Política

"El gobierno de Macri sufre una crisis signada por el desconcierto"

Eduardo Fidanza es licenciado en Sociología en la Universidad de Buenos Aires. Se ha especializado en consultoría política y análisis de opinión pública. Director y socio de Poliarquía Consultores.

Domingo 17 de Junio de 2018

Eduardo Fidanza es uno de los analistas de la realidad más reclamado por quienes se toman tiempo para auscultar qué pasa en el país, más allá de la coyuntura del día a día o para interpretar ese día a día. "El gobierno sufre una crisis signada por el desconcierto", sostiene, de entrada. Y agrega: "Tengo la impresión de que el programa del PRO, que es el socio fuerte de la coalición Cambiemos, estaba pensado para una sociedad con menores niveles de conflictividad, que podía transitar una transformación pausada, según el método del gradualismo".

En una entrevista a fondo con La Capital, Fidanza, uno de los responsables de la consultora Poliarquía, afirma que "con la crisis de las últimas semanas, Macri tuvo una experiencia amarga: perder el control y la iniciativa".

—¿Cómo se explican tantos problemas con la economía?

— Tal vez influyó en esa visión la experiencia de gobernar la ciudad de Buenos Aires, cuyos indicadores sociales y económicos son más altos que el promedio del país. Con la crisis de las últimas semanas, Macri tuvo una experiencia amarga: perder el control y la iniciativa, quedando atrapado entre la sociedad y el mercado, en medio de un conflicto de consecuencias imprevisibles. En ese contexto, sus propuestas benevolentes de luchar contra las mafias, alcanzar el consenso y la pobreza cero, chocaron con realidades muy duras: la falta de financiamiento legítimo, la lucha de intereses entre sectores, el egoísmo de los capitales especulativos, la confluencia táctica del peronismo, al que creyó, tal vez ingenuamente, definitivamente quebrado por Cristina Kirchner. Ante esta crisis de confianza en la fuerza propia, el cambio de nombres es un recurso disponible hasta tranquilizar la plaza financiera y recibir el primer tramo de la ayuda del FMI.

—La sociedad parece haber perdido la expectativa que tenía sobre la marcha del país. ¿Es ese el peor dato para el oficialismo?

—Es un dato preocupante porque la clave del apoyo popular recibido por Macri, consistió en una conducta innovadora de una fracción importante de la sociedad: cancelar la satisfacción material inmediata, postergándola al plazo de un año. Así, los sondeos mostraron que el soporte de Cambiemos se basaba en reconocer las dificultades actuales, pero confiar en que serían superadas en el futuro cercano. Desde el principio, las clases medias le hicieron el aguante a Macri, con ese supuesto. No querían volver atrás, al populismo de Cristina, y consideraban que el nuevo gobierno sabía cómo resolver los problemas pero necesitaba tiempo. Esta expectativa fue seriamente dañada por la corrida cambiaria, pero no desapareció completamente. Lo que pasa, según creo, es que para reforzarla se necesita algo más que el horizonte de recortar gastos que tanto parece cautivar al presidente. Si bien la sociedad puede bancar un tiempo, en la época del hedonismo no se ganan elecciones con la fórmula de Churchill: sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas.

—¿Cuáles son las oportunidades y cuáles las acechanzas que presenta el ajuste económico?

—El ajuste económico parte de un supuesto cierto: la Argentina no tiene fuentes consistentes de financiamiento para sustentar su nivel de gastos. O emite moneda o se endeuda. Eso es cierto, pero el error a mi juicio es enfatizar el exceso de gasto sin reparar en las fuentes genuinas que podrían sustentarlo. El problema, según creo, es hablar solo de recortes presupuestarios como si esa fuera la única solución, omitiendo cómo crecer. Muy pocos, empezando por el gobierno, hablan de las exportaciones, que es donde está la clave del crecimiento de los países. La Argentina ha tenido un pésimo desempeño en esta área crucial en lo que va del siglo. Creo que allí hay que poner los esfuerzos, apartándose de la clásica receta neoliberal, que empobrece a las sociedades que la aplican.

—Argentina va desde el derrumbe a la ilusión política desde casi siempre. ¿La sociedad está ahora en una nueva etapa de desencanto, esta vez con Macri?

—Hay síntomas de desencanto, pero creo que no están referidos solo a Macri. Frente a la crisis económica, la sociedad percibe que la responsabilidad va más allá del gobierno de turno. También hay rechazo a Cristina y la oposición no capitaliza lo que el oficialismo pierde. Ahora, la secuencia de ilusión y desencanto evoca algo más profundo: parece la conducta típica de un país que no resuelve sus problemas de fondo. Nuestra volatilidad emocional es un síntoma de lo que no podemos solucionar.

—¿Hay algún político opositor que, en medio de la crisis, esté entusiasmando a los argentinos? Parece haber insatisfacción con todos. ¿Y esa base social insatisfecha puede generar la aparición de un outsider?

—Como dije, nadie está capitalizando la insatisfacción con el gobierno. Según la experiencia comparada, la desilusión puede llevar a que la sociedad caiga en manos de un outsider, como sucedió en Estados Unidos con Trump, en Italia con la Liga, y en tantas otras experiencias del presente. La democracia liberal está atravesando un momento muy difícil porque las crisis económicas locales que genera la globalización erosionan su legitimidad.

—Qué curioso que hoy las imágenes negativas de Macri y Cristina se emparenten, cuando el gobierno impulsó "la grieta" a partir de la muy mala imagen de la ex presidenta.

—No sé si el gobierno fomentó la grieta, pero está claro que Cristina operó en el discurso oficial como la contracara de Macri. El problema es que el desencanto con la economía termina igualando las chances. Como decimos, cuando la sociedad empieza a sufrir privaciones no suele distinguir entre dirigentes.

—¿Cuántos puntos de aprobación perdió Macri desde el 22 de octubre de 2017?

—Aproximadamente 30, pero en el último mes hubo un pequeño rebote favorable.

—¿Está la sociedad argentina preparada para la "pechuguita con puré de calabaza" que blanqueó Melconian, y que parece ser la receta del FMI?

—No hay margen para salirse mucho del gradualismo sin arriesgar un conflicto social severo y liquidar las chances de reelección. Si el FMI, y los países occidentales que lo conforman, quieren ayudar a Macri no le pueden poner en las manos un bisturí para que opere sin anestesia. Creo que los ortodoxos se llevarán otra desilusión.

—Al fin, ¿lo único positivo para el gobierno es que ningún opositor capitaliza el descontento?

—Tal vez no sea solo eso. El desafío del gobierno es reinventarse. Conducir a la sociedad argentina con todas sus contradicciones. Creo que debe abandonar una sociología ingenua, basada en los focus groups, para ensayar un liderazgo realista y abarcador.

—¿Esa idea de que a Vidal no la rozaban los problemas se terminó?

—Vidal es un fenómeno muy interesante, pero está sufriendo la caída de imagen del gobierno. Los que especulan con que puede ser una alternativa a Macri se equivocan. Cuando los gobiernos pierden popularidad, quedan afectados todos. Ella, sin embargo, es joven y ejerce un liderazgo distinto al del presidente, con más proximidad y contenido social. Acaso no reemplace a Macri pero puede tener una larga carrera política por delante.

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