Política

"La boleta única santafesina se usa en los países más desarrollados"

Delia Ferreira Rubio es presidenta de Transparencia Internacional. Fue elegida durante el congreso de la entidad, en Berlín. Nació en Córdoba el 13 de julio de 1956. Es abogada, graduada con honores.

Domingo 03 de Diciembre de 2017

La presidenta de la ONG más influyente del mundo en la lucha contra la corrupción es argentina. Delia Ferreira Rubio, nacida y criada en Córdoba, se reunió hace pocas horas con el presidente de la Nación, Mauricio Macri, y aprovechó la oportunidad para pedirle al jefe del Estado que no se implemente el voto electrónico en el país y que, en cambio, se institucionalice nacionalmente la boleta única santafesina.

En una entrevista exclusiva con LaCapital, Ferreira Rubio analiza a fondo qué sucede en Argentina y en el derecho comparado con la corrupción. Acompañada por el constitucionalista y funcionario del área provincial Oscar Blando, la titular de Transparencia Iternacional admite el asombro de muchos dirigentes del Primer Mundo cuando internalizan que una argentina es la presidenta de la organización más importante en la lucha contra la corrupción. Casi un oxímoron.

"Me lo preguntan mucho, mucho. Todos los periodistas, sistemáticamente, me interrogan: ¿cómo una argentina llegó acá? Y en realidad, mi cargo no tiene que ver con la performance del país sino con la actividad de cada uno, con lo que se ha trabajado. Yo trabajé toda mi vida en Poder Ciudadano y luchando contra la corrupción, por eso llego. Pero, como me preguntan sistemáticamente sobre eso, me puse a pensar y creo que tengo una ventaja en la organización: conozco la corrupción más de cerca", comenta.

—Es paradigmático que en la Argentina estén procesados los dos senadores nacionales que fueron presidentes por el voto popular. Incluso, Menem tiene una condena.

—Es una de las pruebas de que Argentina tiene un problema con la corrupción. No hay una reacción institucional adecuada y hay tolerancia de parte de la ciudadanía, que reacciona para los escándalos pero se apaga. Y tampoco hay canales para dar participación a la posindignación. Cuando hay indignación salimos a la calle, eso pasa en toda Latinoamérica. Pero la gente no puede estar en la calle todo el tiempo. ¿Y qué pasa después? La energía ciudadana se pierde. Hay países que tienen a jueces convertidos en rockstars, por ejemplo en Brasil. En otros países se recurrió a organismos internacionales, como en Guatemala y Honduras. Ahí no alcanza con la Justicia nacional.

—¿Y en Argentina?

Se ha despertado la Justicia en Argentina. El tema es cómo hacer sostenible en el tiempo lo que se logra. Porque si sólo hay "jueces campeones", cuando se terminan, no hay más soluciones.

—En el Lava Jato, y antes en el Mani Pulite, los jueces llevaron la delantera. En Argentina hay muchos jueces corruptos. Son parte del problema y no de la solución. El caso Freiler es impresionante...

—Exacto. Pero fíjese en Mani Pulite: se desarma el Pentapartido, la clase política lo sufre mucho, pero después vino Berlusconi. Brasil tuvo a Collor De Mello destituido por corrupción y luego vino la maraña de más corrupción. El juez Moro dijo que se necesita el apoyo de la ciudadanía y la institucionalización. En Argentina, ¿quién nos garantiza que los jueces que se despertaron no se vuelvan a dormir? Además, la impunidad se refleja en casos que duran eternamente. ¿Cuánto hace que Menem terminó su mandato? No tiene sentencia firme. Hace poco fue el juicio contra (Raúl) Granillo Ocampo, quien fue ministro de Menem. Ese día yo le estaba dando una clase a jóvenes de 25 años y nadie sabía quién era Granillo Ocampo. También está el otro extremo: los sobreseimientos express. Todo eso es impunidad.

—Todo lo contrario a lo que se conoce como el "Tobleronegate".

—Eso es genial. El "Tobleronegate" es un caso excepcional para demostrar que hay países que no toleran la corrupción, ni la grande ni la chiquita. Era una viceprimer ministra, en Noruega, una mujer que tenía treinta y pico de años. Salió de trabajar un día en el auto oficial, paró a cargar nafta y compró un paquete de pañales y una barra de chocolate Toblerone, pagando todo con la tarjeta del Ministerio. Al día siguiente fue a devolver el importe del Toblerone y los pañales, pero al mediodía tuvo que renunciar porque es intolerable que alguien use la tarjeta de crédito oficial para un gasto personal. ¿Alguien se imagina en Latinoamérica que pasaría con un caso similar?

—Es un calco a lo que sucede en la serie dinamarquesa "Borgen".

—Sí. Demuestra que corrupción puede haber en cualquier lado, lo que diferencia una situación de otra es la reacción institucional y social. Esa señora que renunció no pudo volver hasta diez años después a su carrera política. ¿Qué hacemos frente a la corrupción? ¿Roban pero hacen, y los seguimos votando?

—¿Hay cambio en la Argentina o es un show para meter presos a kirchneristas?

—Hay cosas positivas, por ejemplo la ley de acceso a la información pública. Eso es un avance, ahora hay que implementarla bien.

—¿Se reunió con Macri y le pidió que no implemente el voto electrónico?

—Sí, tal cual. Le pedimos tres cosas al presidente: boleta única papel, como tiene Santa Fe, financiamiento de la política y eliminación del Ministerio del Interior del manejo de cualquier aspecto del proceso electoral. Aproveché la reunión para decirle que no podía irme sin sugerirle que implemente la boleta única.

—¿Qué le respondió Macri?

—Que así como yo le hacía esas objeciones, otra gente le decía otra cosa. El sabía, dijo, que "el sistema electrónico se utilizó sin problemas en algunas provincias, corregía el robo de boletas y era rápido". Retruqué las tres cosas. La boleta única soluciona el tema del robo, es más barato y no introduce problemas como el voto electrónico. En la ciudad de Buenos aires, el sufragio electrónico permitió el "multivoto", votos que no saltaban en el cómputo y, además, se pone en peligro el secreto del voto. Eso es cercenar libertades.

—¿Y por qué Macri insiste con el voto electrónico que, además, sólo existe en India, Brasil y Venezuela?

—Le dije al presidente que no hablaba en nombre individual, lo que yo digo lo afirman el Conicet, los expertos internacionales, el mundo entero. Se puede violar el secreto del voto, y eso es lo que descubrieron en Holanda. En Irlanda compraron máquinas y nunca las usaron, porque no pudieron garantizar la seguridad. En EEUU, temían el ataque de hackers rusos. En Holanda ni siquiera usaron el método electrónico para contar votos. Y le dije al presidente que no hay que meter una máquina entre el elector y su decisión. Argentina debería ir por el camino de Santa Fe. La boleta única santafesina es la que usan los países más desarrollados del mundo.

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