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"En el discurso de Alberto el presente y el futuro están todavía borrosos"

Camila Perochena es Licenciada en Historia (UNR), Magister en Ciencia Política (Universidad Torcuato Di Tella) y docente de la UTDT.

Viernes 10 de Julio de 2020

Para la historiadora rosarina Camila Perochena el discurso que pronunció ayer el presidente Alberto Fernández por el Día de la Independencia fue ambiguo: planteó terminar con las divisiones pero, al mismo tiempo, resaltó las diferencias con el mensaje que dio hace cuatro años su antecesor, Mauricio Macri.

Entrevistada por La Capital la también docente de la Universidad Torcuato Di Tella y periodista analizó el uso de la historia durante los gobiernos de Cristina, Macri y Fernández y señaló que la interpretación que hacen los líderes del pasado expresa una concepción política. En este sentido, afirmó que el actual jefe de Estado oscila entre dos tipos de discurso: uno más basado en el conflicto y otro más consensual.

—¿Qué lugar ha ocupado el 9 de Julio para los distintos gobiernos argentinos?

—Desde el siglo XIX se plantea el debate sobre cuál es la fecha o el mito fundacional que se festeja. Los grupos rivadavianos preferían festejar el 25 de mayo, que siempre fue una fecha más porteña. En cambio, los federales elegían festejar el 9 de julio, que es una fecha que incluye a las provincias. Rosas ponía el énfasis en las fiestas julias por dos cosas: por el carácter más federal del festejo y el lugar que tenía el orden en esta fecha. Rosas se pensaba como el restaurador de las leyes, quería poner fin a la anarquía. Otro clásico en cuanto al uso público del 9 de Julio es Perón: él planteaba que las promesas de la independencia fueron incompletas, que hubo una independencia política pero no económica y que durante su gobierno se estaba dando una segunda independencia. Cristina retoma la idea de que la revolución consiguió la libertad pero no la igualdad y señala que el kirchnerismo viene a cumplir con esas promesas.

—¿Y en el caso del Macri? En el bicentenario de la independencia habló sobre la "angustia" de los patriotas.

—Me pareció un uso de la historia súper interesante. Fue un discurso anti heroico de la independencia, pero que en términos historiográficos esa idea de la angustia es bastante plausible. En 1816 se había restaurado la monarquía en España y Fernando VII iba a mandar ejércitos para recuperar las colonias que estaban en pleno contexto de insurgencia. Seguramente esas personas que estuvieron en el Congreso de Tucumán sintieron incertidumbre, angustia, dudas.

—¿Qué análisis hace del discurso de ayer de Alberto Fernández?

—Hay un mensaje ambiguo: el acto se cierra diciendo que hay que terminar con las divisiones y sin embargo al decir que los hombres tenían coraje y no angustias está entrando en un debate con la representación que hizo Macri en el bicentenario. Por otro lado, tampoco hay un uso de la independencia como el que hizo Cristina Fernández de Kirchner: no está acá la idea de segunda independencia ni de las promesas incumplidas de la revolución. Sí tenemos una especie de puente entre el pasado y el presente, entre dos momentos complicados y de incertidumbre, donde el presidente dice que los hombres tienen que hacer su propio destino.

—Vuelvo al kirchnerismo, ¿Qué otros recursos extrajeron de la historia Néstor y Cristina para armar su discurso?

—La interpretación del kirchnerismo de la historia es como una lente que te permite entender su concepción política, que podríamos llamar agonista: se piensa la política desde la división y el conflicto. No sólo se reconocen esas divisiones y se las profundiza en el presente, también se las busca a lo largo de doscientos años de historia argentina. Por ejemplo, si en el presente el kirchnerismo se oponía al Poder Judicial, los sectores agroexportadores o los grandes medios de comunicación se los rastreaba y se los asociaba a períodos antidemocráticos. Pero no sólo se busca a los adversarios en el pasado sino también al nosotros, los personajes con los que se identifica el liderazgo: Belgrano, Moreno, Dorrego, Rosas, Perón, los jóvenes los ‘70.

—El macrismo siempre consideró a la historia como un lastre, ¿Fue un déficit que no haya buscado vincularse a alguna experiencia histórica que le pudiera dar más densidad a su relato?

—Efectivamente, hubo un problema. La Argentina es una sociedad con una cultura histórica muy profunda, la memoria ocupa un lugar muy importante. Crear un relato donde la mirada sobre el pasado se ve como algo nostálgico y sólo se piensa en mirar al futuro es un problema, porque no podés evitar que esa sociedad mire al pasado. Fue un error de lectura de Macri.

—Desde que empezó su gobierno Alberto Fernández parece absorbido por el presente, y sus principales referencias históricas parecen ser Alfonsín y Kirchner, ¿Cómo analiza el uso de la historia del actual presidente?

—El problema del discurso de Alberto Fernández es que cambia mucho y todo el tiempo en los aspectos más fundamentales, no sólo en el uso de la historia. En su discurso inaugural hubo un uso del pasado, en el que no sólo aludió a Alfonsín y a Néstor sino también a Alberdi, a Sarmiento, personas que prácticamente no aparecían en el discurso de Cristina. Intentó apuntar a una interpretación del pasado más consensual. Pero ése es el Alberto pre pandemia, actualmente dice poco y nada sobre el pasado. No hay una interpretación de la historia porque tampoco está muy claro cuál es el futuro al que está apuntando. En el discurso de Alberto el presente y el futuro están todavía borrosos.

—Si la crisis se profundiza, ¿Lo ve a Alberto volviendo a ese discurso duro del último kirchnerismo?

—Eso depende de la idea de política que quiera manejar Alberto. Hay momentos donde aparece un Alberto más agonista y hay momentos donde aparece uno más consensual. El tema es que el Alberto agonista aparece cada vez más seguido.

—Por la situación que enfrenta Fernández, ¿Se puede mirar en el espejo de algún presidente de la historia argentina?

—Es una muy buena pregunta. Creo que él se mira en el de Alfonsín y en el de Néstor, pero yo lo veo en algún aspecto parecido a Alvear. Alberto no tiene la suerte que tuvo Alvear en términos del contexto internacional, económico y político pero sí comparten los dilemas. El de Alvear era si iba a crear o no un alvearismo que rompiera con el yrigoyenismo. Creo a Alberto durante toda su presidencia lo va a recorrer permanentemente el estigma del títere, la pregunta de si va a romper con Cristina o con La Cámpora.

—Además de la crisis económica, el país está atravesando una pandemia, ¿Qué huellas dejaron otras pestes en la historia argentina?

—Acaba de salir un libro del historiador Maximiliano Fiquepron, que estudió la epidemia de cólera y de fiebre amarilla en el siglo XIX. Por un lado generaron nuevas formas de entender la muerte y cómo se la vive, y por el otro generaron cambios institucionales. Si tenemos suerte, esto dejará mejoras en las instituciones.

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