Política

"La elección se va a definir por odios más que por apoyos"

Luciano Galup sostiene que la campaña electoral es uno de los factores que menos pesa a la hora de decidir el voto.

Domingo 21 de Julio de 2019

Para el licenciado en Ciencias de la Comunicación Luciano Galup la campaña electoral es uno de los factores que menos pesa en la ciudadanía al momento de decidir el voto. Afirma, por el contrario, que “los contextos económicos, políticos, culturales, son bastante más determinantes”. En su opinión, Juntos por el Cambio cuenta con una maquinaria proselitista “más desarrollada, con más entrenamiento y con la ventaja de ser oficialismo, pero esta ventaja se relaciona mucho más con poder manejar la agenda económica, de obra pública, que con hacer buena o mala campaña en redes sociales”.

Entrevistado por La Capital, el también docente de posgrados en comunicación política y autor del libro “Big Data & Política”, analiza el comienzo de la campaña del oficialismo y de la oposición, advierte que “cuando las sociedades se polarizan mucho las campañas tienden a ser más virulentas, más agresivas, más negativas” y señala qué filtros debería aplicar la ciudadanía para prevenirse de las fake news.

—¿Qué es big data y cómo se aplica a la política?

—Big data es un cambio de paradigma en la forma en que interactuamos con los datos, fundamentalmente a partir de tres grandes novedades que aportan las autopistas del conocimiento: la primera es la velocidad en la que los datos viajan, la segunda tiene que ver con el volumen de información que producimos a diario, y la tercera tiene que ver con la variedad de los datos. Esto implica un cambio de paradigma en la forma de analizarlos y de trabajar sobre esos datos no estructurados, o que no entran en un casilla de excel. Los usos de esto en política son muchísimos, pero tienen que ver con la capacidad de poder analizar patrones de comportamiento, de conversaciones, de interacciones, para interactuar con los ciudadanos de formas novedosas a partir de su intervenciones en redes o, por ejemplo, de sus consumos digitales, o de las formas de desplazamiento que tienen en la ciudad.

—¿Cómo ve e imagina la dinámica particular de la campaña presidencial en Facebook, Twitter y WhatsApp?

—De la forma cómo comenzó la campaña, tiene bastante que ver con lo que se vio en las elecciones de otros países, sobre todo las de Brasil y las de medio término de Estados Unidos, en las que hay un uso bastante extendido de la estrategia de trabajar sobre relatos de ciudadanos y de ciudadanas para desarrollar la comunicación. Está la idea de que el político tiene que ser uno más y diluirse en el conjunto de usuarios que utilizan redes cotidianamente. Después, las particularidades de cada plataforma deberían obligar a que se generen contenidos particulares para cada una, cosa que no necesariamente sucede y no estoy viendo que suceda: en líneas generales se sube el mismo contenido a Twitter, Instagram, Facebook, pensando que es un contenido para digital y en realidad cada una de esa plataformas tiene su lenguaje propio, sus propias mixturas de texto, imagen y video.

—¿Cómo observa hasta ahora la campaña de Juntos por el Cambio y del Frente de Todos en cuanto al discurso y la cohesión de la campaña?

—Lo que se ve claramente es un cambio de perfil, de posicionamiento de Cambiemos no sólo en el campo digital sino también en su estrategia general, que apuesta a la confrontación y a una diferenciación fuerte, con una campaña negativa en términos de hablar del rival de forma muy clara, sobre todo en la provincia de Buenos Aires. Han elegido que sea ahí donde se dispute básicamente la campaña nacional. Esto es una novedad para Cambiemos, porque históricamente fue un espacio político que intentó construir una identidad más bien de no conflictividad, de superación de diferencias y de las violencias la etapa previa, y hoy han decidido que eso ya no funciona, sobre todo a partir del análisis de que la elección se va a definir por odios más que por apoyos. Cambiemos está apostando a decir “nosotros somos muy malos pero los de enfrente son peores”. Muestra los límites de la construcción discursiva de Cambiemos después de 4 años de gobierno. De todas maneras, es cierto que los oficialismos tienen ventajas: primero de la previsibilidad, suelen saber bastante antes quiénes son sus candidatos; pero además tienen más recursos y posibilidad de planificar. En ese sentido esto se va a ver plasmado en una estrategia más coherente, con los actores y los voceros más ordenados. Esto es algo que al Frente de Todos le cuesta más, y es natural que sea así, porque es un espacio que definió candidatos más tarde, que tiene que juntar un montón de gente que no necesariamente venía trabajando junta desde hace mucho tiempo. Eso lleva más tiempo y resiente la estrategia.

—Cambiemos tiene un mayor desarrollo que el Frente de Todos en el uso de herramientas digitales. ¿Creés que puede ser decisivo o la oposición puede compensar esto con otros recursos, como la militancia callejera?

—No hay nada en campaña que sea decisivo en el proceso electoral, porque la toma de decisiones alrededor del voto es compleja, en la que intervienen un montón de factores, y la campaña es una más; diría que es una de la más pequeñas a la hora de tomar la decisión. Los contextos económicos, políticos, culturales, son bastante más determinantes. Es cierto que Cambiemos tiene una maquinaria más desarrollada, con más entrenamiento y con la ventaja de ser oficialismo, pero esta ventaja se relaciona mucho más con poder manejar la agenda económica, de obra pública, que con hacer buena o mala campaña en redes sociales. Si la elección está muy polarizada va a generar un aporte que no hay que desestimar, pero no se define un presidente a partir de una campaña digital.

—El gobierno está desplegando hacia la oposición un discurso muy duro, como acusar de marxista a Kicillof. ¿Cree que puede ser la elección más sucia desde el regreso de la democracia?

—No quiero catalogarla como sucia sino negativa, son diferentes. Sí me parece que cuando las sociedades se polarizan mucho las campañas tienden a ser más virulentas, más agresivas, más negativas. En este sentido Cambiemos está intentando importar algo de la experiencia brasilera, en la que la discusión sobre el comunismo estuvo bastante presente, a niveles de que en Brasil le han dicho a comunista hasta a Francis Fukuyama, que se preocupó por la victoria de Bolsonaro. Obviamente Argentina no tiene un sistema político de las características del brasileño pero esta idea del fantasma del comunismo, de la izquierda, del populismo, va a estar presente a lo largo de toda la campaña. Hay un intento de explotar eso y también una lectura de cierta derechización de sectores importantes de la sociedad, que efectivamente sucede.

—¿Cuáles deberían ser los filtros que debería utilizar la ciudadanía para prevenirse de las fake news?

—En principio, hay varias formas de construirte defensas en relación al consumo informativo. La más simple es fijarse si esa información tiene varias fuentes. Si googleás la información y sólo aparece en un solo lado o no la encontrás, es probable que sea falsa. En segunda medida, una buena estrategia para poner cierta distancia en relación a la información, es que si te cae muy bien lo que estás leyendo y te parece que estás muy de acuerdo con lo que vos pensás, es probable que también sea falsa, y esté destinada a sintonizar con tu forma de entender el mundo y deberías tener una mirada un poco más crítica alrededor de los consumos informativos que estás realizando. Después, chequear las imágenes: ver que no sean viejas, que la imagen del tuit que estás viendo exista y no sea una falsificación. Con un par de minutos de navegación en redes la mayoría de las noticias falsas que circulan se pueden desarmar.

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