Lunes 13 de Marzo de 2023
El peronismo cristinista dio un paso más en la búsqueda por instalar a la vicepresidenta en el vértice superior del sistema de toma de decisiones del frente gobernante para el proceso electoral que se viene. Desde hoy, serán 14 semanas decisivas hasta junio, cuando se resuelva finalmente la propuesta electoral del frente nacional, popular, democrático, con el PJ en su centro de gravedad, aunque no necesariamente conservando el nombre que lo llevó al triunfo en 2019, y a la derrota en 2021: Frente de Todos.
Entre muchas definiciones que Axel Kicillof y Máximo Kirchner dejaron flotando en una nochecita infernal de calor en Avellaneda, el último sábado, a propósito del encuentro plenario “Luche y Vuelve, Cristina 2023” – evocando los 50 años del triunfo de la fórmula Cámpora - Solano Lima del peronismo el 11 de marzo de 1973, no pasó por alto un emplazamiento a la marca “FdT” de parte de Máximo Kirchner: “Nos debemos un debate sobre qué compromisos pudimos cumplir y cuáles tenemos pendientes”. Es el punto de partida que diferencia al kirchnerismo del presidente Alberto Fernández, subido a la defensa de su gestión y sosteniendo, aunque de manera ambigua, una posible trayectoria reeleccionista. En caso de concretarse – que Alberto sostenga su candidatura hacia fines de junio-, las posibilidades de disolución del Frente de Todos crecen, y serían concretas.
El kirchnerismo cree que ir a una experiencia de elecciones Paso contra el propio presidente, sería un error político; no porque un candidato K pueda perder una interna con Alberto, sino porque un “albertismo” derrotado en agosto, no tendría nada que aportarle a la fórmula kirchnerismo en octubre. Más bien todo lo contrario.
“Necesitamos como fuerza política representar los intereses de las grandes mayorías populares ‘re-pre-sen-tar´”, subrayó Máximo Kirchner dividiendo en sílabas esa palabra clave que abre la ilusión electoral de cualquier fuerza política con vocación de poder.
La divisoria de aguas principal al interior del FdT se concretó a fines de 2021 y se expresó en la renuncia a la jefatura del bloque en Diputados del hijo de Cristina, en oportunidad del acuerdo con el FMI, tras la deuda explosiva contraída por el gobierno de Mauricio Macri, en 2018. Sin embargo, la “fractura” política no tuvo expresión formal por “arriba” de la alianza gobernante: los bloques en el Congreso se mantuvieron unidos, y los elencos gobernantes permanecieron mixtos, y cumpliendo funciones.
Pero la “fractura” política del frente gobernante sí se produjo “por abajo”: cuatro millones de argentinos que votaron Fernández – Fernández en 2019, no fueron a votar (o, minoritariamente, votaron otras opciones políticas) en 2021. Siempre según la interpretación política del kirchnerismo, el acuerdo con el FMI es el núcleo venenoso que está desbaratando la posibilidad mejorar de un modo rotundo y visible durante este año la participación de la base de la pirámide social (votantes del FdT) en una distribución más equitativa de los ingresos.
Por eso, las palabras clave de Máximo en Avellaneda: “Si nuestro frente político hubiera tenido mayor decisión, mayor coraje, la renegociación con el FMI se hubiera dado de otro modo”. Y completó, “el FMI aprieta, la Argentina cede, y terminamos cediendo por baratijas”.
También Máximo clasificó que el FMI promueve siempre tres flexibilizaciones, “la laboral, impositiva y de las normas ambientales para poder dañar y acumular grandes ganancias a costa de nuestro territorio”.
Al cabo, Cristina Kirchner el viernes en Viedma, Río Negro, y su hijo, el día posterior en la provincia de Buenos Aires, fueron al mismo punto del problema de fondo y por ahora sin solución que visualizan en la economía argentina; un deficiente acuerdo con el FMI, que redunda en un problema político y electoral. Cristina lo dijo el viernes; “se van a tener que revisar las condiciones en las cuales se firmó el acuerdo con el FMI”
Si bien el plenario tuvo su eje político en denunciar la proscripción judicial a Cristina Kirchner, que la inhabita para presentarse como candidata, el empeño principal de Máximo Kirchner, orador de fondo en Avellaneda, luego de un también intenso discurso del gobernador de la provincia de Buenos Aires Axel Kicillof, apuntó a fundar los ejes políticos del renovado frente que se pretende poner a rodar a partir de junio.
Ese nuevo frente, redefinido en 2023, pretende el kirchnerismo, cuestiona el acuerdo con el FMI, la distribución del ingreso actual (aun en el marco del crecimiento económico), y la poca garra y decisión – del presidente- para disputarle el poder al poder concentrado económico, mediático y judicial. En ese imaginario K, todos tienen su lugar, aunque Alberto Fernández no pasaría de actor de reparto.