Política

"En las manifestaciones contra el gobierno se refleja delirio"

Jorge Alemán es psicoanalista y escritor. Autor de numerosos libros y artículos. Su última publicación editorial es "Pandemónium. Notas sobre el desastre"

Lunes 14 de Septiembre de 2020

De acuerdo al psicoanalista Jorge Alemán, el Covid-19 tiene la estructura de una pesadilla: los sujetos enfrentan un amanecer ante lo siniestro. En diálogo con La Capital, el autor de numerosos libros y artículos, residente en España desde 1976, planteó que en las manifestaciones anticuarentena se refleja una “estructura paranoica”, advirtió que la matriz de derecha está colonizando los sectores populares y ubicó al de Alberto Fernández entre los gobiernos que intentan desatarse los nudos que han construido las corporaciones.

—Empecemos por su campo, el psicoanálisis. ¿Cuál fue el impacto del Covid-19 sobre las subjetividades?

—Diría que esto es del orden de cosas que estaban advertidas que iban a suceder, pero que uno no termina de creerse que vayan a hacerlo. Las pesadillas tienen esta estructura. A través de una serie de operaciones el sujeto, aún sabiendo lo que va a suceder, desconoce o hace como que no entiende lo que va a suceder y por lo tanto un día amanece frente a lo siniestro. Hay una gama de angustia, locura, delirios interpretativos; se podría establecer un enorme registro de distintos tipos de tonalidades afectativas, pero lo siniestro es la clave.

—¿Juegan aspectos como la negación y la proyección, como han dicho algunos sociólogos?

—No son los términos apropiados porque son muy difíciles de trasladar al campo social, porque no hay neurosis social. Más que negación y proyección hay delirio, con una matriz paranoica. Eso se refleja en todas las manifestaciones del mundo contra los gobiernos, que apelan a la idea de que hay un otro que te impone sus intereses, y en ese otro aparecen mezcladas figuras que van desde los judíos hasta George Soros, pasando por los comunistas. Esa estructura paranoica la vehiculiza después la derecha ultraderechizada, que es muy heterogénea pero tiene como rasgo común que nunca va hacia el lado popular.

—En la Argentina protestan sectores antiperonistas tradicionales con variadas expresiones anticientíficas. ¿Es una alianza entre una vieja y una nueva derecha?

—El antiperonismo en la Argentina, como es el anticomunismo franquista en España, se mezcla con cosas más recientes, que tienen que ver con un odio hacia la política, con la idea de que la política es un fenómeno parasitario. Eso se ha extendido mucho también en los sectores populares, donde no estaba el antiperonismo. En cambio, esta matriz de ultraderechas está colonizando los sectores populares.

—¿Qué supo leer esa ultraderecha para penetrar en los sectores populares?

—En realidad, no tiene ninguna habilidad: las nuevas derechas políticas no hacen más que acompañar lo que en realidad los mismos dispositivos de poder generan. No hay que otorgarles una astucia especial, cualquier tarado caricaturesco y estúpido se puede valer de esto, que se está generando en usinas que son mucho más abstractas que las de los políticos de derecha. Ellos se suben al carro porque se identifican con eso y lo usan a favor de sus intereses.

—¿Cómo analiza la respuesta del gobierno argentino frente a la pandemia?

—Desde el punto de vista del Estado, el gobierno hizo un esfuerzo enorme, lo que ocurre es que no está claro que un esfuerzo del Estado pueda con esta pandemia. A no ser que las dichosas vacunas puedan finalmente poner una barrera, esta pandemia es imbatible. Hay una incompatibilidad entre las exigencias del mundo neoliberal y esta pandemia, porque la gente tarde o temprano necesita salir. El lujo de quedarse toda la vida encerrados muy pocas personas se lo pueden dar. Esta oligarquía lumpen e irresponsable que hay en varios lugares del mundo, pero que en la Argentina es muy remarcable, está cometiendo un delito de lesa humanidad cuando ha incitado a la gente a salir a la calle, porque después las consecuencias las pagan los sectores populares.

—Ante ciertas situaciones, como el retroceso en Vicentin, militantes y votantes del Frente de Todos han expresado cierta decepción con el gobierno. ¿Ve margen para medidas más radicales?

—Hay que analizar seriamente las coyunturas históricas y esta es bastante desfavorable. La Latinoamérica en la que está situado Alberto no es la misma en que se desplegó el kirchnerismo. Tampoco el mundo, que es mucho más atroz, con un modelo de acumulación del capital que ya interviene de una manera mucho más terrible que en aquellos años. En esa perspectiva, hay gobiernos que acompañan a las corporaciones y otros que intentan frenar en la medida de lo posible los efectos horribles que tiene este orden neoliberal de dominación. Me parece siempre más interesante criticar a los verdaderos poderes y no caer en la crítica más sencilla: agarrar al gobierno y criticarlo porque no puede con poderes con los que tiene una escasísima capacidad de intervención. No significa que no les vea limitaciones, contradicciones, déficits, tanto al gobierno argentino como al de coalición en España, con los cuales no necesito sentirme identificado íntegramente para apoyarlos.

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