Política

"El proyecto K logró gobernabilidad contra las corporaciones"

El ensayista asegura que esta era una tarea pendiente que se justifica en que el proceso iniciado por Néstor Kirchner y continuado por Cristina Fernández "es un fenómeno de una gran envergadura histórica y política", al tiempo que " evidentemente es un proceso que ha tocado alguna sensibilidad profunda de la Argentina".

Domingo 16 de Diciembre de 2012

Juan José Giani presentó recientemente un nuevo ensayo, "Filosofías del Kirchnerismo" (Editorial Paso de los Libres, 2012), donde encara la inédita y apasionante aventura intelectual de analizar al movimiento nacido en mayo del 2003 a la luz de la filosofía.

El ensayista asegura que esta era una tarea pendiente que se justifica en que el proceso iniciado por Néstor Kirchner y continuado por Cristina Fernández "es un fenómeno de una gran envergadura histórica y política", al tiempo que " evidentemente es un proceso que ha tocado alguna sensibilidad profunda de la Argentina".

Tras presentar su libro en la Sede de Gobierno de la UNR, acompañado por la diputada nacional Adriana Puiggrós (FpV), el periodista Leo Ricciardino y el filósofo Eduardo Rinesi, Giani aseguró a La Capital: "El proyecto K logró gobernabilidad enfrentando a las corporaciones". Para el ensayista rosarino, a partir del 2003, "el discurso posibilista y claudicante ha perdido en la Argentina una gran batalla".

—¿Por qué un abordaje al kirchnerismo desde la filosofía?

—Creo que el kirchnerismo es un fenómeno de una gran envergadura histórica y política. Evidentemente es un proceso que ha tocado alguna sensibilidad profunda de la Argentina. Es una gestión que ha mantenido una hegemonía cultural importante. Además, ha despertado las más grandes pasiones y controversias, como la política argentina no recuerda tal vez desde la época del primer peronismo. Evidente hay algo que remite a una verdad profunda de nuestra historia. La filosofía trata esos temas. Yo la pienso no como una actividad encapsulada en la vida académica o un discurso restringido a la comunidad científica, sino como una praxis destinada a entender la singularidad histórica de las naciones. Creo que había que ligar a la filosofía, como una disciplina que de alguna manera intenta trabajar sobre ciertas zonas enigmáticas de la sociedad, con aquello que aparece en un principio opaco, raro, anómalo, como de hecho ocurrió con el kirchnerismo. Entonces, tanto por la envergadura histórica como por cierta dificultad para entender su singularidad, creo que la filosofía tenía una tarea que cumplir. Planteo que el kirchnerismo es tanto un síntoma, algo que se entiende al calor de un linaje intelectual y político, por sus referencias al pasado, como también una singularidad. Le incorpora a ese linaje histórico algo singular e irrepetible.

—¿Qué tradición filosófica recoge el proyecto nacido el 2003?

—Creo que hay una suma de tradiciones. El kirchnerismo remite a una matriz fundamental, a una centralidad que es la del peronismo. Este siempre le dio mucha importancia a la filosofía. Para Juan Perón era algo trascendente. Recordemos el Congreso de Filosofía de 1949 en Mendoza, inaugurado por él mismo. Allí presenta un libro (La Comunidad Organizada), que es un poco la matriz de su doctrina. Hay una marca que el kirchnerismo retoma selectivamente, tomando lo mejor del peronismo. Eso se ve claramente en la tradición latinoamericanista, donde Perón había sido el impulsor del eje ABC (Argentina, Brasil y Chile), ciertamente un proto-Mercosur. La idea del Estado como el elemento organizador de la vida social, interviniendo en la vida económica. Todos estos elementos se corresponden con la tradición nacional y popular que el kirchnerismo recupera (síntoma). Y también agrega otras cosas novedosas (singularidad): por ejemplo, un componente en la tradición liberal, como el juzgamiento de los crímenes de la dictadura procesista. Los derechos humanos básicos conculcados, que había que restaurar y exigían una reparación por parte de la Justicia.

—El kirchnerismo ha incorporado también la tradición jacobina-popular de Montoneros...

—Por supuesto. Hay componentes que tienen que ver con la tradición del peronismo clásico. Hay también una veta liberal, ya que este gobierno (contra lo que dice la oposición) ha sido absolutamente respetuoso de las libertades individuales: no reprimió ninguna tipo de protesta social y aprobó la despenalización del delito de calumnias e injurias, a la vez que impulsa una reforma del Codigo Civil y Comercial. Y efectivamente, hay una tradición jacobina-popular, a través claramente de la incorporación del «setentismo», una identificación generacional para Néstor y Cristina. Hay una recuperación selectiva, como lo es la reivindicación del gobierno de Héctor Cámpora. Esto se imbrica con el tema derechos humanos, porque se busca una reparación histórica y universal fundada en el fin de la impunidad y el castigo a los crímenes aberrantes de la dictadura, pero considerando también la recuperación del origen de esa lucha que llevó al genocidio. También veo una veta alfonsinista, en el sentido de privilegiar a la política como control de las corporaciones, que es una idea extraña al peronismo original. Perón nunca hubiera planteado políticas contra las corporaciones, por la propia conformación del movimiento en los '40. Perón era un antiliberal y construye su pensamiento en un contexto de antiliberalismo generalizado, con la izquierda a nivel mundial totalmente encuadrada en esta línea confrontativa con la burguesía. El kirchnerismo es «esponjoso» respecto de un conjunto de linajes de gran complejidad.

—¿Cómo se expresan las dicotomías «unitarios-federales», «civilización-barbarie», «Echeverría-Alberdi vs. Sarmiento-Mitre»?

—De muchas maneras. En el libro, en el artículo "Las dos Argentinas", trabajo ese tema. Hoy estamos viviendo el escenario del 2007: una Argentina fracturada social y geográficamente. Un gobierno con fuerte apoyatura entre los jóvenes y las clases populares, con una fuerte resistencia de los sectores medios altos en los grandes centros urbanos y en individuos de mayor edad. Estamos hablando de un tema que lo planteó Esteban Echeverría en "El Matadero". Es el primer texto donde aparecen las dos Argentinas, y el autor lo plantea con angustia...

—Apelando a una estructura agónica...

—Sí. Y se dice que hay que «hacer algo». Entonces, propone un dogma, el "Dogma Socialista", para «ordenar el caos». Ese eje fundante sigue estando.

—Luego lo desarrolla Domingo F. Sarmiento en el "Facundo"...

—Así es. Y también Arturo Jauretche en "El medio pelo en la sociedad argentina". La cuestión es: a esto que sigue siendo un gran dilema en la Argentina hay que darle una solución. Planteo en el libro que esa situación le da cierta insustentabilidad política al proceso histórico. Y digo que allí están el modelo del 2007, en el que Cristina gana la elección pero pierde en todas las grandes ciudades del país, frente al del 2011, donde no ocurre eso y la presidenta logra conquistar una mayoría social mucho más transversal. Evidentemente hay en el gobierno una prioridad social con los que menos tienen. Pero no se debe abandonar el intento de construir siempre mayorías sociales más amplias.

—En el marco de la puja mediática, los sectores opositores de centroderecha están intentando deslegitimar uno de los núcleos duros del kirchnerismo: la democratización del Poder Judicial...

—Una de las banderas centrales de la oposición es la calidad institucional, donde el kirchnerismo produjo grandes avances, en el caso de la Corte y del Consejo de la Magistratura. Hay un discurso hipócrita de la oposición, criticando al gobierno por sus méritos. Pero también falta una reforma más amplia en la Justicia.

—¿Como analiza la «transversalidad»?

—Si bien el proyecto de la «transversalidad» naufragó en términos de su traslación al sistema político, como identidad social e ideológica el kirchnerismo es una «construcción transversal». Existe como centralidad una recuperación de cierto peronismo, pero aparecen también temas, figuras y sectores ajenos a esa tradición, como el caso del marxismo.

— Esto se plasma como epifenómeno en Carta Abierta...

—Exactamente. El kirchnerismo ha dejado improntas que son elecciones para el futuro de la política. Ha logrado gobernabilidad enfrentando a las corporaciones. El discurso posibilista y claudicante ha perdido en la República Argentina una gran batalla.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS