Política

"La presencia de Béliz muestra la autonomía de Alberto Fernández"

Mariana Gené es doctora en Ciencias Sociales por la UBA y en Sociología Política por la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París. Es investigadora asistente del Conicet.

Domingo 03 de Noviembre de 2019

Con su victoria en las elecciones del domingo pasado, Alberto Fernández logró lo que no pudieron otros recordados armadores políticos desde el regreso de la democracia, como Enrique Coti Nosiglia, José Luis Manzano o Carlos Vladimiro Corach: convertirse en presidente. Para la socióloga Mariana Gené, la experiencia de Fernández en el arte de la negociación política, lejos de ser una desventaja, representa un plus para articular las distintas piezas del Frente de Todos y sellar compromisos con la oposición en el Congreso. No obstante, advierte la investigadora, el ex jefe de Gabinete enfrentará un desafío: deberá apoyarse en ese saber para reafirmar su liderazgo, pero a la vez tendrá que correrse de la cocina de los acuerdos y delegar parte del trabajo de armado en sus segundas líneas.

En diálogo con La Capital, la autora del libro La rosca política. El oficio de los armadores delante y detrás de escena (o el discreto encanto del toma y daca) (Siglo XXI) analiza las cualidades que debe tener un buen armador y destaca el papel clave de los operadores en la construcción de gobernabilidad, sobre todo en contextos de crisis como los que cíclicamente atraviesa la Argentina.

—La palabra “rosca” suele tener un significado negativo para la opinión pública. ¿Puede haber política democrática sin estas negociaciones y acuerdos, a los que la ciudadanía en general no accede?

—No, de hecho el libro intenta mostrar cómo ese trabajo de armado político, de negociación, es algo cotidiano en la vida política democrática. Hay una parte de esa connotación peyorativa de la rosca política que es entendible, que tiene que ver con la informalidad, el secreto y algunas prácticas que están un poco en el borde, pero hay muchas cosas que tienen que ver con un trabajo cotidiano de intermediación entre pares.

—¿Cómo se diferencia el armado político en el gobierno y en la oposición?

—Todos los partidos políticos tienen armadores expertos en esa negociación entre pares, pero los desafíos que tienen los oficialismos y la oposición son diferentes. La oposición busca cuestionar al oficialismo y posicionarse de mejor manera para después estar en ese lugar en el futuro. El oficialismo tiene que gobernar, y eso supone arbitrar los medios para que los decisiones que toman se puedan llevar a cabo. Si tienen buenas ideas pero después no tienen los medios para sostenerlas son gobiernos ineficaces. En el libro hablamos de lo que llamamos política en minúscula, que hace posible la política en mayúscula. En gran medida los armadores políticos contribuyen a la gobernabilidad y a la eficacia del oficialismo.

—¿Cuáles son las principales cualidades y recursos que debe manejar un buen armador?

—Tiene que tener mucha experiencia en el campo político. Los armadores tienen largas trayectorias y en ellas aprendieron los códigos, los comportamientos, los tiempos de la política y también conocieron a muchos actores. Deben tener mucha destreza para la negociación con distintos actores del campo político y ser confiables para ellos: respetar los acuerdos y también mantener cierta discreción sobre los términos en los que se cierran esos acuerdos. Por otro lado, debe tener autoridad, que le está dada en gran medida por la confianza del presidente, que está en directa relación con su capacidad para leer el entramado político y responder a desafíos específicos con eficacia.

—En estos cuatro años de gestión fue constante la disputa entre el sector de Marcos Peña y Jaime Durán Barba contra el ala política. ¿Terminó confundiendo Cambiemos deseo con realidad sobre una política como pura técnica, sin mediaciones?

—Algo de eso hubo. En la campaña de 2015, en la que fueron muy exitosos, había una división del trabajo político muy bien cuidada entre lo que hacía el ala política y el ala más comunicacional de Marcos Peña y Durán Barba. A la hora de gobernar la relación con el ala política atravesó distintos cortocircuitos y en distintos momentos, quizás cuando estaban más fuertes, consideraron que no necesitaban tanto el trabajo de los armadores y los fueron a buscar más bien en tiempos de crisis. Esto entorpeció el funcionamiento de la coalición.

—Además del objetivo general de aportar a la gobernabilidad, ¿qué metas y tareas específicas cree que tendrá el armado en esta nueva etapa política?

—Un objetivo importante va a ser el negociar con las distintas partes que conforman el Frente de Todos. Al igual que Juntos por el Cambio es un coalición, y reúne distintos partidos en su seno, si bien todos son de linaje peronista. La articulación con los gobernadores y con los intendentes va a ser un trabajo importantísimo; también la negociación en las Cámaras, al no tener mayoría propia.

—Alberto Fernández será el primer armador político en convertirse en presidente. ¿Cómo imagina su relación con sus operadores en su gestión?

—Como él es un gran armador político tiene un plus al conocer, valorar y saber coordinar el trabajo que hacen los armadores. Hay muchos presidentes que lo valoran, pero él tiene esa expertise, ese saber hacer. Por supuesto que una parte del trabajo también lo va a hacer: los mismos presidentes negocian con los gobernadores, destraban situaciones, conflictos.

—Una sorpresa de la transición es la incorporación de Gustavo Béliz al equipo de Alberto Fernández. ¿Cómo lee esa vuelta de Béliz a las grandes ligas de la política argentina?

—Tal cual, siempre tenemos que ser muy cuidadosos con el análisis político porque la historia está llena de sorpresas. Hay muchos referentes políticos que tienen momentos de auge, después desaparecen de la escena pública y luego pueden reaparecer. Gustavo Béliz puede aportarle distintas cosas al gobierno de Alberto Fernández. Por un lado, su conocimiento sobre el Estado, y su buena imagen en la opinión pública. De todas maneras, creo que si bien está negociando en la transición, seguramente su tarea no va a ser la de un armador político. Me parece que va a negociar en temas más específicos, que tienen que ver con la estructura del estado, con qué de sus organigrama se modifica.

—Aparte, hay cierto paralelismo entre Alberto Fernández y Béliz: ambos se fueron del gobierno y plantearon diferencias con el kirchnerismo.

—Efectivamente, hay ciertos elementos en común. Es verdad que hay otros de esos referentes nombrados para la transición, como Vilma Ibarra, que también fueron críticos del gobierno anterior. Es algo que sigue estando presente, es un gesto llamativo y que muestra la autonomía de Alberto Fernández para designar sus equipos.

—América del Sur está convulsionada. ¿Puede ser un incentivo para que se logren acuerdos entre oficialismo y oposición?

—El peligro de la ingobernabilidad más o menos siempre está presente. Desde el 83 a esta parte la política argentina estuvo atravesada por crisis de enorme magnitud, por hiperinflaciones, por estados de sitio, por levantamientos militares, cuasi monedas múltiples, y todo eso se resolvió dentro de los canales institucionales. Los armadores políticos tienen mucho que ver con esa resolución, pero no son los únicos: también por supuesto lo que aprenden los actores sociales y políticos de esa historia.

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