Política

"Hay una gran desilusión con Macri, pero Cambiemos no está muerto"

Alejandro Grimson es doctor en Antropología por la Universidad de Brasilia. Estudios de comunicación en la UBA. Se especializó en procesos migratorios, culturas políticas e identidades. Investigador del Conicet.

Domingo 23 de Septiembre de 2018

Alejandro Grimson asegura que el gobierno de Cambiemos fracasó y que hay una gran desilusión entre los votantes de Mauricio Macri, pero que sería un grave error político decir que "está muerto". El antropólogo y politólogo fue uno de los más escuchados en el Congreso de la Democracia, que organizó la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales.

"Macri chocó todo. Aplicó un programa neoliberal de un nivel de ortodoxia y falta de pragmatismo brutal. Distribuyó el Estado en sectores del capital sin un proyecto hegemónico, en el sentido que ordene las disputas de ese capital", apunta el profesional en una entrevista a fondo con La Capital.

Según Grimson, la oposición política no ha sabido captar lo que están expresando "las calles" en sus reclamos contra el gobierno. "Esas calles son muy plurales, ninguna es kirchnerista ni está ausente el kirchnerismo. La dirigencia política de oposición no tuvo capacidad, hasta ahora, de interpretar esas calles. La sociedad está pidiendo cosas sencillas: un país donde nadie quede afuera, donde debe haber regulación pública, que no haya corrupción", revela el autor de "Mitomanías argentinas. Cómo hablamos de nosotros mismos" y "Mitomanias de la educación argentina".

—¿Qué evaluación hace de la situación del país?

—Está claro el fracaso del gobierno nacional y está claro que hay una gran desilusión entre los votantes de Macri. El 51% de los votantes de Macri es muy heterogéneo. No sacó lo mismo en las primarias que en las generales ni en el ballottage. Tiene el macrismo una minoría sólida, como la tenía el kirchnerismo, pero el desafío es lograr que esa minoría devenga mayoría. La única fortaleza que tiene Cambiemos es que la oposición está fragmentada y no tiene proyecto alguno. No tiene votos, candidatos ni proyecto. Cada semana, cada mes, es el peor momento de Macri. Lo dijo él mismo.

—¿La pregunta es por qué?

—Chocó todo. Aplicó un programa neoliberal de un nivel de ortodoxia y falta de pragmatismo brutal. Distribuyó el Estado en sectores del capital sin un proyecto hegemónico, en el sentido que ordene las disputas de ese capital. Cada cual tiró para su parte: se bajaron las retenciones, se liberó el flujo financiero internacional para que entren y salgan los golondrinas cuando quieran. Y hubo un desmanejo brutal de un presidente del Banco Central vendiendo millones de dólares a 20 pesos.

—El miedo al regreso del peronismo le permite mantener cierto voto cautivo a Cambiemos. "Macri es un desastre, pero pueden volver los kirchneristas", es la cita.

—Sería una "second chance". Hay dos miedos, uno es que nadie quiere un 2001, salvo algún loco. Yo hablo mucho con dirigentes sociales y nadie quiere eso. El 2001 representaría un salto abrumador de la pobreza. Los dirigentes territoriales están trabajando para resolver problemas y que no haya un estallido. Un 2001 sería calamitoso. Pro necesitamos que Macri no siga haciendo desastres. Es decir, necesitamos que no haya 2001, pero también que Macri deje de hacer desastres. El antikirchnerismo intenso fue lo que obtuvo Cambiemos en las primarias. El kirchnerismo, Cambiemos y los indecisos representan tres tercios. El 2019 depende del tercio de indecisos, el voto blando. Esa gente no quiere ahora a Macri, ni piensa que la solución está en el pasado, en lo que terminó en 2015.

—O sea que el macrismo tiene "una vuelta más" en el gobierno, si logra gobernabilidad.

—Difiero con usted, creo que la va a tener complicada para ganar las elecciones en 2019. Una cosa es ser la primera minoría y otra es cruzar la primera vuelta del 45% o del 50%.

—Pero para zafar del ballottage, le alcanza con el 40% a Macri, si es que nadie saca el 30%.

—Incluso de ser así lo veo muy difícil. Y todavía la recesión no pegó del todo, y el presupuesto viene con cero por ciento. La economía incide mucho en los últimos meses previos a las elecciones, el bolsillo de los últimos días. Nadie puede hacer un pronóstico, pero fácil no la va a tener el gobierno. Todos los sectores asalariados perdieron, ni hablar de los pobres, la comunidad universitaria no está en los radares, pero es importantísima. Y hubo una marcha impresionante de los universitarios y, de ninguna manera, fue una marcha kirchnerista. Hoy, todo ese malestar carece de representación política. La pregunta es si ese enorme malestar se va a poder condensar en una propuesta política en pocos meses.

—El PRO llegó como el campeón mundial de la comunicación política y, sin embargo, los grotescos comunicacionales han sido muchísimos desde que asumió en el gobierno. ¿A qué obedece esta dualidad manifiesta?

—Podés hacer la mejor publicidad de un chocolate, pero si cuando se lo come es horrible, la mejor publicidad no funciona. Pasa lo mismo con lo que dijo Macri antes de ganar las elecciones y lo que sucedió después. El kirchnerismo fue extraordinariamente hábil para recuperarse del 2009, pero sus errores políticos son sorprendentes. Con el macrismo pasó lo mismo. Algo que funcionaba bárbaro, como por ejemplo la idea del discurso cortito en contraposición a Cristina, ya no tiene sentido. Necesita que el presidente de una explicación, que contenga, que construya un relato. La conjunción de esas dos cosas hicieron que se produjera esta gaffe.

—Ahora bien, el triunfo de Cambiemos en Marcos Juárez intenta ser subestimado por la oposición, pero expresa un sentir de los votantes de lo que eufemísticamente se llama "el campo". Ese mismo resultado se daría en muchos pueblos de Santa Fe, también. No deberían dar por muerto a Cambiemos.

—Es que si alguien da por muerto a Cambiemos va a cometer un error político. Cambiemos no sólo tiene muchos votantes sino también figuras de muy buena imagen, caso María Eugenia Vidal, y algunas más. Tantas veces se dio por muerto al kirchnerismo, y Cristina sacó el 37% de los votos el año pasado. En la Argentina, el termómetro relevante está en las grandes ciudades, en las grandes provincias. El kirchnerismo antes de perder definitivamente, perdió en las grandes ciudades. En la ciudad de Buenos Aires los macristas ganaron por dos puntos las elecciones a jefe de Gobierno y absorbieron a Lousteau, pero no a los votantes de Lousteau.

—Pese a la crisis económica macrista y a la corrupción kirchnerista no aparece nada con chances que huela a una posible Tercera Vía.

—A diferencia de Brasil, hubo una enorme oposición en las calles a muchísimas medidas del gobierno: dos por uno, reforma previsional, achicamiento universitario. Esas calles son muy plurales, ninguna es kirchnerista ni está ausente el kirchnerismo. La dirigencia de oposición no tuvo capacidad, hasta ahora, de interpretar esas calles. La sociedad está pidiendo cosas sencillas: un país donde nadie quede afuera, donde debe haber regulación pública y que no haya corrupción. Falta un programa simple y reglas claras para dirimir candidaturas. Hay incapacidad para representar políticamente la diversidad de esas calles.


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