Política

La composición de la Cámara de Diputados: un mosaico romano

Antonio Bonfatti, primer ex gobernador en ser elegido presidente del cuerpo, deberá manejar las riendas de un conjunto de cincuenta personas, balcanizado en catorce grupos.

Domingo 20 de Diciembre de 2015

El jueves pasado debutó la nueva composición de la Cámara de Diputados. 50 representantes elegidos por el voto directo para defender los intereses del pueblo. Así dicen los manuales. Que, además, (algunos, al menos) otorgan a los consensos legislativos la máxima instancia de la representación democrática por el simple hecho de que allí están representadas todas las fuerzas partidarias a las que el ciudadano con su libre albedrío le quiso dar voz y voto en la discusión de la cosa pública.

En el Ejecutivo hay una sola voz, la del partido o coalición que ganó las elecciones. En el Poder Judicial no hay voces partidarias o no debería haberlas. Por ello, es en Diputados donde se presume que las decisiones reflejan el mosaico más amplio posible del conjunto social.

Por tal razón cada cuatro años el debut en Diputados de una nueva composición genera siempre expectativas. La que debutó no es la excepción. Menos si se tiene en cuenta algunas de sus particularidades. Como el hecho obvio de que en ella el mismo oficialismo del Ejecutivo recuperó la mayoría y el manejo del cuerpo.

Ese manejo fue confiado a la coalición gobernante, el Frente Progresista Cívico y Social, que depositó en Antonio Bonfatti la presidencia. El médico rosarino es el primer ex gobernador en ocupar la poltrona más alta del recinto bajo "La Constitución guiando al pueblo", el magnífico cuadro de Guillermo Roux que adorna exquisitamente el estrado de la Presidencia.

Quizás los nervios o un estilo de mayor ritmo hicieron que Bonfatti, el jueves, cometiera varios olvidos y errores. Nada serio. Ya fue diputado y lo subsanará no bien se reanuden las reuniones luego del receso estival. Sus desafíos son varios y de otra densidad. En Diputados su presidente y sus dos vices se eligen cada año.

De allí que el primer desafío será tratar de mantenerse los cuatro años en la conducción no sólo porque su antecesor socialista y actual conductor del interbloque oficialista, Eduardo Di Pollina, lo logró sino porque, es seguro, que Bonfatti no quiere que sus 700 mil votos se vea diluido como agua en los dedos, tal como le pasó a la ex diputada María Eugenia Bielsa, quien en el 2011 también fue la más votada entre todos los legisladores, aunque a Bonfatti no le guste la comparación.

Diferencia de estilos. Y, finalmente, porque la sempiterna y siempre enfáticamente desmentida interna con su sucesor, Miguel Lifschitz (sus estilos tienen en común lo que la nieve al verano), podría ser un inconveniente si el plan fuera volver a la Casa Gris adonde también piensa arribar para entonces José Corral, el reelecto intendente capitalino y jefe de la UCR nacional, cuya estrella refulge por estos días.

Sin embargo, el reto inmediato de Bonfatti será manejar las riendas de un conjunto de 50 personas, balcanizado en 14 grupos. Lo que en ese ámbito se conoce como bancadas son como las pequeñas piezas de los mosaicos romanos que llegaron de la época de esplendor del imperio: según se combinaran las muchas y pequeñas difería el dibujo y diseño de la composición.

El miércoles, la Presidencia recibió de cada sector la comunicación formal de cómo cada uno se fue amontonando de acuerdo a conveniencias, afinidades, pertenencias y, tal vez, ideologías (ver infografía).

El Bloque Frente Progresista Cívico y Social (FPCS) se alzó con la mayoría automática que, en aras de garantizar gobernabilidad, otorga la Constitución provincial a la fuerza triunfante. Los legisladores de 1962 entendieron que siempre coincidiría con el color político del gobernador lo que no aconteció entre 2011 y 2015 por imperio del debut de la boleta única.

Mientras Bonfatti ocupó la Casa Gris el peronista Luis Rubeo condujo Diputados. Una situación inédita que hizo temer las peores tempestades pero que, en base a disposición en ambos, se sorteó son solvencia y una calma dignas de destacarse.

La acuarela progresista. Volviendo al periodo recién iniciado (2015-2019) los 28 diputados del Frente Progresista en rigor lejos están de configurar un único bloque. El frente integrado por radicales EM_DASHde distinto pelajeEM_DASH; socialistas EM_DASHtambién de distinto colorEM_DASH y un variopinto mosaico de representantes de partidos más pequeños; se atomizó en 8 bloques diferentes.

Di Pollina deberá hacer gala de toda su experiencia para lograr allí acuerdos y unanimidades con socialistas de la vereda de enfrente, como Rubén Giustiniani y Silvia Ausburger (el primero hizo notar su disidencias el jueves en la votación del presupuesto) o con los 2 bloques de radicales (que sumados son 11 diputados) y el representante de la CC-ARI. Hay partidarios de insertar más temprano que tarde al Frente en la alianza Cambiemos, algo que a los socialistas los horroriza de sólo pensarlo. Representa el pasaje a su antigua condición de fuerza minoritaria, por el que no piensan pagar un céntimo.

Pero a su vez, Cambiemos tiene otros diputados que usan ese nombre: los integrantes del Bloque Unión PRO Federal, con 9 integrantes, a los que conduce Raúl Fernández. Por este sector consiguió su enésima reelección el diputado Federico Reutemann, aunque por ahora se declaró integrante de un bloque unipersonal que dio en llamar Producción y Trabajo. Pero ello podría ser sólo hasta que aclare, según confían en el PRO donde dan por seguro que lo sumarán y volverán a ser 10.

La cifra los emparda con los peronistas que también son 10, aunque están divididos en 3 bloques dándose la paradoja de que el más numeroso bloque peronista (el del FpV) está presidido por un socialista: Héctor Cavallero. También avisó que hará sentir su presencia y su vasta experiencia legislativa forjada en el Congreso nacional y el Concejo rosarino.

Del mismo modo la izquierda, que por primera logra una representación con dos escaños, dejó en claro que se hará notar, aun a costa de no ser políticamente correcta. El jueves pasado no se guardaron ninguna crítica (duras algunas) al presupuesto o a la emergencia en seguridad, sus dos integrantes: Carlos Del Frade y Mercedes Meier.

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