Domingo 27 de Junio de 2021
Del “vamos a volver”, que nació de abajo hacia arriba en las plazas y parques durante los tiempos de macrismo en la Casa Rosada, al “volver a ser felices” que plantó Cristina Kirchner en La Plata, hace dos semanas, el Frente de Todos (FdT) convoca otra vez a sus votantes a que ejerzan el derecho a vivir lo que ya conocieron, o le contaron anteriores generaciones: el programa político y económico del peronismo. Sin embargo, con un contexto inédito, nadie está seguro en el oficialismo si la oleada de vacunación —que se descarta llegará a todos antes de septiembre y noviembre— será suficiente para convertirla en voto-vacuna. “Sin la vacuna no se puede, con la vacuna sola no alcanza”, es parte de la retórica que circula, con obvia referencia a la escena de 2019, sustituyendo la palabra “vacuna” por “Cristina”.
Por lo demás, el presidente puso en solemne escena en un tributo a los más de 90 mil argentinos muertos por la pandemia. E involucró a los gobernadores: los muertos también son de los jefes provinciales, al cabo el sistema de salud que firmó esas decenas de miles de certificados de defunción depende (en amplísima proporción) de los gobernadores.
La oposición, ya lo viene avisando, trajinará electoralmente la pretensión de que “los muertos son de Alberto Fernández y que muchos se podrían haber evitado”. Con rapidez, en este caso, la Casa Rosada se adelantó a esa narrativa y, de paso, instaló la idea que las muertes “ya ocurrieron” y que, en todo caso, seguirán sucediendo por la pandemia porque son parte de una curva declinante por las vacunas.
El gobierno por ahora respira y se ilusiona, aunque esto es “semana a semana”, como le gusta definir ante La Capital a un cuadro político emergente del FdT. Fernández consiguió posponer y reducir un vencimiento con el Club de París, recuperar una modesta expectativa de reducción inflacionaria (3,3 por ciento en mayo, contra el asfixiante 4,1 de abril, desarmar en parte un conflicto político con la restricción a las exportaciones de carnes, a la vez que sostiene un crecimiento industrial robusto de más del 5% (contra igual periodo de 2019), mientras los expertos de Banco Mundial (BM) hablan de un crecimiento del PBI para 2021 del 6,4%, casi un punto por encima del presupuesto.
Guzmán
Aunque tal vez lo más rutilante que consiguió el gobierno en los últimos días fue “acomodar” al ministro de Economía, que luego de transitar largos meses de discurso fiscalista tomó impulso y se peronizó. “Los salarios deben ganarle, significativamente, a los precios en 2021”, abundó Martín Guzmán. Con todo, este “nuevo” Guzmán aparece luego de que la vicepresidenta instalara desde un lugar inesperado —la paritaria alcanzada por los empleados del Congreso, cercana al 46%, en cuatro tramos— cuál es el nuevo umbral por donde van a transitar los acuerdos salariales durante el próximo trimestre en la Argentina.
La pretensión presupuestaria de una inflación del 29 por ciento para todo 2021 se ha esfumado como un sueño que no fue. Y si no se actualizaba con rapidez y contundencia el nuevo escenario paritario, el FdT no tenía ni cómo empezar un debate electoral, más allá de la imprescindible vacuna. Sobre todo, luego de un primer trimestre, siempre según el Indec, donde la inflación alcanzó los 13 puntos, y los salarios aumentaron 13,1, sólo una décima por encima. De esa décima, irrelevante, surge la expresión “significativo” de Guzmán, sin esa concreción en los bolsillos de los asalariados formales, las chances electorales del FdT ingresarían en zona de zozobra. Como tantas veces en la coalición gobernante, Cristina ve y actúa antes, con mayor certeza que otros funcionarios.
La elección de septiembre y noviembre se juega en el plano simbólico, quién gana, qué frente político saca más votos. Sin embargo, para salir bien parado en el Congreso, en especial en la Cámara baja, el frente opositor Juntos por el Cambio (JxC) necesita hacer más goles que el oficialismo: pone en juego 60 bancas, sobre 115. El peronismo arriesga 51, sobre un total de 119. Son números que expresan un momento del calendario relativamente cercano, 2017, aunque se trate de un tiempo político casi de la prehistoria nacional. Pasaron muchas cosas en la Argentina, y en el mundo, desde octubre de 2017 a hoy.
Para sostener idéntica proporcionalidad en Diputados, como en la actualidad, el frente opositor necesitaría imponerse claramente en el porcentaje global nacional, lo que implica en la práctica ganarle al peronismo, incluso, la provincia de Buenos Aires. En contrario, el FdT con un triunfo global leve —y más aún si fuera amplio como 2019, 48,1 a 40,2 por ciento— se acercaría a constituir un nuevo escenario político, el de quórum propio en Diputados. El puñado de voluntades que necesita hoy el FdT para avanzar ciertas leyes por ahora bloqueadas por la oposición, se cuentan con los dedos de una mano.
En el Senado, que como cada dos años renueva un tercio de su formación (24 miembros), no se juega un partido con final incierto. La probabilidad de que el resultado electoral altere el juego de quórum, mayorías y minorías, tiende a cero.
Aunque desde ya, no será de significado político inocuo, por caso, si Santa Fe y Córdoba —que renuevan sus tres senadores— se vuelven a pintar de amarillo como en 2019, o si el FdT puede ilusionarse con ganar y colocar a dos de las tres bancas en juego.
En la intimidad, Alberto reconoce que le preocupa el tema electoral en las dos provincias grandes del interior. En Córdoba, donde la ola amarilla seguiría fuerte en niveles del 50 por ciento de aceptación, sueña con un acercamiento y hasta listas compartidas con Juan Schiaretti. Santa Fe, el otro problema electoral del FdT, aseguran, las candidaturas nacionales quedarían resueltas sobre el 8 de julio. La fecha de cierre provincial, anticipada respecto del 24 de julio, el nacional. “La negociación de las candidaturas es integral”, abundaron en el PJ de Santa Fe.
La otra vereda
En tanto, las disputas e incertidumbres por nombres y precandidaturas en JxC continuaron. Sin embargo, es muy visible una ofensiva de sectores económicos y mediáticos en el sentido de tratar de doblegar personalismos que no encuentran por ahora sosiego. El propio Mauricio Macri se expuso pidiendo, con voluntarismo, que todos bajen sus aspiraciones. La sustitución de un liderazgo político por otro requiere de algo que orden y voluntad.
A la vista del relativo éxito oficialista, JxC abandona progresivamente su estrategia anti vacunas y, al sentirse inhibido de impulsar debates económicos, se vuelca abiertamente al corrosivo discurso de “democracia o autocracia”, “democracia o Venezuela”, según sea quien gane la elección.
Macri tuvo dificultades para sostener ese boceto discursivo electoral, incluso en los canales de televisión amigables. ¿Tomará JxC el camino de campaña de la evocación a una rémora fantasmal de un comunismo inexistente o de presuntos fraudes electorales que la Argentina erradicó hace muchas décadas, en el siglo pasado?