Política

“El triunfo de Macri es producto del cansancio con el kirchnerismo”

Carlos Fara, reconocido sociólogo y consultor nacional sostiene que la victoria de Cambiemos refuerza la idea de un cambio de paradigma. Asegura que Cristina le sigue hablando a su núcleo más duro.

Viernes 27 de Noviembre de 2015

Carlos Fara, uno de los más prestigiosos consultores políticos nacionales, no duda en trazar explicaciones sobre las razones de los resultados del 22 de noviembre: “El triunfo de Cambiemos es producto de un cansancio cultural con el kirchnerismo en lo filosófico, lo estético y lo práctico. Al final, más allá de los miedos naturales a un ajuste o a la pérdida de ciertos beneficios, los aspectos centrales de la política económica también quedaron cuestionados”.

En una entrevista con La Capital, el titular de Fara & Asociados, desmenuza lo que sucedió en el ballottage, evalúa la composición del gabinete y lo que le espera a Macri, además de poner bajo la lupa la situación en la que quedó el peronismo.

—¿Cuáles son las claves que explican el triunfo de Macri?

—La mayoría de la sociedad demandaba más cambio que continuidad, aunque en los meses previos a las Paso osciló. Pero no era cualquier cambio, sino un cambio moderado. Dicho cambio implicaba proponerle a los votantes una etapa poskirchnerista, no anti-kirchnerista. En ese marco, privilegió al opositor que pensó que tenía más madurez política para canalizar esa expresión. Macri tuvo una gestión bien valorada y que supo vender a nivel nacional. Era el candidato opositor “no peronista”, lo cual le daba un plus sobre Massa. Tuvo la campaña más profesional y disciplinada. Uno de sus principales aciertos fue comenzar a correrse hacia el cambio moderado un año antes de los comicios, y haber tomado varias decisiones políticas de riesgo (alianza con los radicales, no hacer primaria con Massa, apoyar a Rodríguez Larreta, hacer una fórmula presidencial con PRO puro), que todas ellas salieron bien.

—¿Es un triunfo opositor pero, además, un fin de época?

—Hay varios factores que hacen pensar en la posibilidad de un cambio de paradigma. Es la primera vez desde el 83 que llega alguien que no tuvo a la política como su vocación original, es empresario, no pertenece a la clase media, encabeza una fuerza que es absolutamente nueva y que no deriva de la confluencia de dirigentes de los dos grandes partidos históricos. Además, no es abogado, no tuvo ninguna vinculación política con los 70. Fue la primera vez que tuvimos ballottage, y que todo el proceso fue atípico, a veces dando la impresión que se imponía la continuidad. Y además apareció un actor (Massa) que se convirtió en el tercero con más porcentaje de votos desde el retorno a la democracia. Con toda esa combinación puede ameritar hablar de un fin de época, más allá de que el kirchnerismo puede seguir siendo una corriente significativa.

—¿El gabinete que nombró Macri qué señales políticas está mostrando?

—En primer término, que prefiere un equipo de conocidos para él y entre sí, ya que de alguna manera es la prolongación del gabinete de la Caba: Peña, Bullrich, Stanley, Cabrera, Frigerio, Torello, etc. Ese equipo, además de políticamente, seguro le responde gerencialmente, cuestión en la que Macri pone especial énfasis. Le da al radicalismo 3 ministerios, lo cual muestra cierta proporción con el resultado de la primaria de Cambiemos. No es el gabinete de la unidad nacional, es uno del PRO con todo lo beneficioso en términos de homogeneidad, y limitativo en términos de expresar al heterogéneo 51%. Pero sin resultados concretos no hay futuro.

—¿El triunfo de Cambiemos es más un voto de hartazgo contra el kirchnerismo que contra su política económica?

—El tema es que en los últimos 4 años se rompió la adhesión simbólica de la mayoría social al modelo económico, sumado a que las cosas no funcionaron: alta inflación, el cepo, economía que no crece, traba a las importaciones. Hubo un vuelco hacia 2012 en donde se empezó a ser reticente frente al exceso de Estado (carga impositiva, regulaciones), y muchos comenzaron a pedir un punto de equilibrio, recuperando la cultura del trabajo y del esfuerzo. El kirchnerismo planteó una sociedad de derechos, y la mayoría creyó que era hora de equilibrarlo con las obligaciones. El triunfo de Cambiemos es producto de un cansancio cultural con el kirchnerismo en lo filosófico, lo estético y lo práctico. Los aspectos centrales de la política económica también quedaron cuestionados.

—¿Cómo explica la actitud de Cristina de no permitirse ni una foto con el presidente electo?

—Con esa actitud le sigue hablando a su electorado más duro. Derrotado el proyecto en las urnas, no se puede permitir arriar sus banderas simbólicas.

—¿El kirchnerismo es una etapa que se va para no volver, como fue el menemismo?

—Sería cauteloso con este punto. En primer lugar, la presidenta se va con un nivel de aprobación mucho mayor al de Menem, lo cual muestra que deja una huella mucho más profunda en la sociedad. En segundo lugar, el kirchnerismo llegó a la final peleando palmo a palmo, obligando a un ballottage, lo cual refuerza el primer factor. En tercer término, la mayoría en el 99 pensaba que Menem era el causante de todos los males; eso no ocurre ahora. En cuarto lugar, dependerá de cómo le vaya a Macri, porque si le va mal habrá un liderazgo que podría juntar el 35% de los votos sin mucho esfuerzo, y frente a una fragmentación del resto del espectro, volver a ser la primera minoría. Si a Macri le va bien se irá diluyendo como todo, pero todavía tiene una oportunidad de volver.

—¿Qué va a pasar con el PJ?

—Por empezar, el PJ y el peronismo son dos cosas distintas. Al PJ le va a costar mucho recomponerse, y si a Macri le va bien quizá deba prepararse para 8 años en la oposición, cosa que nunca sucedió. El primer obstáculo para reordenarse es que el kirchnerismo va a seguir teniendo un ascendente importante de la mano de Cristina. El segundo problema es que no solo perdieron la Presidencia, sino también la provincia de Buenos Aires, con la merma de recursos que eso significa para hacer política. Luego, ¿cuál es el modo de construir que debe primar? Con mucha menos militancia espontánea, sin el Estado y con el sindicalismo más fragmentado de la historia, todo se va a complicar. A esto se le deben sumar  dos cuestiones más estructurales: el triunfo de Macri —e incluso la presencia de Scioli— hablan de un triunfo de lo virtual y mediático en detrimento de lo territorial (y el PJ siempre se jactó de esto último), y el Estado nacional concentra más del 70% de los recursos fiscales del país.

—¿Habrá menos desafíos urgentes?

—Esto obligará a los gobernadores a ejercer una oposición más prudente, sobre todo por sus dificultades económicas. Así, se hará mucho más difícil que surja un caudillo de La Rioja o Santa Cruz que desafíe al poder central. Con todo este cóctel, la mirada se orientará hacia los liderazgos renovadores, como Urtubey. Pero habrá un debate muy largo, que recién empezará a tomar forma luego de que se posean los resultados electorales de la elección legislativa de 2017, para ver quién sigue controlando su territorio y habrá evitado que lo penetre la ola amarilla.

—¿Es viable esperar una reconfiguración del peronismo con Massa, Urtubey y otros sectores?

—Es posible. Sin embargo, el predominio del PRO dentro de Cambiemos dice que la sociedad pareciera privilegiar a lo nuevo sobre lo tradicional. Del mismo modo, Massa y Urtubey pudiesen confluir, pero luego de recorrer caminos distintos. El debate interno en el PJ es algo a lo que seguramente Massa no querrá prestarse, concentrándose en que el Frente Renovador sea la cabeza de una coalición opositora, a la que en algún momento se podrá sumar el PJ. Más allá de eso, el peronismo ya no será tal cual lo conocimos en los últimos 30 años.

—¿Qué futuro político le espera a Scioli?

—Complicado. Si Scioli quiere tener futuro debería comenzar por aprender cómo se lidera un espacio político, cosa que él nunca hizo, porque no le interesó. Y llegó a la final luego de 17 años de navegar aguas ajenas: Menem, Duhalde, Kirchner. Perder la presidencia no es halagüeño, pero ni siquiera haber generado las condiciones de gestión para que le siga uno de su propia fuerza es mucho peor. De modo que no sería muy optimista en primera instancia. Mucho menos si trasciende que el podría ser un brazo de Cristina en el PJ bonaerense.

—¿Qué debería hacer el progresismo, por caso el socialismo santafesino, tras esta ola que parece ir hacia otro lado?

—Por empezar, debería dejar de lado los prejuicios ideológicos, porque el domingo no triunfó “la derecha”, sino una coalición social mucho más compleja, cansada de la inseguridad, la inflación, la soberbia, la falta de empleos dignos, etc. Esa agenda es temática y exige respuestas adecuadas, no es ideológica. Luego, la mayoría de los santafesinos sintió que el gobierno de CFK castigó a la provincia por ser de otra fuerza política. De modo que lo más sensato sería despejar diferencias y sumarse a una sana convivencia con el nuevo gobierno nacional, ayudando a la gobernabilidad. Cualquier actitud sectaria podría hacer pensar que cuando que Santa Fe tiene una oportunidad de recuperarse, el gobierno provincial la desecha.

 

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