Política

"Las aguas se calmaron, pero aún no podemos tirarnos sin salvavidas"

Mario Negri nació el 6 de febrero de 1954. Abogado. Diputado nacional por la provincia de Córdoba. Es presidente del interbloque parlamentario Cambiemos. Es su quinto período como legislador nacional.

Domingo 20 de Mayo de 2018

Mario Negri es un personaje clave en el armado legislativo del oficialismo. Presidente del interbloque Cambiemos en la Cámara de Diputados, el dirigente nacido en Entre Ríos pero con vida política en la provincia de Córdoba es claro respecto a la actitud a tomar por estos días en que brota cierto alivio por la salida del torbellino. "No estamos como para tirarnos sin paracaídas", sostiene Negri durante una entrevista con LaCapital.

Cuando se lo consulta por la situación del radicalismo en Santa Fe, quebrado entre quienes reportan al Frente Progresista y a Cambiemos, Negri exclama: "Es como poner el canal Volver".

—¿El gobierno salió de la crisis o todavía hay que ser cautos?

—Se está saliendo de una turbulencia cambiaria, pero no hay que caer en la costumbre de sobreentusiasmarnos para luego, a las 24 horas, andar buscando un psiquiatra; algo muy argentino. Tenemos problemas estructurales y factores exógenos que influyen. Si se produjesen en otro país estos problemas el diagnóstico sería un resfrío, pero en la historia argentina nos agarra una pulmonía. El gobierno está actuando con mucho cuidado y perseverancia. Las aguas se han calmado, pero no nos podemos tirar sin salvavidas desde 200 metros. Cuando ocurren estos hechos la memoria colectiva de la sociedad se identifica con cosas del pasado. Y el pasado tiene más colorados que azules en esta materia. Ahora, además de resolver el problema hay que recuperar la confianza y credibilidad de la sociedad. Las secuelas deben tener el menor costo posible.

—¿El gobierno se la creyó después de haber ganado las elecciones? Hasta hablaron de la reelección Macri, Vidal y Larreta.

—No quiero hablar por el gobierno. Mi opinión es que el triunfo de octubre de 2017 no indicaba que se habían resuelto los problemas de la Argentina, sino que marcaba un grado de confianza y expectativa hacia el futuro. Y una certeza muy clara: no se quería volver al pasado inmediato. Rescato mucho la conferencia de prensa de Macri, porque yo era de los que decían que había que ser muy crudo con la herencia recibida. Cuando asumió Macri el país estaba por estallar. A veces los argentinos somos muy propensos a pensar que el país se arregla con magia en 24 horas, y son procesos que llevan años.

—¿El macrismo invita al radicalismo más a los velorios que a las fiestas?

—No, no. El país del kirchnerismo nos llevaba, si no a Venezuela, seguro a Santa Cruz. Vivíamos en una ficción. No hicimos el acuerdo con el PRO para festejar, en todo caso fue para decidir. Yo sabía que no íbamos a tener un gobierno de coalición como los que se conocen en Europa. A los pocos días, el presidente dijo que no sería de coalición de gobierno. Sí tenemos una coalición parlamentaria. Y no nos fue mal, teniendo minoría parlamentaria, porque el primer secreto de la política es saber ceder, no apostar al "me llevo todo". Sacamos casi 160 leyes. El gobierno eligió bien al apostar al gradualismo, porque si hay un campo minado se puede resolver en un día haciendo estallar todas las minas juntas. Ahora, el daño social que iba a generar en la Argentina resultaría insoportable. Había que desarmar las bombas de a una, con el menor daño posible en un país fundido. Para eso se resolvió el frente externo, se logró confianza en el mundo. Esto es así.

—En Santa Fe se vive una situación inédita en el radicalismo, que es oficialista con el socialismo en el Frente Progresista y oficialista a nivel nacional con Cambiemos. Alfredo Cornejo dijo a este diario hace siete días que toda la UCR debería estar en Cambiemos y se armó una polémica tremenda,

—(Se ríe). Es como que estuviera viendo el canal Volver. A partir de Gualeguaychú hubo decisión de un partido nacional. Sé que eso produjo un impacto en Santa Fe, pero hay que tener madurez. El primer dogma es la libertad, pero en una democracia con partidos políticos se supone que no hay anarquía. Esto no tiene por qué enloquecer a nadie, pero digo lo del canal Volver porque nacionalmente el radicalismo saldó en Gualeguaychú un debate interno. No debería levantar polvareda con agravios personales.

—El vicegobernador Fascendini calificó de "travesti político" a Cornejo.

—No sé si Fascendini es la persona que yo conocí o algún pariente. La persona que yo conocí era respetuosa, plural, educada. A mí no me van a encontrar, porque los problemas de la Argentina son superiores. Es como hacerle un juicio de residencia al socialismo porque está en otro lugar. Yo respeto al socialismo, tengo amigos, gente que quiero. Declarar una pelea callejera, en patas y con guantes de boxeo es equivocado. Respeto la historia del socialismo, pero el radicalismo tomó una decisión nacional. En el bloque que yo presido los radicales están en el interbloque de Cambiemos. El socialismo definirá qué hace, en una de esas los socialistas van con Alberto Fernández.

—¿Los candidatos a gobernador en Santa Fe y Córdoba deben ser radicales? ¿Usted irá como postulante en su provincia?

—Hay que buscar coincidencias. Debemos consolidar Cambiemos, aun con las diferencias democráticas. El radicalismo tiene geografía y dirigentes para encabezar las candidaturas a gobernador. Me gustaría ser candidato a gobernador. Y el radicalismo tiene buenos referentes en Santa Fe. Sería una buena noticia que Cambiemos amplíe su legitimidad con triunfos en esas provincias.

—El gobernador Schiaretti parece más macrista que Macri. ¿Es una impostura?

— Cuando a Macri le va bien, Schiaretti se saca selfies con él, pero si baja un poco guarda la cámara. Es un juego viejo de la política. Schiaretti acompañó el irresponsable proyecto sobre tarifas, aplaudido por el kirchnerismo después de haber metido 130 mil millones de dólares en subsidios, no a los pobres sino a los habitantes de los countries. Sus diputados, entre los que está su esposa y el vicegobernador, encabezaron los discursos y dio libertad de acción. Si le va bien a Macri, compra traje en la misma tienda, y si le va mal dice que nunca se vistió.

—¿Es posible un acuerdo con la oposición?

—Llevamos décadas de déficit. Tenemos entusiasmo por el consumo y no por la producción. En el debate de días pasados en Diputados, Agustín Rossi recomendaba que para salir de los problemas teníamos que hacer lo que habían hecho ellos. Si es así, tenemos que ponernos cinturones de seguridad. Hay que hacer un acuerdo básico. Por la inflación se han caído gobiernos, pero muchos, con la inflación, han hecho campaña y llegado al gobierno. Hay que buscar el diálogo, el mundo no se despierta a la mañana pensando en qué le pasa a la Argentina. No hay que tener acné ideológico ni prejuicios, hay que tener responsabilidad.

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