Política

Fallan hoy por los casos de Dunda y Campagnolo

El Tribunal Federal de Santa Fe cierra el juicio a tres represores por el secuestro y torturas del ex diputado y el fallecido ex intendente capitalino.

Martes 16 de Septiembre de 2014

El Tribunal Oral Federal de Santa Fe tiene previsto realizar hoy su última jornada que debería concluir con el dictado de su sentencia en el juicio contra tres represores acusados por secuestros y tormentos en 1976 al ex intendente de Santa Fe Adán Noé Campagnolo y al ex presidente de la Cámara de Diputados de la provincia Rubén Dunda.

Al Tribunal lo integran Luciano Lauría, José María Escobar Cello y María Ivón Vella. En el banquillo están sentados los ex militares José María González y Jorge Diab, y el ex policía Ricardo Salomón.

Campagnolo y Dunda fueron secuestrados en Santa Fe el mismo día del golpe, el 24 de marzo de 1976.

A Campagnolo, el cautiverio le depararía un enorme sufrimiento dado la crueldad con la que sus captores se ensañaron al torturarlo: fue sometido a empalamiento. Su salud nunca se recuperaría del todo y moriría en 2003. Antes, en un reportaje por televisión, que fue sumado al juicio, el propio ex intendente relataría su calvario: "Los milicos intentaron matarme. Me introducen por el ano un objeto cortante, me rompen el intestino y la vejiga. Si la picana eléctrica hubiera estado encendida, me hubieran matado ahí mismo".

En su condición de jefe del Ejército de Santa Fe, González fue el primer interventor de la dictadura, y ya pesa sobre él una condena a cadena perpetua por el homicidio del militante Mario Marini, entre otros delitos de lesa humanidad, la que purga con arresto domiciliario.

Diab fue segundo jefe del Destacamento de Inteligencia 122 y también cumple prisión domiciliaria. Salomón fue oficial auxiliar de la Guardia de Infantería Reforzada (GIR) y está acusado de ser el ejecutor de las torturas a Campagnolo.

"Sólo faltaron los tanques de guerra. Me tirotearon toda la casa y me llevaron", dijo Campagnolo sobre su secuestro. Fue alojado inicialmente en la GIR, desde allí, encapuchado lo llevaron a un lugar desconocido. La historia clínica del ex intendente registra: "Setenta hematomas en distintas partes del cuerpo, siete costillas fracturadas, rotura de vejiga e intestinos, ano contranatura por seis meses".

La detención fue blanqueada por el Ejército, lo cual permitió que su yerno lo visitara y le llevara comida. Campagnolo le dio su saco y su pantalón ensangrentados como prueba de las torturas que había soportado. El 7 de abril de 1976 el gobierno militar admite públicamente el deterioro de la salud del ex intendente y decide internarlo en el Hospital Cullen, donde estuvo 9 meses convaleciente. Lo noticia publicada motivó que el entonces arzobispo santafesino, Vicente Zaspe, preguntara por su condición. Campagnolo diría años después que esa intervención del prelado salvó su vida.

En el juicio, el ex policía Silvio Caballero sindicó a Salomón como uno de los torturadores de Campagnolo. Relató que custodiaba la puerta de una sala de la GIR y escuchó los gritos pese a la música fuerte que pusieron los verdugos quienes al salir comentaban entre risas que "lo habían torturado mal".

Dunda con apenas 26 años se convirtió en presidente de la Cámara de Diputados. La dictadura no le perdonó que hubiera impulsado la investigación de la desaparición de Angel Tacuarita Brandazza en 1972.

Dunda quien, con la democracia volvería a ser diputado, defensor del Pueblo y funcionario provincial, desde 1978 hasta 1983, vivió con su familia exiliado en Paraguay.

"Fue el Ejército", respondió Dunda en el juicio cuando le preguntaron quien lo había secuestrado simulado un fusilamiento en la noche del 24 de marzo de 1976. Ahí lo apalearon dejándolo casi inconsciente. Luego lo tiran en una habitación oscura. "Yo no veía nada, estaba casi muerto, cubierto de sangre, pero presentía que había más gente", declaró Dunda.

Contó que el jefe de policía de URII, Adelino Soldano lo llamó el 10 de marzo de 1976 y le dijo que abandonara la casa que lo iban a matar. "Me insistió, váyase ya porque me han dado orden que quitarle la custodia. Así que salimos de inmediato con mi mujer y mis hijos y nos vinimos a Santa Fe. Esa noche mi casa en Rosario voló por los aire".

"Después de ese atentado siguieron las amenazas. Me fui a entrevistar con el jefe del Ejército José María González para denunciar lo que estaba pasando. A los pocos días, con el golpe de Estado, se convirtió en el primer interventor y yo fui secuestrado".

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