Política

"Es un momento bisagra: se necesita un rediseño de la gestión presidencial"

Luis Tonelli estudió Ciencia Política en la Universidad del Salvador y en la Universidad de Oxford. Desde 1985 dicta cursos en universidades nacionales y del exterior. Ex director de Ciencia Política de la UBA.

Domingo 15 de Julio de 2018

"Se necesita un rediseño de la gestión presidencial. En términos futbolísticos, se acabó jugar con nueve falso, con doble cinco, y todas esas sofisticaciones", dice Luis Tonelli, uno de los más lúcidos cientistas políticos que tiene hoy el país.

   Según el profesor de la UBA, "ir detrás de cada peronista para que levante la mano por cada ley, es como llamar al cerrajero de noche: te cobra el doble". Y agrega que el problema del gobierno es que "pecó de ingenuo y de soberbia", e intentó una zona de confort para el presidente (el Presidencialismo Segmentado) que no fue demasiado eficaz.

   En una entrevista con La Capital, Tonelli mensura que ahora se viene un partido con una estrategia más defensiva antes que ofensiva. "Pero los equipos defensivos también ganan partidos", explica.

   "Sin lugar a dudas este es el peor momento. Y aparte es un momento bisagra, porque los tiempos idos, ya nunca volverán. Llegaron los tiempos difíciles, se terminó la eficacia de la comunicación de las «buenas ondas»"; y el ajuste económico implica un reajuste discursivo, que ya se pudo constatar en el mensaje del 9 de julio del presidente", resalta el profesional.

   —Resulta curioso que este gobierno, que se autodenominaba "el mejor equipo de los 50 años", repleto de CEO's y de directivos de empresas privadas, no le haya encontrado nunca el pulso a la economía. ¿Le sorprende?

   —La verdad que no, y por dos razones: la primera, es que por ser "gente del mercado", pensaron que podían ganarle a los problemas financieros solo con la camiseta. Que llegaban los "buenos" y se iba a desatar una lluvia de inversiones que nunca se dio. O sea, y eso se alertó desde el principio, se subestimaba la situación y se sobrestimaba las capacidades, cosa que no hizo el mercado. La segunda razón, es que pueden ser CEO, financistas y playboys, pero cuando uno forma parte del corazón de un gobierno hay que hacer política. Con la preocupación electoral en la cabeza pero sin tener las capacidades y herramientas típicas que tiene un político, tuvieron temor de hacer reformas y ajustes que generaran ingobernabilidad. El gradualismo fue política al extremo, y eso en manos no tan expertas, resultó en un gradualismo cangrejo: para atrás en vez de ir para adelante.

   —¿Hasta que punto el mantenimiento de "la grieta" es una buena noticia para el gobierno? ¿Hoy, las esperanzas de continuidad tienen más que ver con la política que con la economía en Cambiemos?

   —Siempre fueron, superficialmente, más políticas que económicas. Una porción clave del electorado se hartó del estilo de CFK al que se le adjudicaron los problemas que tenía la economía. Las elecciones en las democracias modernas se deciden por los que votan en contra. Mientras CFK tenga más intención de voto en contra que a favor, polarizar con ella es el gran negocio de Cambiemos. La polarización le sigue enchufando un Metrobus a la ancha avenida del medio. Porque si antes que mi candidato, yo estoy muy preocupado que pierda él que no quiere que gane, entonces voto al del otro polo, y los del medio son de palo.

   —¿Cómo vuelve a transitar el gobierno ese camino de expectativas que llevó en algún momento a la mayoría de la sociedad a respaldarlo pese a que la economía no estaba bien?

   —Soy politólogo, y Milagro I y Milagro II no se cursaban en mi carrera. Me parece que las expectativas positivas tal como se vivieron al inicio del festival de globos y bailecitos cowboy-presidenciales va a ser muy difícil que vuelvan. Las elecciones ahora serán entre los que prefieren el ajuste a la crisis y los que prefieren la crisis al ajuste. Entre los que apuestan a la responsabilidad, y a los que se entusiasman con que se vuelva a tirar manteca al techo.

   —¿No debería Macri inaugurar una etapa de coalicionismo en serio, comprometiendo más al radicalismo a la hora de las decisiones?

   —Se necesita un rediseño de la gestión presidencial. El presidente disfrutó de un esquema de dispersión de poder, que yo llamé Presidencialismo Segmentado, donde fue un Primus sin Pares, con la multiplicación de mini-ministerios, con la coalición confinada a un lugar minoritario en el congreso, con acuerdos ad hoc con gobernadores, etc. Sistema que para funcionar consumía ingentes recursos que se desafortunadamente han acabado. En términos futbolísticos, se acabó jugar con nueve falso, con doble cinco, y todas esas sofisticaciones. Llegó el momento del ajuste, asi que se impone el catenaccio y un 4 4 2. O sea, pocos ministros de verdad, con soberanía sobre cada área de competencia; consolidar la consolidación y darle presencia política —no se trata de una mera repartija de ministerios— y a partir de allí intentar acuerdos de más largo aliento con el peronismo que teme más un regreso de CFK que a la reelección de Macri. Ir detrás de cada peronista para que levante la mano por cada ley, es como llamar al cerrajero de noche: te cobra el doble.

   —¿Qué opina sobre el rol de la UCR?

   —La UCR ha tenido un comportamiento ejemplar aceptando estoicamente y como corresponde las decisiones del presidente (quien es el jefe del gobierno y el jefe de la coalición). Dados los problemas que enfrenta el gobierno y la experiencia de muchos de los radicales, la UCR tiene mucho para aportar en términos de técnicas de gestión de la crisis y de la negociación necesaria con el peronismo. Esta negociación no es un acto de inocencia, sino sencillamente una necesidad cuando los peronistas controlan el Senado, Cambiemos no tiene quórum propio en Diputados, y cuando gobiernan la mayoría de las provincias. Pero en su cogobierno, a muchos les conviene evitar la crisis, tanto como al gobierno nacional.

   —¿Cambiemos se mantiene hasta que Carrió diga "nos vamos"? Se lo pregunto porque hoy parece tener más peso interno que la UCR, a quién, incluso, ofende.

   —Carrió es como esos canarios que colocan en una jaulita en las centrales nucleares. Dado que no tienen el volumen del cuerpo humano, los afecta mucho más un escape radiactivo y mueren antes, dándoles a las personas la oportunidad de escapar. Carrió siempre escapó antes, pero hoy está adentro y con ganas. Eso nos da muchas esperanzas (se ríe). Pero si se va, a los botes.   

   —¿Cuál es su opinión sobre la decisión de Macri de no buscar una política de acuerdos con el peronismo?

   —Macri no quiere aparecer ligado a la "vieja política" porque la "gente" la detesta y se esperanza con un cambio. Pero hay un orden de prioridades en política. Si yo estoy desangrándome luego de un accidente tirado en la calle, no me conviene demasiado rechazar la ambulancia que viene a buscarme porque no me gusta el color del que está pintada. Inclusive la "gente", puede aborrecer de la vieja política pero no come vidrio, y menos cuando la nueva política no le resuelve los problemas que prometía resolver por su sola presencia. Finalmente, más que nueva o vieja política, hay buena o mala política.

   —¿Es un peligro para la política que Cambiemos fracase? ¿Hay riesgo de que se instale un clima de 2001 si eso pasa?

   —El peronismo es aquella fuerza que asume después de la crisis, disfruta de los buenos tiempos, choca el Titanic buscando la hegemonía, y le deje al no peronismo el barco escorado. Afortunadamente no tenemos el corset de la convertibilidad, el precio de las commodities no esta tan por el suelo como aquella vez, y Cambiemos asumió con una gran capacidad de endeudamiento. Todo puede pasar en la Argentina, pero una nueva crisis sería fatal para la ilusión de volver a ser ese país de clase media que hace mucho fuimos.

   —¿Ve posible un acuerdo global en el peronismo que involucre a todos los sectores internos, o la división kirchnerismo-anti kirchnerismo se va a mantener también adentro de ese "movimiento"?

   —Un acuerdo global con el peronismo sería suicida para el gobierno. Cuando a Margaret Thatcher le preguntaron qué opinaba sobre la unificación de Alemania, contestó "a mi me gusta tanto Alemania que prefiero dos". Macri tiene que decir "a mi me gusta tanto el peronismo que prefiero 3 o 4". En la fragmentación del peronismo está 1º) la clave de la gobernabilidad 2º) la posibilidad de ganar las elecciones, que es la clave de la gobernabilidad más importante.

   —La presencia del radicalismo en el oficialismo dificulta mucho la instalación de un frente de centroizquierda. ¿Cree usted que hay alguna chance de que aparezca un enclave socialdemócrata con chances para el 2019?

   —Las posibilidades de una política progresista siempre dependen de las circunstancias estructurales. El populismo K se basó en un país abaratado por una devaluación salvaje y el boom de las commodities. Cuando ese auge terminó, todas las experiencias populistas al unísono fracasaron. El radicalismo se alió con el PRO en una coalición republicana institucionalista, no de "derechas". Porque en la Argentina el ying y el yang de la política no es izquierda y derecha, sino "populismo" vs "institucionalidad". El gobierno resistió un ajuste mientras pudo, con un gradualismo que le dejó solo al ajuste tarifario el lado ortodoxo, una movida muy discutible. Si no hay crisis, Cambiemos tiene muchas chances de ganar las elecciones. SI hay crisis, entonces volverá el populismo, condenados al eterno retorno.

   —¿A este gobierno le falta política, como dicen muchos desde el análisis político, resultados económicos, o ambas cosas a la vez?

   —¡Ambos! El kirchnerismo dejó una bomba muy difícil de desmantelar ya que siempre está la ilusión cuando gana un gobierno no peronista, que la "fiesta vuelva" con solo combatir la corrupción. Por eso la decepción cuando llega el momento de pagar la cuenta de la fiesta pasada antes que seguirla. El problema del gobierno nacional es que pecó un tanto de ingenuo y de soberbia, y que intentó una zona de confort para el presidente (el Presidencialismo Segmentado) que no fue demasiado eficaz para la gestión de gobierno. Ahora, en estos momentos, empezó otro partido, totalmente defensivo antes que ofensivo. Pero los equipos defensivos también ganan partidos.

   —Escribió hace un tiempo que el kirchnerismo perdió las elecciones presidenciales en 2015, más por los errores políticos y el hastío de la gente con Cristina Kirchner que por la situación económica que se vivía en ese momento. ¿Este gobierno pateó el hormiguero económico sin saber adónde ir?

   —CFK tuvo la posibilidad de postergar la crisis económica gracias a controles y arbitrariedades que la acentuaron, y este gobierno la siguió postergando gracias a tomar medidas de normalización de la economía (por ejemplo, lo que tiene que ver con la salida del cepo y del default) lo que le permitió gozar de un endeudamiento, base del gradualismo, que se ha agotado en gran medida en nuestro país. Y respecto al rumbo, la Argentina lo pierde paradójicamente cuando le va bien y vive la ola de abundancia, sintiendo que todo es posible, y nos resulta "normal" que Londres esté más barata que Villa Banana de Rosario. Cuando viene la crisis, queda en posición de "córner": solo puede sacar para un lado. O devalúa, mete retenciones y usa la capacidad ociosa, o va al FMI , pide un stand by, y "Mamá Lagarde" nos dice lo que sabemos que tenemos que hacer pero no lo podemos hacer sin que nos lo digan. La cuestión es evitar la crisis, y alcanzar una velocidad de crucero para que la economía crezca sin que se recaliente y entremos en los problemas de siempre.

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