Política

La vuelta de Eduardo Buzzi: conciliador y asesor del gobierno

Retirado del gremialismo, el ex titular de Federación Agraria aporta a la agenda oficial para el campo. Elogia a Fernández y se desmarca de la grieta

Domingo 01 de Marzo de 2020

Como en 2008, el gobierno nacional —de signo peronista— y las entidades que representan a los productores agropecuarios pulsean por las retenciones. Pero a diferencia del año de la revuelta del campo contra la resolución 125 ahora Eduardo Buzzi no protagoniza el conflicto: se encuentra alejado de la actividad gremial. No sólo eso: para sorpresa y disgusto de los halcones que anidan a ambos lados de la grieta el ex presidente de Federación Agraria Argentina (FAA) se mueve como consultor informal del gobierno nacional para el sector.

   Al igual que Martín Fierro en la segunda parte de la obra de José Hernández las batallas y el paso del tiempo convirtieron a Buzzi en un hombre más reflexivo y conciliador: elogia a Alberto Fernández y se desmarca de las posiciones más duras del ruralismo. Incluso reconoce que se sentaría tomar un café con Cristina Fernández de Kirchner, siempre y cuando la invitación parta del oficialismo y la foto sirva como muestra de madurez política.

   “Me puse grande: viví muchos años con estrés y ansiedades por estar con responsabilidades —explica a La Capital—. Hoy no pretendo regresar a Federación Agraria aunque me paguen en dólares, ni pretendo cargos públicos. Ya tuve ofrecimientos, de parte de Emilio Monzó para estar con (Rogelio) Frigerio en el Ministerio del Interior, y los tengo con este gobierno”.

   Buzzi hizo base en Rosario y alterna su rol de asesor sin cargo de los ministros de Agricultura e Interior con otras dos actividades: integra la subcomisión de fútbol de inferiores de Central Córdoba —donde juega su hijo— y participa de No Limit Marketing, una empresa dedicada a la logística de eventos.

   Cerca de cumplir 60 años (lo hará el 11 de noviembre) Buzzi recibe a este medio en un bar de la zona del Monumento a la Bandera. Allí juega de local: vive a sólo cien metros del sitio donde casi doce años atrás unas 250 mil personas provenientes del campo y la ciudad protestaron contra la medida que trazó la grieta actual.

   Ahora, ya sin la mochila a cuestas de representar a productores celosos de sus márgenes de rentabilidad, Buzzi aprueba las medidas iniciales del gobierno. “Está poniendo el foco donde lo tiene que poner: tratar de equilibrar la economía y conseguir la mejor situación que se pueda respecto a la deuda; son los dos grandes condicionantes que tiene”, evalúa.

   Y reconoce: “No cualquier gobierno hubiera podido ajustar sin desborde social. El justicialismo ordena, tiene capacidad de gobernabilidad”.

Un contexto diferente

Sin embargo, el dirigente nacido en J.B. Molina cuestiona que el Estado concentre la presión fiscal en el agro y la relaje con otras actividades. “Nos molesta que mientras el campo tiene que aportar, la minería tiene alivio —indica—: le bajan retenciones y a los productores agropecuarios se las suben, aunque sea de forma moderada y con buenos modales”.

   En su opinión, la razón es clara: “Los gobernadores y senadores de las provincias mineras son lobbystas de las empresas”.

   Como sucede desde comienzos de 2002, cuando el entonces presidente Eduardo Duhalde restableció los derechos de exportación en una Argentina todavía en llamas, la disputa por las retenciones conecta con un debate profundo: cuánta legitimidad tiene el Estado para apropiarse de una porción del excedente —en este caso, agropecuario— y redireccionarlo. También, su eficacia como instrumento de política pública.

   “Las retenciones son un mecanismo de recaudación y de redistribución: ahí está el malestar de los productores”, explica Buzzi, quien adelanta que el gobierno “está armando un mecanismo de reintegro a los productores más chicos” que, no obstante, “probablemente no satisfaga” a este sector.

   Con todo, el titular durante 14 años de la Federación Agraria desaconseja una escalada del conflicto.

   En sintonía con la posición del gobierno Buzzi observa que el país atraviesa “un contexto muy complejo, económico y social”. Y agrega: “Es muy complicado ver que el campo puja por defender su rentabilidad, aunque tenga derecho a hacerlo, mientras que uno de cada tres argentinos —y en algunos lugares, uno de cada dos— está bajo la línea de la pobreza. Hay que ser muy cuidadoso”.

   En este sentido, aunque considera que “Coninagro y Federación Agraria están menos belicosos”, también subraya que la estrategia de las entidades está atada a las ofertas del gobierno.

   “A mí me cuestionaron mucho en 2008 haber estado al lado del ruralismo: desde el campo popular se me calificaba de traidor, de oligarca —recuerda—, pero en aquel momento no hubo margen para otra cosa. Ahí nos puso el gobierno: jamás hicieron nada lo suficientemente sustancioso para sacarnos de la mesa de enlace”.

Su relación con el gobierno

El voto no positivo del entonces vicepresidente Julio Cobos envalentonó a numerosos dirigentes ruralistas, que saltaron del gremialismo a la arena política.

   Luego de una experiencia fallida en Cambiemos (ver aparte) Buzzi transita ahora los pasillos de la Casa Rosada. Su tarea es incluir “cuestiones que no están en la agenda en este momento”, que apuntan a “darle viabilidad y valor agregado al campo chico”. Por ejemplo, las tasas de interés y la falta de seguros multiriesgo para que los productores se cubran ante la sequía que afecta el sur provincial.

   De todos modos, aclara: “No tengo un rol de nexo de nada, aunque por haber recorrido un camino me escuchan y puedo opinar”.

   Lo cierto es que Buzzi tejió un vínculo con el ministro de Interior, Eduardo Wado de Pedro. “Cuando nos sentamos Wado dijo ‘el 2008 es prehistoria, ya pasó’ —revela el ex titular de FAA—. Él se referencia en Máximo (Kirchner) y hasta donde sé Máximo se ha transformado en un actor de diálogo, de interactuar con todos los sectores políticos. No veo un gobierno revanchista”.

   Todavía no pudo encontrarse con el presidente Fernández, quien dejó la jefatura de Gabinete precisamente luego de la guerra por la 125: “Con Alberto tenemos pendiente unos mates, una charla, pero se lo ve complicado al muchacho”.

  —¿Se reuniría con Cristina?—le consultó este diario.

   — (Se ríe) Lo pensaría varias veces. La iniciativa debería ser de ellos, de querer restañar la grieta. También habría que ver el para qué: debería contribuir a un entendimiento, una madurez. Si una foto con Cristina me trae malestar entre los productores les pediré que sepan entender. Yo tengo una ventaja: hace cinco años que no soy más presidente de la Federación Agraria, no le tengo que rendir cuentas a nadie.

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