Política

La política surfea entre el miedo al contagio, las reuniones por Zoom y la "rosca" cara a cara

Los casos positivos de Covid-19 de dirigentes del oficialismo y la oposición encendieron alarmas sobre cómo se mueven los líderes en la pandemia.

Domingo 21 de Junio de 2020

Mientras la agenda pública de esta semana estuvo dominada por el caso Vicentin, dos hechos encendieron las alarmas sobre cómo está funcionando la política en tiempos de pandemia. Por un lado, el resultado positivo de coronavirus de María Eugenia Vidal reveló una reunión reservada con el ala dialoguista de Juntos por el Cambio. Por el otro, el médico presidencial recomendó que Alberto Fernández restrinja al mínimo los encuentros personales, después de que el primer mandatario protagonizara actos y reuniones en los que no se respetaron medidas básicas de protección, como el distanciamiento social y el uso de barbijos.

   Lo cierto es que desde que comenzó la emergencia sanitaria una parte de la política quedó en stand by, como los actos masivos. También se virtualizó: abundan las reuniones por Zoom y hasta el Congreso tuvo sesiones semipresenciales.

   Sin embargo, cómo muestran tanto la reunión de la ex gobernadora bonaerense con Horacio Rodríguez Larreta, Martín Lousteau y Emilió Monzó como las escenas de Alberto Fernández en La Rioja, que asemejan a las que se ven con los líderes de Brasil y Estados Unidos, muestran cierta inercia de la política argentina ante el nuevo escenario.

   El politólogo Marcelo Leiras enfatiza que los hombres y las mujeres que hacen política no son diferentes a las personas que están en el llano. Se mantiene el miedo al contagio, pero también hay cierta relajación.

   “Las personas que ocupan posiciones de representación o aspiran a ocuparla, como María Eugenia Vidal, que no ocupa ninguna, debería tener un comportamiento ejemplar”, sostiene.

   En tanto, para el sociólogo Federico Zinni la dosificación al mínimo de las reuniones de Fernández se relaciona con una lectura del presidente al clima social. “Tal vez esa sea una de sus mayores virtudes”, considera.

   En su opinión las salidas que hacía Alberto Fernández, en las que se sacaba fotos e incluso se abrazaba con la gente, iban a contramano del mensaje oficial, que le pide a la población continuar con el esfuerzo.

   En este marco, asoma un riesgo: que se extienda la percepción de que la dirigencia política es una casta privilegiada y se deshilache el hilo que una a representantes y representados. No sólo es riesgoso políticamente: también en el terreno sanitario.

   “A más de 90 días de cuarentena en el Amba, la conducta ejemplar del poder político es una condición necesaria para que las medidas de aislamiento tengan más legitimidad social —plantea el politólogo Javier Cachés—. Si la ciudadanía ve que sus gobernantes no cumplen las reglas de prevención, tiene menos incentivos para seguirlas”.

   De acuerdo a la socióloga Mariana Gené en esta cuestión la sociedad sanciona más a los opositores que a los oficialistas. “Alberto Fernández, Rodríguez Larreta y Kicillof no pueden hacer todo por Zoom, tienen que ver hospitales y juntarse con personas a tomar decisiones”, considera.

   Y agrega: “En el caso de los parlamentarios y de los que están en el llano a la ciudadanía le hace más ruido, pero es esperable que estén buscando la mejor manera de ocupar el rol opositor en un momento tan particular como este”.

La cocina de la política

Efectivamente, el hisopado positivo de Vidal expuso los movimientos del ala dialoguista de la oposición, e iluminó una zona habitualmente opaca de la política: la rosca, las negociaciones que transcurren tras bambalinas.

   Sucede que algunas actividades pueden trasladarse al ámbito virtual pero otras deben realizarse sí o sí personalmente.

   “En las charlas cara a cara hay gestos y ciertas discusiones que no se pueden tomar por WhatsApp o Telegram; una parte del trabajo político sólo ocurre con copresencia entre los actores. La rosca no se comunica pero esos vínculos entre los políticos son muy importantes, por ejemplo para negociar fondos”, analiza Gené.

   En la misma línea, Cachés distingue la dimensión institucional de la política —que puede canalizarse hacia el ámbito virtual— de la dimensión informal que, asegura, “requiere secretismo, discreción, sorpresa”.

   Esta lógica de la política, advierte, es en algún punto incompatible con las medidas de aislamiento. “La dirigencia tiene que encontrar un equilibrio entre ‘la lógica de la rosca’y el riesgo de de contagio”, subraya el consultor.

Las huellas

Un interrogante es qué marcas dejará la pandemia en las formas de hacer política. Más, cuando la política argentina se cocina tanto en el palacio como en la calle.

   Gené y Leiras coinciden en que un factor clave es la vacuna: el tiempo que demore su llegada marcará la duración del distanciamiento.

   Leiras cree que una huella que podría dejar esta experiencia en la forma de hacer política se relaciona con el vínculo que han tejido funcionarios y funconarias. “Hay un capital social, en particular de los burocrátas a cargo de la política de salud y también de la protección social”, señala.

   Cachés es más pesimista. Proyecta que en lo inmediato la dirigencia estará más expuesta ante la sociedad, pero descree que la lógica de la política argentina se modifique en el mediano y largo plazo.

   En una sintonía similar, Zinni visualiza un clima de mucha desconfianza con la política. “Hace tiempo que no se viene dando respuesta a la demanda por la elevación de las condiciones de vida de la gente —indica—, por lo que es muy probable que se profundice cierto hastío sobre la forma en que viene funcionando la representación”.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario