Política

Gerardo Tato Young: "Con Stiuso, los Kirchner crearon su propio Frankenstein"

Una de las plumas más versadas para describir como nadie el submundo de los servicios secretos en la Argentina sostiene que "hay que tomar con pinzas" el testimonio del ex agente.

Domingo 06 de Marzo de 2016

Con Stiuso, los Kirchner crearon su propio Frankenstein”, asegura el periodista y escritor Gerardo Tato Young, una de las plumas más versadas para describir como nadie el submundo de los servicios secretos en la Argentina y su relación con jueces y políticos. Con el caso Nisman en plena ebullición a partir de la declaración del ex espía más famoso (Antonio Jaime Stiuso), Young sostiene que “hay que tomar con pinzas” el testimonio del ex agente de Inteligencia. Tiene la sensación de que no aportó datos concretos sino que reforzó una hipótesis de investigación: el asesinato del fiscal Alberto Nisman.

En su último libro, “Código Stiuso” (Planeta), Young se adentra en el universo de este personaje oscuro, su relación con el kirchnerismo y la Justicia. En una entrevista con La Capital, desmenuza la trama del ex espía y su vínculo con Nisman, con el matrimonio Kirchner y el manejo de los jueces federales.

—¿Le parece creíble lo que declaró Stiuso?

—Hay que tomar a Jaime Stiuso por lo que es, un agente de espionaje que lleva 40 años indagando y al mismo tiempo manipulando la información. Hay que tomarlo con pinzas. Me da la sensación de que no aporta datos concretos sino que refuerza una hipótesis de trabajo (el asesinato de Nisman) y que el objetivo a corto plazo era llevar la causa a la Justicia federal, donde hay un juez amigo de él y de Sandra Arroyo Salgado (ex esposa de Nisman) que está esperando el expediente, que se llama Luis Rodríguez. Generalmente los espías como Stiuso tienen distintas capas de objetivos. La táctica era llevar la causa al fuero Federal, la estrategia es más difícil de adivinar.

—El objetivo de corto plazo está en camino a cumplirse, que es pasar la causa a la Justicia federal. ¿Cuál es el objetivo de largo plazo?

—Manejar la causa, tener más dominio sobre la investigación a través del juez Rodríguez, porque es un juez federal que llegó con el empuje de la vieja Side de Cristina. Es compadre de Stiuso y muy amigo de Arroyo Salgado. Desde que mataron o se suicidó Nisman, Arroyo Salgado está intentando llevar la causa hacia ese juzgado. Pensando bien: con la idea de poder investigar con alguien de confianza. Pensando mal: parándose arriba del expediente y viendo a ver qué se hace.

—Es Stiuso, como dice Parrilli, un psicópata mentiroso?

—Psicópata no, es un personaje oscuro sin ninguna duda, y por eso estuvo 40 años como el agente más eficaz de la Secretaría de Inteligencia y el kirchnerismo lo usó durante 12 años. Y lo usó para lo que usaba Kirchner a la Side: controlar opositores, averiguar sobre los periodistas críticos, para armar carpetazos. Y sobre todo, el control de la Justicia federal que debía investigar la corrupción. En ese rol, Stiuso llegó a poner varios jueces, uno de ellos es Rodríguez y también Sandra Arroyo Salgado, que llegó al juzgado federal de San Isidro con el empujón de la Side. Este es el escenario previo. Ahora esa relación se sostenía en gran parte porque Stiuso manejaba una causa muy importante, como la investigación del atentado a la Amia, junto a Nisman. Eso generó una relación de mucha confianza entre ambos y también una fidelidad muy intensa con Néstor Kirchner, que después con Cristina no volvió a ser igual y que se terminó de romper entre 2012 y 2013. En su declaración testimonial, Stiuso dice: “Cristina se volvió loca”. En realidad no se sabe por qué Cristina, en 2012, decidió cambiar su política exterior y en particular el enfoque en la causa Amia. Según Stiuso, fue una petición de la Venezuela chavista.

—¿Por qué se rompe ese pacto con los Kirchner?

—Hay una mezcla de cosas. Había una relación que se había construido a la manera de Néstor Kirchner y Cristina siempre fue distinta. De hecho, muchas relaciones de fidelidad que tenía Néstor, Cristina las rompió. Y una era ésta. Creo que había una desconfianza de Cristina hacia Francisco Larcher (que era el segundo de la Side). En paralelo, Cristina decidió hacer un giro geopolítico muy claro, que fue cuando empezó a acercarse más a Venezuela, China e Irán. Con esto se rompió el pacto, y ahí tanto Stiuso como Nisman quedaron totalmente descolgados. Ellos apostaban mucho a la causa Amia, que era sostenida no sólo por la Side y el gobierno argentino, sino también por el Mossad (servicio israelí) y la CIA.

—Si Nisman y Stiuso habían trabado cierta amistad, ¿cómo es que el ex espía declara que no conoce a Lagomarsino?

—Es posible que no lo conozca. Stiuso y Nisman tenían una relación que iba por afuera de los cánones formales. Stiuso no iba a verlo a Nisman a su casa ni a su oficina. Era al revés: Nisman iba a la oficina de Stiuso. No era una relación abierta, sino semisecreta o sigilosa. Es muy probable que Stiuso no supiera quién era el secretario de Nisman o su asistente informático.

—En su libro “Código Stiuso”, usted sostiene que hizo para los Kirchner varios trabajos inconfesables, carpetazos...

—En realidad es para lo que sirve la Side desde que funciona como tal. Lo que pasó con el kirchnerismo es que esto se profundizó. La Side empezó a hacer carpetas contra políticos opositores. Recordemos el caso de Olivera (acusado de tener una cuenta secreta en Suiza y esa información era trucha), De Narváez (acusado de liderar una banda que traficaba efedrina). Y después un montón de carpetas que circularon por los canales de publicidad y de propaganda kirchnerista como 6,7,8 y demás. Recuerdo ahora una campaña que decía que había periodistas de Canal 13 y de Clarín que eran agentes de Inteligencia rusos. Todas esas cosas nacían en el seno de la Side, donde Stiuso manejaba prácticamente todo: mucha guita negra, aduanas paralelas. Se sabe que tenía una puerta de acceso paralela en Ezeiza que era de la Side y permitía el ingreso de cualquier cosa. Todo esto ha mostrado un mundo clandestino, oscuro, ilegal, que evidentemente hablaba de un uso mutuo entre el poder político y los servicios secretos. Stiuso era un jugador clave en esto. Y sobre todo, lo que para mí es la fase inicial de todo esto, que era el control de los jueces. En la Justicia federal no había uno que no tuviera relación con este agente.

—¿Ese rol con la Justicia fue con todos los gobiernos?

—Fue in crescendo y en los últimos tiempos era una cosa grotesca. Por eso los Tribunales Federales, durante años, no quisieron ver ni un solo hecho de corrupción ni ejercer ningún tipo de control constitucional sobre nada. Y ahora de pronto, todos liberados y sueltos, empiezan a tomar causas rápidamente.

—Una pista de eso dio Parrilli cuando se preguntó qué pasaba con los jueces federales que le tienen miedo a Stiuso...

—Que Parrilli se pregunte a sí mismo, porque ellos orquestaron ese esquema. Fue el kirchnerismo el que montó ese esquema. Ahora lo que les está pasando es que están pagando el monstruo que ellos mismos formaron. Con Stiuso, los Kirchner crearon a su propio Frankenstein. El kirchnerismo armó un sistema judicial politizado, donde los jueces respondían al poder de turno. Pensaron que se iban a quedar para siempre.

—¿El hecho de que Stiuso haya vuelto al país a extender su declaración en el caso Nisman tiene que ver con el cambio de gobierno?

—Sin dudas. Con Cristina en el poder Stiuso no iba a volver de ninguna manera. Hoy no está buscado por ninguna causa. Cuando estaba Cristina había alertas azules de Interpol. Se produjo una gran paradoja: Cristina reclamó la presencia de Stiuso en el país ante las Naciones Unidas y el resultado es que Stiuso vuelve a la Argentina y declara que Cristina mandó a matar a Nisman. ¿Es todo muy curioso, no? Lamentablemente esto demuestra que la relación entre los jueces, los políticos y los servicios secretos, por lo menos hasta diciembre del año pasado, fue bastante promiscua.

—Y todo esto en una causa hipersensible como el atentado a la Amia, donde se borraron pruebas y hubo encubrimiento...

—El riesgo es que el caso Nisman se convierta en un caso Amia. Es decir, una causa tan contaminada que ya sea imposible acceder a la verdad.

 

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