Política

"En el caso Maldonado importaron más los discursos que los hechos"

Marcos Novaro es sociólogo, historiador y doctor en Filosofía e investigador del Conicet. Dirige el Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani y del Centro de Investigaciones Políticas (Cipol).

Domingo 25 de Febrero de 2018

Marcos Novaro cita al periodista y escritor Martín Caparrós para analizar lo que, a su juicio, sucedió con el caso de Santiago Maldonado en la esfera del debate público. "Los discursos fueron más importantes que los hechos", sostiene el politólogo, quien a principio de año publicó un libro ("El caso Maldonado") donde se zambulle con datos y opinión sobre un episodio que convulsionó el escenario político desde la desaparición del joven artesano el 1º de agosto hasta la aparición del cadáver el 17 de octubre en las aguas del río Chubut, en la antesala de una elección legislativa que dejó bien posicionado al gobierno de Mauricio Macri.

En una entrevista con La Capital, el sociólogo porteño pone la lupa sobre el papel de los medios y de los organismos de derechos humanos, además del rol del gobierno y de la Justicia.

—¿Cómo nació la idea de hacer el libro?

—Vine estudiando el caso desde el principio. Estuve haciendo entrevistas con funcionarios, gente de los organismos de derechos humanos, de la Justicia. La idea surgió incluso antes de que apareciera el cuerpo de Maldonado, sobre todo centrado en el papel de los organismos de DDHH y su confrontación con el gobierno. Durante todo el 2017 hubo una escalada, imaginaron una escena que al final no se dio, que es que el gobierno estaba radicalizando su rol represivo y que la confrontación en la calle iba a mostrar su verdadero rostro.

—¿Que desnudó el caso? ¿Es un ejemplo típico de lo que ahora llaman la posverdad?

—Ahí hay un componente que es propio de la cultura argentina. Como dice bien Martín Caparrós, los discursos son más importante que los hechos. En el caso de Página/12, que fue el actor más protagónico del caso Maldonado, hizo un acting de todo esto. Puso en escena todos los recursos del periodismo militante, manipuló los hechos desde el principio. Yo tomo como inicial la nota de Horacio Verbitsky del 7 de marzo de 2017, donde tituló "Macri tiene su primer desaparecido". A partir de ahí hubo una amalgama por el conflicto electoral en puerta y el juego de la posverdad. Para ellos el resto de los medios estaban escondiendo el carácter represivo de Macri. Eso creó un polo de espejos donde ellos realmente creían que el gobierno de Macri había hecho desaparecer al tipo y que el resto de los medios lo sabían y lo ocultaban.

—¿El gobierno no cometió torpezas? E incluso hubo contradicciones en los testimonios de los gendarmes...

— Sí, claro, y eso vino abonar que en este caso había gato encerrado. El gobierno cometió muchos errores. Por ejemplo, Patricia Bullrich le dijo a Marcos Peña: "Nos tenemos que encontrar ya", y el jefe de Gabinete le devolvió: "No, hablemos dentro de dos o tres días". Eso realmente fue así. Hay un montón de episodios de este tipo donde se demuestra que el gobierno no se daba cuenta de la gravedad del asunto.

—¿Les faltó sensibilidad para afrontar la situación o creyeron desde el minuto uno en la versión de Bullrich?

—Bullrich cometió muchos errores de comunicación, pero en su tarea es la que menos se equivocó. Ella inmediatamente mandó a investigar lo que había pasado, hizo varias rondas, a los gendarmes los apretaron en forma. Bullrich no se lo tomó a la liviana, al contrario. La actitud displicente de la Jefatura de Gabinete se puede tomar como imprevisión, pero los tipos nunca imaginaron que se armaba semejante tole tole. O no tenían información o no le prestaron una atención adecuada. No tenían un diagnóstico claro de la situación que enfrentaban, por eso hubo mucho contrapunto entre los ministerios de Justicia y de Seguridad.

—El cuerpo se encuentra cinco días antes de las elecciones y el resultado preliminar de la autopsia estuvo dos días antes. ¿Tuvo esto alguna incidencia en el resultado de los comicios?

—Diría que por lo menos no fue perjudicial para el oficialismo, por eso el gobierno hizo todo lo posible para que el cuerpo estuviera rápido en la morgue y que la autopsia se empezara lo antes posible. Y la querella todo lo contrario, querían que se postergara. Creo que el caso no tuvo gran impacto ni antes ni después. El saldo es negativo para los organismos de DDHH, pero tampoco es positivo para Macri, porque está toda esta cuestión de que el gobierno tendría que haber hecho las cosas mejor. Pero no me parece que haya movido votos; en todo caso evitó al gobierno un problema al final de la campaña.

—Sergio Maldonado y su abogada, Verónica Heredia, insisten con que el cuerpo fue plantado y que no se tiene que cambiar la carátula de desaparición forzada...

—Ahí hay varias cosas. La hipótesis más seria que ellos manejan es que hubo algún tipo de participación de gendarmes en provocar la muerte. No tienen datos para decir eso, pero es una hipótesis verosímil. Es legítimo que ellos quieran que se investiga la participación de Gendarmería en la muerte de Maldonado. Pero ya nadie habla de desaparición forzada, lo que están hablando es si hubo algún tipo de participación de gendarmes que llegaron cerca del río. Y eso está bien que se investigue. La idea del juez es agotar todas las hipótesis, por ese reconstruye el hecho, pide documentos similares al que tenía Maldonado para hacer pericias en el agua. El juez quiere cerrar todas las puertas para que no haya ningún tipo de discusión pendiente.

—A dos semanas de la aparición del cadáver de Maldonado hubo otra muerte, la de Rafael Nahuel en Villa Mascardi, que murió por un disparo de la Prefectura. ¿Por qué no hubo manifestaciones similares?

—Hay varios motivos. Ya no estaba el impulso del contexto electoral. El gobierno ganó y la oposición estaba pinchada. Otro punto es el desprestigio de los organismos de derechos humanos, de los grupos mapuches. Y por otro lado, el peor motivo de todos: Nahuel era un tipo pobre, mapuche en serio. No era un militante sonriente de clase media que se parecía al Che Guevara. Este es un país que se sensibiliza con cierta gente y con otras no. Es una vergüenza , pero es así.

—¿Cree que el caso Maldonado profundizó el desprestigio de los organismos de DDHH?

—Me parece que sí. Hay un camino muy largo para remontar por esta gente. Para empezar, han perdido mucho apoyo en el frente internacional. El Cels, por ejemplo, está en aprietos.

—¿Por qué?

—Porque perdió parte de sus financiadores, entre otros, la Fundación Ford, que le sacó la guita. Se ha ido gente de la asamblea de socios. Perdieron credibilidad en la Cidh y también en la ONU. El Cels va a tener que hacer algún tipo de revisión en este caso. Uno podría interpretar que el paso al costado de Verbitsky de la escena pública podría tener que ver con esto. Yo no lo sé. Han quedado muy golpeados y es lógico. Abusaron de una situación al extremo.

—¿Qué es lo que deja en claro este caso?

—Que a buena parte de la sociedad los hechos siguen sin importarle demasiado. El caso Maldonado generó gran interés mientras hubo misterio y espacio para que todos los discursos inventaran sus propias hipótesis. Cuando eso se desactivó porque el juez hizo su trabajo y mostró los hechos, en vez de haber un debate más serio, se desinfló el interés. Ahí validás lo que dice Caparrós: a la gente le importan los discursos y se entretiene con el misterio. Y los hechos, el respeto del derecho ajeno, que el sistema institucional funcione, no es lo que nos interesa, por más que nos llenemos la boca hablando de eso.

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