales candidatos a pelear por la Presidencia de la Nación. Daniel Scioli, Sergio Massa y Mauricio Macri aparecen alternativamente al tope de los sondeos de opinión, y en algunas de ellas la diferencia entre los tres varía de manera considerable. ¿Error de cálculo o manipulación? El sociólogo y politólogo Marcos Novaro no tiene dudas y se inclina por la segunda opción. "Las encuestadoras son como un Indec privatizado, han perdido credibilidad y legitimidad", afirma.

En una entrevista con La Capital, Novaro dice que más allá de las encuestas interesadas, él percibe que el escenario político está en movimiento y ya no se puede afirmar que existe un triple empate entre Scioli, Macri y Massa, como aparecía la fotografía preelectoral del año pasado. El sociólogo le otorga un plus al líder del PRO por sobre el gobernador bonaerense y el jefe del Frente Renovador. Aún así, todavía resta tiempo y todo puede pasar en la dinámica de la política argentina.

—Hay varias encuestas circulando y con diferencias llamativas entre ellas. ¿Qué grado de verosimilitud le otorga a estos sondeos de opinión sobre los tres principales candidatos a la Presidencia?

—En términos generales, ninguna. Creo que las encuestadoras se han ido autolimitando en su credibilidad y legitimidad a medida que se volvieron más proclives a la manipulación por parte de sus clientes. Son como un Indec privatizado. Hacen una muy mala práctica de su oficio porque tienen que distinguir de lo que son sus clientes reservados de su rol público. A sus clientes probablemente también les mientan.

—¿Y cuál es tu intuición personal sobre el panorama electoral a cinco meses de las Paso?

—El escenario de fines del año pasado de un triple empate está en movimiento. No digo que se haya alternado drásticamente. Ha ido girando en perjuicio claramente de Massa, en una situación de relativo debilitamiento de Scioli y de consolidación de Macri. El líder del PRO un año atrás era el tercero de la disputa y Scioli y Massa estaban más consolidados. Hoy esa situación se invirtió.

—¿Qué pasó para que se modificara esa situación?

—Scioli y Massa se equivocaron, mientras que Macri acertó. Massa, en su estrategia para nacionalizar el Frente Renovador, buscó reproducir la misma secuencia que había seguido en la provincia de Buenos Aires: captación de líderes locales de distintas fuerzas políticas, y eso no funcionó. No tuvo los reflejos a tiempo para reemplazarlo por otra estrategia. Y en el camino perdió apoyos. Ha quedado relegado a las alternativas de cambio que ofrece Macri, que hoy por hoy aparece más atractiva.

—¿A qué atribuye el crecimiento de Macri?

—En el transcurso de un año se nacionalizó. Ya tenía buena intención de votos en Capital Federal, Entre Ríos, Córdoba, y ahora está fuerte en Santa Fe, Mendoza, provincia de Buenos Aires. Fue un proceso de nacionalización más exitoso que el de Massa. Por otro lado, Macri encontró una suerte de veta, un punto de equilibrio entre el argumento de la nueva política y la cooperación de los demás partidos no peronistas, incluido algunos sectores del PJ, que claramente no son la nueva política, pero como Macri se ha movido bien en esa ambigüedad, eso le permite ampliar su coalición con otros partidos y al mismo tiempo tener este discurso de renovación de la dirigencia, de un reemplazo generacional.

—¿En este crecimiento impactó el acuerdo que hizo con la UCR o tiene un afecto neutro?

—El crecimiento viene antes del pacto con la UCR y hay que ver cómo se consolida este acuerdo, que puede ser legislativo-electoral o como un acuerdo de gobierno. Por ahora los efectos no se ven.

—¿Le ve algún rasgo de similitud con lo que fue la alianza UCR-Frepaso?

—Le veo más bien diferencias importantes. Una es que los líderes que participan del acuerdo son bastante más capaces y tienen más control de su base de apoyo, que no era el caso de De la Rúa ni Chacho Alvarez. También hay diferencia por el contexto de la situación a heredar. La situación actual es compleja, por no es la del 99, que fue una trampa mortal. Por otro lado, la Alianza asumió que tenía que continuar el panorama económico que heredaba de Menem, pensando que ese programa podía seguir funcionando. Macri y Sanz no se presentan como herederos contentos de recibir este legado; dicen que este modelo no sirve.

—¿La continuidad del kirchnerismo quién la representa, Randazzo o Scioli?

—Scioli se ha esforzado por mostrarse como un continuista. Esta estrategia de segmentar su campaña en distintos momentos, ser oficialista a muerte hasta las Paso y luego tomar distancia, me parece que es un error. Tal vez gane la interna del oficialismo, pero con un porcentaje de votos que lo va a poner en malas condiciones para competir. Creo que las Paso van a tener un significado simbólico: el que salga primero de los tres, después va a tener un efecto arrastre.

—En caso de que Scioli gane la interna, ¿el voto cristinista se va a trasladar a la elección general?

—La idea de que hay campos estancos de competencia es, en mi opinión, equivocada. Los votos, en gran porcentaje, son más móviles. Y hay muchos votos oficialistas que hoy se consideran duros que no van a ir para Scioli de ninguna manera. También hay votos que van a terminar igual en Scioli aunque se muestre rendido ante Cristina, porque son votos peronistas y quieren que el partido siga gobernando.

—Hay una teoría que sostiene que Cristina juega a perder y apuesta a que gane Macri porque de esa manera queda como referencia opositora. ¿Concuerda con eso o le parece un disparate?

—No creo que Cristina compita para perder. Creo que ellos tienen expectativa de que todavía pueden ganar a través del candidato al que ella le levante la mano, porque la presidenta sigue teniendo popularidad, además de recursos y un liderazgo potente. Hay que ver si eso es matemático y la gente va a votar lo que dice Cristina. Ella se va a involucrar en la campaña, por eso sostiene que el candidato es lo de menos porque lo que está en juego es el proyecto.

—¿Cómo cree que va a influir en estas elecciones el caso Nisman, que aparece hoy diluido?

—Si el caso estuviera diluido, el gobierno estaría hablando de otra cosa y no tan ocupado en tirar tierra sobre el cadáver de Nisman. El caso tarda en desaparecer porque es muy grave lo que pasó, porque hay muchos actores que trabajan para que no desaparezca, tanto por parte de los medios como de su familia. También está el rebote internacional del caso, como lo que publicó la revista brasileña Veja. Eso es una bomba para el gobierno porque Argentina aparece implicada en negociaciones muy turbias en un tema muy delicado como es el nuclear. Uno puede joder con valijas de dólares, pero con esto no. Pero me parece que el caso Nisman sí impacta y favorece a la oposición, independientemente de que el gobierno haya logrado generar confusión sobre su figura, como decir que Nisman era un turro y colgar las fotos con esas minas.

—El argumento del gobierno es que Nisman sostenía su nivel de vida con el dinero público...

—Nisman no es ninguna flor inmaculada, pero igual hay que investigar su denuncia. Además, a Nisman lo puso Néstor Kirchner a investigar el caso Amia. El que le dio un montón de dinero sin control fue el propio gobierno. Su relación con Stiuso y la Side la promovió también el ex presidente. El uso de esos servicios de inteligencia para manipular a la Justicia lo propició Néstor Kirchner y luego Cristina. Eso funcionó por muchos años hasta que estalló lo del tema de Irán, creando un conflicto entre esta gente. Hay que investigar lo que pasó, independientemente de lo que hizo Nisman con su vida privada.

 

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