Jueves 23 de Mayo de 2019

La política argentina tomó una velocidad impensada para esta fecha del calendario. La foto nueva de hoy puede quedar sepia mañana. Una noticia de alto impacto puede pasar de una primera plana a un simple epígrafe en cuestión de horas. Una novedad tapa a la otra, y todo transcurre en un suelo arenoso, resbaladizo, en un territorio de sospechas e intrigas permanentes.

Todo se aceleró con la decisión de Cristina Kirchner de ir como candidata a vicepresidenta, postulando en la punta de la boleta a Alberto Fernández. Una jugada que descolocó a todos, sobre todo porque la ex presidenta, hasta el sábado pasado, siempre esperó hasta el límite del cierre de lista para mostrar las cartas.

Al exhibir el juego un mes antes, obligó al resto a apurar los pasos para las Paso. La jugada (a tres o cuatro bandas, según quién la interprete) impactó de lleno en el llamado "peronismo racional", le subió las acciones a Sergio Massa (hasta hace una semana, un satélite más dentro de la constelación de Alternativa Federal) y forzó a Roberto Lavagna a blanquear su candidatura presidencial, solo en acuerdo con el socialismo de Lifschitz y el GEN de Stolbizer.

La foto de ayer, y que no fue, debería haber mostrado a los "cuatro federales" (Massa, Schiaretti, Urtubey y Pichetto) junto a Lavagna en una señal de avance para un acuerdo electoral y programático. Pero la foto que subsistió fue otra, sacada el día anterior: la del gobernador de Córdoba repartiendo abrazos y besos con el presidente Mauricio Macri.

Ese gesto de "republicanismo" (un opositor en buena sintonía con el máximo representante del oficialismo) no es vista, en este tiempo de velocidad electoral, como una foto neutra. Y más aún en el resto de los integrantes de la mesa de Alternativa Federal, donde hay más sospechas que intenciones de votos.

La sospecha que recae sobre Schiaretti (¿dinamitó ayer el cordobés la posibilidad de atraer a Lavagna?) de cierta funcionalidad con el gobierno, también es trasladable a Massa, quien a partir del video de Cristina adquirió centralidad política. Sospechan, en esa mesa, que el líder del Frente Renovador ya tiene un preacuerdo con Alberto Fernández y que sobreactúa su resistencia al kirchnerismo.

Esta atomización opositora debería hacer sonreír al gobierno, pero también dentro de Cambiemos se tensan las relaciones entre los socios. La UCR aprieta con críticas y se sube el precio para negociar, antes y después, de la convención del lunes.

Esta labilidad es un síntoma de la crisis, ya no solo económica, sino de la representación partidaria.

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